¿Está el “Cid irlandés” enterrado en Valladolid?

Los arqueólogos están ahora pendientes de realizar un análisis de los restos encontrados y evaluar si se procede a hacer el estudio de ADN de algunos de los cuerpos encontrados por si fuera el héroe irlandés que desafió a Isabel I de Inglaterra

Su nombre era Hugh O´Donnell, era rey, era irlandés y era pelirrojo. Para algunos es una figura tan legendaria como el Cid y para otros un héroe sin ambages, de pura cepa. En cuanto los arqueólogos abrieron una cata en la calle de la Constitución de Valladolid, en el lugar que los estudios indicaban que se encontraba la Capilla de las Maravillas del desaparecido convento de San Francisco, un monasterio fundado bajo el auxilio y la protección de Violante, mujer de Alfonso X el sabio, los rumores se dispararon. Comenzó a airearse la biografía de este monarca de vida azarosa, que estuvo encarcelado durante un quinquenio en el castillo de Dublín, que en la huida de su prisión perdió, por congelamiento, los pulgares de los dos pies, y que después de animar una rebelión contra Isabel I de Inglaterra -conocida como la Guerra de los nueve años, que se cursó entre 1595 y 1603- acabó en España para recavar apoyos y volver a enfrentarse a su adversaria. Pero su sueño no pudo cumplirse. Falleció en Valladolid, en circunstancias imprecisas, lo que ha dado pie a una extensa rumorología, desde que fue envenenado por el emisario de sus adversarios hasta que fue consecuencia de una extraña enfermedad provocada por parásitos. Nada claro. Como tampoco la conclusión de las excavaciones que se han llevado a cabo y que han terminado ahora. Este trabajo ha sacado a la luz una veintena de esqueletos, «pero en una simple apreciación visual de los cadáveres no nos permite identificar al personaje, al que le faltaban los dedos de los pies, entre los cuerpos que se han recuperado. A unos les faltan y otro está seccionado de pelvis para abajo», comenta Olatz Villanueva Zubizarreta, una de las responsables del equipo.

Para ella ha supuesto ya un éxito esta intervención porque se ha conseguido «ampliar el conocimiento histórico a través de estos restos documentados del convento de San Francisco» y haber sido capaces de «localizar y ubicar en un punto, dentro de la ciudad, de esta estancia y sus dimensiones», comenta la historiadora. Pero la expectación estaba, como siempre, en el héroe. «Solo en uno de los cuerpos hemos encontrado un adorno personal, una especie de rosario . Eran unos enterramientos en fosa, en tierra, y solo en dos casos están documentados ataúdes. Podría haber otras tumbas, en otra parte de la capilla», señala. Y lo hace precisamente por un motivo. A pesar de que se creía que se cavaba entero este espacio monástico no ha sido así. La mayor parte queda debajo de un edificio (ocupado en la actualidad por un banco en su planta baja) y solo se ha podido trabajar en una sección reducida, «un porcentaje bajo y reducido» de la capilla, según palabras de la investigadora. Ella misma explica: «Nosotros no tenemos, salvo alguna descripción del siglo XVII, descripciones de capilla. Podemos imaginar que estaba ricamente labrada, que había tres lechos funerarios, pero no sabemos si estaban en el suelo, las paredes o los altares ni dónde se enterró en particularmente Hugh O´Donnell. Solo existe una referencia a que fue enterrado en San Francisco. Y es una única una crónica irlandesa la que dice que finalmente fue enterrado en el capítulo. Ningún dato más. Tampoco se indica en qué lado de la capilla está».

Olatz Villanueva es cautelosa a la hora de hablar sobre las posibilidades de que aparezca el llamado «Cid irlandés». «Es muy complicado. Ya ha sido un avance notable que unos investigadores localizaran el punto exacto de esa capilla y que los cálculos fueran certeros, pero de ahí a que podamos documentar el enterramiento de Hugh O´Donnell es diferente. Se han producido alteraciones posteriores en este subsuelo, sobre todo después de la desamortización y la construcción del edificio». Y vuelve a resaltar: «No hemos limpiado el material ni todavía hemos hecho unos análisis de los restos. Si tendemos a la referencia de esos dos dedos de los pies, ninguno de los que hemos excavado se da esa circunstancia. En un primer análisis visual no hemos identificado esa circunstancia. Pero también es cierto que hemos excavado en una zona muy particular de la capilla y no es la parte nuclear. Queda la mayor parte, que está debajo del banco. Podría estar en cualquier punto colindante. A lo hemos dejado en el metro. No es posible saberlo. Ahora, a la luz de los resultados, decidiremos si se procede al análisis del ADN de algunos de los cadáveres que hemos encontrado».