Cultura

Mariss Jansons, el director de orquesta al que Karajan dejó una noche en vela

Fallece a los 76 años a causa de una dolencia cardiaca que no pudo superar. Tenía 76 años y era un maestro educado, sensible y muy cultivado

Mariss Jansons (Riga, 14 de enero de 1943) falleció anoche, a los 76 años, en en San Petersburgo a causa de una dolencia cardiaca que padecía hace tiempo y que le había obligado a cancelar conciertos en los últimos años. Allí tenía su casa, con su segunda esposa Irina y su hija, Ilona, pianista en el teatro Mariinsky. Era hijo del director letón Arvid Jansons y su esposa Araida, de origen judío, y tuvo que ocultarse durante la ocupación nazi, durante la cual fueron asesinados varios familiares. Su padre fue elegido por el mítico Yevgueni Mravinski para ser su asistente en la entonces Filarmónica de Leningrado y Mariss ingresó en el Conservatorio de la ciudad para estudiar piano y dirección coral, aunque su padre le había enseñado el violín.

En 1969 trabajó en Viena con Swarowski y en Salzburgo con Karajan, quien le propuso como su asistente en la Filarmónica de Berlín, pero las autoridades soviéticas no se lo permitieron. Fue nombrado director asociado de la Filarmónica de Leningrado en 1973 y con ella, sustituyendo junto a Temirkanov a un enfermo Mravinski, le vimos por primera vez en el Teatro Real de Madrid gracias a Alfonso Aijón, quien le ha traído posteriormente en múltiples ocasiones. Finalmente se le permitió salir de Rusia y , en 1979, fue nombrado director musical de la Orquesta Filarmónica de Oslo, con la que dirigió, grabó y viajó hasta que renunció por la mala acústica de la ciudad.

En 1992 fue nombrado director principal invitado de la Sinfónica de Londres y en 1997 de la Sinfónica de Pittsburgh, sucediendo a Lorin Maazel y revolucionando la agrupación.

En 1996 tuvo un ataque cardiaco en Oslo mientras dirigía “La Boheme” y estuvo a punto de morir. Tras recuperarse en Suiza, se le colocó un desfibrilador en el pecho como precaución en caso de fallo cardíaco y decidió abandonar América.

En 2003 sucedió, otra vez, a Maazel como director de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera y, un año más tarde, también se convirtió sucesor de Riccardo Chailly como director del Concertgebouw, cargo que abandonó al final de la temporada 2014/2015.

Dirigió en tres ocasiones el Concierto de Año Nuevo de Viena, concretamente en 2006, 2012 y 2016. En 2018 fue nombrado miembro honorario de la Filarmónica de Berlín y este año recibió el Premio Herbert von Karajan en Salzburgo.

Sus grabaciones son numerosas y muchas son ya referencia. La última, en edición privada para los abonados de la Bayerische Rundfunk, con la Misa n.3 de Bruckner. Era un director templado, para quien el mayor pecado de la música era la rutina y para quien lo importante de todo concierto era que “dejase huella”. Desde luego la dejó con su “Tercera” de Mahler con la Filarmónica de Viena, con video espléndido en Youtube.

Consideraba, respecto al historicismo, que había que dirigir con aquel enfoque pero con los instrumentos y perspectiva actuales. Así abordó Haydn. Solía ir a conciertos de sus colegas y admiraba tanto a Toscanini como a Furtwängler, a Bernstein, naturalmente a Mravinski y recordaba el “Otello” de Karajan en Salzburgo como una de sus grandes experiencias como oyente. Tras él no pudo dormir en toda la noche y se dedicó a pasear y pensar.

Además de uno de la media docena de auténticos maestros que nos quedan, era una persona muy educada, amable y sensible, lo que tuve ocasión de comprobar almorzando con él a solas en Pittsburg en 1997, recién nombrado titular de aquella orquesta. Descanse en paz.