Lois Patiño: «Mi película trata sobre la necesidad de cerrar una herida abierta por el duelo»

El director presenta en el Festival de Berlín su película «Lúa Vermella», una lúcida reflexión sobre el transcurso del tiempo, la tierra y las heridas de la pérdida

El director Lois Patiño
El director Lois Patiño

Hermosa meditación sobre la muerte, el tiempo y el paisaje gallego, «Lúa vermella», que Lois Patiño presenta hoy en la sección Forum de la Berlinale, cuenta la historia de un pueblo de la Costa da Morte petrificado después de la desaparición de un marinero en la oscuridad del océano.

–Da la impresión de que «Lúa vermella» es el contraplano a «Costa da Morte», su anterior película.

–Si «Costa da Morte» era un documental antropológico, en la que uno de los focos era reflexionar sobre cómo se construye la identidad de un paisaje, en «Lúa vermella» me interesaba más profundizar en los mitos que emergen de él, sobre todo, lo relacionado con la muerte, como las meigas o la Santa Compagna, y con el mundo del mar.

–El paisaje impone un tratamiento del tiempo en suspensión. Es algo que potencian los monólogos interiores, la parálisis de los habitantes de ese pueblo que parece estar en un limbo.

–En algunos de mis cortometrajes ya había empezado a explorar la idea de figuras inmóviles en el paisaje para demostrar la maleabilidad del tiempo. Aquí quería trabajar el tiempo interior, el de la conciencia, y el exterior, que se expande por el paisaje. Uno de los títulos provisionales de la película era «Tiempo vertical», tomando el concepto original de Gaston Bachelard: el tiempo horizontal, que es el de la Naturaleza, y el vertical, que es el del despertar poético y la revelación.

–Hablaba del mar, que los personajes de «Lúa vermella» califican como monstruo…

–Me interesaba investigar no solo cómo los mitos tiñen a un paisaje de una identidad sino cómo el paisaje genera unos mitos. El mar de Finisterre, un mar que es un cementerio atravesado por naufragios y plagado de cadáveres, va a producir unos mitos muy distintos al Mediterráneo. Quería vincular la película a una cierta tradición artística gallega, en concreto, a la literatura de Álvaro Cunqueiro. Es el autor de una frase que me encanta, y que identifica al océano con un animal. «El océano es un gran animal que respira dos veces al día», haciendo referencia a las mareas.

–«Lúa vermella» fabula sobre un personaje real, El Rubio, que se interpreta a sí mismo…

–Al conocer la historia de El Rubio me di cuenta de que conectaba con los temas que trataba la película. El Rubio es un buzo que ha recuperado más de treinta cadáveres de náufragos. Su figura, elevada a la de un mito, explica muy bien el proceso de duelo. Cuando el duelo no se cierra, queda una herida abierta. En cierto modo, la cinta está articulada alrededor de la necesidad de cerrar esa herida.

–Las películas del Nuevo Cine Gallego tienen una atmósfera espectral, fantasmagórica, donde los muertos conviven con los vivos de una forma muy natural.

–Existe cierta espiritualización de la Naturaleza, y en estas películas que citas hay ganas de volver a habitarla. Desde, por ejemplo, la memoria del paisaje, como ocurre en el caso de Eloy Enciso, como desde lo más elemental, como puede ocurrir en «Lo que arde». Supongo que tiene que ver con el modo en que vivimos el territorio y, al menos desde mi punto de vista, con la necesidad de reivindicar cierta diversidad cultural a partir de una cultura minoritaria que debe hacerse oír frente a una dominante.

–¿Se identifica con la etiqueta del Nuevo Cine Gallego?

–Esa etiqueta se creó en enero de 2010 en un artículo del crítico Martin Pawley. En mayo de ese mismo año, Oliver Laxe presentaba en Cannes «Todos vos sois capitans». Es una etiqueta que responde a una realidad: Oliver, Diana Toucedo, Eloy Domínguez Serés, todos nos conocemos, somos amigos y compartimos una cierta sensibilidad.

–Hay algo muy plástico en «Lúa vermella», donde se nota tu experiencia en el mundo del arte durante estos años.

–La película está planteada como una colección de «tableaux vivants», lo que implicaba que tenía una serie de referentes pictóricos muy presentes. Hay un homenaje explícito al «Angelus» de Millet, en los interiores tuve muy en cuenta la pintura de Hammershoi, y también la soledad, el ensimismamiento de los cuadros de Hopper.