Pablo de Lora: «La calificación “no binario” no tiene sentido»

“Hay una condición de mujer, el género, que responde al conjunto de actitudes, expectativas y roles que se atribuyen a los miembros de la especie humana biológicamente femeninos”

Pablo Lora, escritor y profesor
Pablo de Lora, escritor y profesorLa RazónLa Razón

Pablo de Lora, autor del imprescindible «Lo sexual es político (y jurídico)» y profesor titular de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, es una de las voces indispensables hoy en día en el estudio de las identidades de género y sus consecuencias institucionales y jurídicas.

–¿Empezamos diferenciando entre sexo y género?

–Sí, sería la diferenciación básica para entender tanto el sentido de las reivindicaciones feministas desde Simone de Beauvoir, cuanto la polémica entre ese feminismo y la «teoría queer» que abandera Judith Butler. Cuando Beauvoir dice en «El Segundo Sexo» que «no se nace mujer, se llega a serlo» quiere decir que hay una condición de mujer, el género, que responde al conjunto de actitudes, expectativas y roles que se atribuyen a los miembros de la especie humana biológicamente femeninos. Ocurre lo mismo para los miembros biológicamente masculinos. La condición biológica, el sexo, responde al dimorfismo sexual que se da en los seres humanos, como en todos los mamíferos, y que no depende de actitudes, intenciones o deseos, sino de la naturaleza.

–Entonces tendríamos dos sexos.

–Masculino y femenino, sí. Los individuos denominados «machos», y que pertenecen al primer grupo, producen un tipo de células sexuales (espermatozoides) y los denominados «hembras» producen otras diferentes (óvulos). Podríamos considerar como tercer sexo a la intersexualidad, pero es un fenómeno muy marginal.

–¿Este tercer sexo pondría en cuestión el dimorfismo sexual como característica biológica del ser humano?

–Es un fenómeno tan poco frecuente que el mero hecho de que ocurra no anula esa división como propia del ser humano. Como ejemplifica Rebecca Reilly-Cooper, nuestra condición de animales bípedos no resulta negada porque nazcan algunas personas sin piernas.

–¿Y géneros? En España hay reconocidas 37 identidades de género, pero he llegado a encontrar clasificaciones de más de 100.

–Estamos en un punto en el que ya no es solo que se contemple una disforia sexual, que ocurre cuando el individuo percibe una discordancia entre su sexo biológico y el que él siente como su género, ahora el género vinculado a la condición sexual se desdibuja, se pierde la conexión que le da sentido, convirtiéndose en un cascarón vacío desde el mismo momento en que, en determinadas leyes, por ejemplo la de la Comunidad de Madrid de 2016, se llega a definir trans como aquellos que «describen su identidad en sus propias palabras». Así que un trans podría ser aquel que se describe como «un tío cojonudo», por ejemplo.

–Pero si desligamos el género de lo sexual y lo corporal ¿de qué hablamos?

–De algo que pierde su cualidad de designar. Si hablamos de «género» como ese conjunto de roles o actitudes que se podrían atribuir a determinado sexo, las podemos encontrar hoy en unos y otros indistintamente. Tenemos actitudes socialmente esperadas de las mujeres y actitudes socialmente esperadas de los hombres. Todos seríamos un poco de todo, mestizos, pangénero.

–O no binarios.

–La calificación «no binario», como identidad de género, no tiene ningún sentido. No se refiere siquiera a las propiedades que uno tenga o con las que se identifique, sino a una forma de clasificar esas propiedades.

–No tendría que ver con aquello que se clasifica sino con la descripción de la propia clasificación.

–Te cuento una anécdota que lo ejemplifica. Cuando Fernando de los Ríos llega a Estados Unidos como exiliado de la guerra civil, es preguntado en la aduana por su religión. Tras dudar, indica que es «cristiano erasmista». Años después, en una macroestadística religiosa, aparece reflejado el número de ciudadanos episcopalianos, el de judíos… y un cristiano erasmista. Si, al llegar a USA, a Fernando de los Ríos le hubiesen entregado una hoja donde marcar con una X la casilla correspondiente a su religión de entre las indicadas, le habría parecido una clasificación no binaria. Pero su identidad religiosa no sería, obviamente, no binaria.

–¿Pero qué relevancia jurídica o política puede tener que yo sienta que mi identidad de género es «con tachones», si no me designa a mí respecto a mi cuerpo, mi sexualidad o mi expresión de género?

–Relevancia jurídica, administrativa o política no debería tener ninguna. Desligada la identidad sexual de toda referencia a lo biológico y lo corporal, sin un marco definitorio anclado a eso, pierde todo el sentido. Es como si registráramos a quien se identifica con los paseantes, como decía el filósofo Javier Aguado, o con los asmáticos melancólicos.