Cultura

Se buscan extras «orondos» y «bajos» para «Falstaff»

La Ópera de Hamburgo ha publicado un anuncio sobre el nuevo montaje de la ópera que exige estas características físicas a los participantes del casting, que se celebrará el 4 de diciembre

Desconocemos lo que pensaría Giuseppe Verdi, el padre de la criatura verdiana, inspirada, a su vez, en la obra shakesperiana, si pudiera leer el anuncio que ha publicado la Ópera de Hamburgo sobre el nuevo montaje de «Falstaff», que se estrenará en enero de 2020 y para la que se buscan extras «orondos y corpulentos» y de estatura «baja». Así de claro. El citado comunicado remite a una dirección de correo de todo aquel interesado en presentarse a tan peculiar casting el próximo día 4 de diciembre.

El motivo de buscar a los extras con esta peculiaridad física lo resumen desde el teatro en que el protagonista frecuenta en demasía las tabernas. Vamos, que no sale de los bares y que las cervezas son aliadas de primer orden y es ahí, entre copa y copa y caña y caña o jarra y jarra, donde despilfarra buena parte de su fortuna.

Curiosa petición en tiempos en que lo políticamente correcto es la norma y en que la apariencia tanto importa a la hora de subir a un escenario. Los cantantes entrados en carnes han tenido algún que otro problema en el pasado con ciertos directores de escena que han decidido en el último momento apartarlos de los repartos porque aún teniendo talla suficiente, no daban la talla ideal. No sé si me comprenden.

En este caso se han marcado hasta las coordenadas, pues para los varones se pide gastar más de una 48 y para las mujeres lo ideal es tener más allá de la 38, lo que entraría dentro de las previsiones de la medida femenina. Calixto Bieito, hombre que lleva pegado a la piel el cartel de provocador y polémico (aunque declare que huye de ello, que no va con él) es el responsable de la producción de la Ópera de Hamburgo y de tan peculiar reclamo.

Aquí el tamaño es lo que importa y cuanto más ancho se sea y más bajo, mejor para todos. Además, se valorará la elasticidad de los actores, que se tendrá muy en cuenta a la hora de la selección. ¿Cuántas veces se ha hablado de la tiranía de la belleza en la ópera? ¿Cuántas veces se ha puesto como ejemplo a Jonas Kauffman, Anna Netrebko o Aida Garifullina? No es suficiente con tener una garganta de oro, sino que, además, es necesario que el cuerpo sea de infarto.

Que se lo pregunten a Deborah Voigt y los sufrimientos que experimentó en carne propia cuando la suya fue rechazada sin miramientos en un escenario tan reputado como el de la Royal Opera House por no caber en un embutido y ceñidísimo vestido negro que Antonio Pappano se empeñó que vistiera para «Ariadna en Naxos». Años después de aquel fatídico 2004 regresó con 68 kilos y se sacó la espina.

Habrá que esperar a 2020 y saldremos de dudas. La corte de Falstaff ya estará lista para acompañar la leyenda de un bebedor que no fue precisamente santo. Calixto Bieito, incansable en su deseo de dar una vuelta de tuerca, lo ha vuelto a hacer. «Tutto nel mondo e burla». Pues si lo es, quitémosle hierro al asunto y riamos. La polémica, una vez más, está servida.