Coronavirus y sus agujeros negros

Cuando la verdad oficial está sobrada de razón y se fundamenta en una autoridad solvente y de prestigio se cierran los espacios a las especulaciones y las teorías conspiranoides. No es el caso

teoría de la conspiración y Covid
José Maluenda

Este es un rincón para desmenuzar fenómenos a partir de parámetros mensurables. Los números no son una verdad revelada, pero nos acercan más a ella que las palabras moldeadas por una retórica virtuosa. Cifras, por tanto, en la pandemia del coronavirus. ¿Qué sabemos de los titulares de las más de 21 millones de cuentas de teléfonos móviles y de las 840.000 líneas fijas que se dieron de baja en China? ¿Qué suerte han corrido? Pekín reconoce a día de hoy poco más de 4.600 fallecimientos por el Covid-19 tras admitir un 50% más en Wuhan de la noche a la mañana. En el gigante asiático con un potentísimo desarrollo de la digitalización, el día a día para un ciudadano medio sin el móvil es casi imposible. Se tramitan las pensiones y la seguridad social, se conectan las cuentas bancarias con la administración, se adquieren billetes de tren, se hacen compras, se genera el código de salud... No cuadra. Ni en España. Nada que ver una democracia con una tiranía experta en la desinformación. Pero es una evidencia que las estadísticas del Gobierno socialcomunista no concuerdan ni por lo más remoto con las cifras contabilizadas de mortalidad en nuestro país desde que estalló la pandemia. Lógico si la oficialidad solo computa el deceso testado. Pero, ¿y el resto? El Ejecutivo sostiene que los métodos de sumar los fallecidos por Covid-19 son los más exigentes de la Unión Europea, pero sin pruebas no existe verificación y sin esta demasiados nombres y apellidos engrosan un limbo lamentable. Sin autopsias y con incineraciones urgentes, la estadística es relativa . Ni los forenses, ni el registro civil ni las funerarias comparten el criterio gubernamental. Creen que al menos faltan 10.000 óbitos, que podrían ser más. Como esas 11.300 víctimas solo en las residencias de ancianos. Desde la Comunidad de Madrid se ha reconocido que nunca sabremos las cifras reales de la tragedia. Los tribunales quieren poner orden y han ordenado cuantificar las muertes sospechosas. Cuando la opacidad se extiende, la verdad se emborrona. Entonces se plantea que el origen del virus pueda ser un laboratorio chino, el arsenal norteamericano, el 5G o una naturaleza alienígena. ¿Ciencia ficción?