FIT de Cádiz: resistencia teatral a la pandemia

El Festival Iberoamericano de Teatro entra en su recta final salvaguardando la importante presencia internacional de su programación

"Shock (el Cóndor y el Puma)", de Andrés Lima, gustó mucho entre el público del FallaCDNCDN

No es un camino de rosas el que están atravesando Isla Aguilar y Miguel Oyarzun en su primer año al frente del FIT. No lo es, al menos, desde el punto de vista logístico, que no artístico, dada la dificultad de mantener una programación, tal y como inicialmente se había planteado, con las nuevas restricciones a la movilidad que se están implantando en todas partes. Y más si tenemos en cuenta la vocación internacional que tiene este evento.

No obstante, las cosas están saliendo de acuerdo a lo previsto cuando queda menos de una semana para la clausura de esta 35ª edición. Por este motivo, aunque sin ocultar su preocupación por la crisis, los nuevos codirectores se muestran razonablemente satisfechos. “Sabíamos que este año, con todas las limitaciones que hay en los desplazamientos, iba a ser muy complicado atender la especial idiosincrasia del festival, cuya identidad es claramente iberoamericana –explica Oyarzun–. Así que, sin renunciar a traer a dos o tres compañías desde allí, nos hemos centrado en la diáspora de los artistas latinoamericanos residentes en España y en el resto de Europa. Además, hemos expandido la programación a internet, para que no sea solo presencial, y hemos utilizado toda la ciudad como escenario no solo para los espectáculos y los artistas, sino también para la propia ciudadanía”.

Dando cabida, como es habitual en los festivales de creación contemporánea, a una amplia diversidad de lenguajes, géneros y formatos escénicos, el FIT ha permitido ver estos últimos días algunas propuestas muy esperadas por el público:

Como ya imaginábamos quienes conocíamos el espectáculo, uno de los aplausos más sonoros y unánimes se lo ha llevado, de momento, “Shock (el Cóndor y el Puma)”, el exitoso y original montaje de Andrés Lima sobre dictadura de Pinochet en Chile y sobre cómo la desclasificación de algunos archivos de los servicios secretos ha demostrado que fue alentada, favorecida y auxiliada por Estados Unidos. Una crítica feroz a los rincones más oscuros del capitalismo y una función repleta de hallazgos artísticos, en la que convergen de manera fascinante el teatro documental y la sátira más desopilante.

En este mismo capítulo de producciones nacionales, cabe destacar “La noche justo antes de los bosques”, la conocida obra de Bernard-Marie Koltès. Juan Renjifo dirige este incisivo monólogo sobre el desarraigo y la soledad, y también sobre la brutalidad salvaje del ser humano, que suele resultar siempre en escena, todo hay que decirlo, un poquito tedioso, incluso cuando está tan bien defendido, como aquí, por Juan Ceacero, un joven, estupendo e inquieto actor que va abriéndose camino a pasos de gigante en nuestro panorama teatral. El espectáculo ha servido además para inaugurar un nuevo y atractivo espacio de representación dentro del festival: los antiguos depósitos de Tabacalera, en los que, no obstante, deberán corregirse de cara al futuro las deficiencias de sonido que aún presenta.

En cuanto a la programación iberoamericana, la aclamada dramaturga, directora y performer argentina Lola Arias ha presentado “Formas de caminar con un libro en la mano”, una curiosa propuesta que reivindica el acto de leer libros en su formato tradicional de papel ocupando los espacios públicos. Además, la original experiencia artística trata de poner en valor el cada vez más añorado tiempo que dedicamos a la lectura de esos libros.

También con denominación de origen de Argentina ha llegado, en este caso al Baluarte de la Candelaria –otro de los polivalentes espacios del festival–, “La bohemia”, una obra de Sergio Boris, un tanto confusa en su desarrollo, que trata de ahondar en la ceguera como símbolo de la angustia y la degeneración vital del perdedor, del más desfavorecido.

Como un amable canto a las tradiciones rurales de Brasil, por otra parte, puede definirse “Maiador”, un trabajo de la compañía Delá Praká, nacida en Río de Janeiro, que funde algunas disciplinas del circo con la danza contemporánea para llegar de manera directa y sencilla a espectadores de toda edad y condición.

También la creación europea se ha hecho hueco en el festival, representada este pasado fin de semana por la compañía alemana Rimini Protokol, que ha propuesto en “Granma” –muy bien acogida por parte del público del Teatro Falla– un emotivo viaje en clave cuasi documental, aunque algo más efectista y doctrinario de lo recomendable, por la historia y la esencia de la Revolución cubana, con sus ideales, sus logros, sus fracasos y, cómo no, sus propias traiciones y contradicciones.

Pero todavía quedan muchas propuestas interesantes por llegar en lo que queda de este FIT, hasta el día 8 de noviembre. Entre ellas, la acertada aproximación al universo de Beckett que ha hecho el director Pablo Messiez en “Los días felices”, y que podrá verse esta tarde con la estupenda Fernanda Orazi como protagonista; el siempre interesante trabajo en el género del teatro de objetos de Oligor y Microscopia, que acuden a esta edición con un espectáculo llamado “La melancolía del turista”; o el último proyecto del aplaudido dramaturgo y director franco-uruguayo Sergio Blanco, que pondrá el broche de oro el domingo en el Teatro Falla con “COVID-451”, un espectáculo que parte de la autoficción, como es habitual en las obras de este creador, y que protagoniza él mismo junto a cinco trabajadores hospitalarios para reflexionar sobre cómo nos está afectando a todos la pandemia.

En resumen, en palabras de Isla Aguilar, “una programación que trata de amoldarse a un público muy diverso y a esa realidad cambiante que los artistas tratan de reflejar con nuevos y diferentes lenguajes”. “Lo que hemos querido –concluye la directora– es mostrar una paleta que pueda recoger de la manera más amplia posible las distintas inquietudes y estilos artísticos que existen, porque pensamos que esa variedad permite traer nuevos públicos y, sobre todo, lo que es casi más interesante, permite que esos públicos puedan mezclarse y enriquecerse”.