Una sangrienta imagen de "Parsifal", tal y como fue representada en el MET de Nueva York
Una sangrienta imagen de "Parsifal", tal y como fue representada en el MET de Nueva YorkKen HowardMetropolitan Opera

Una autopsia de la ópera: sangre, ejecuciones y asesinatos en el género lírico

Cada año se representan las mismas 200 óperas y, en más de tres cuartas partes de ellas, alguien muere. Asesinatos, parricidios, infanticidios y suicidios mandan en los grandes libretos de la lírica. Un libro repasa la historia del género a través de la muerte de sus personajes más célebres

Es una especie de sensación generalizada entre los profanos: en toda ópera que se precie tiene que morirse alguien. Es el momento climático, el de las notas imposibles, la tragedia, la épica, cuando se escapa la lagrimilla. Aunque no es una impresión, es una realidad. De las 200 óperas más representadas al cabo del año, en tres cuartas partes de ellas hay un cadáver al menos. Así lo concluye el escritor Fernando Sáez Aldana (Haro, 1953) en un libro con un enfoque original: la historia de la ópera vista a través de los muertos de sus libretos. «Otra historia de la ópera» (Ma Non Troppo) es un viaje alternativo al género lírico y sus grandes protagonistas que entretiene con ahorcamientos, puñaladas, suicidios y todo tipo de occisos que pueblan las historias operísticas. Se ha escrito un crimen, versión cantada.

¿Podemos llamar a este viaje una autopsia de la ópera? «Mi padre era forense y de chaval me llevaba a ver las autopsias, para que me aficionase a la medicina», cuenta el autor, que admite la comparación. De algo sirvió, porque Sáez se hizo cirujano con el tiempo. «Si me lleva a ver dos más, me habría matriculado en filosofía y letras», bromea. Viene al caso la profesión de este escritor y aficionado a la ópera porque el libro adopta una mirada analítica, casi estadística, de la muerte en las tablas, con sus explicaciones médicas (fisiopatológicas para ser más precisos) e incluso legales. «Bromas aparte, los médicos tenemos una visión particular de la muerte, estamos acostumbrados a ello y no nos espanta. Pero la intención del libro es resultar divulgativo y que cada capítulo sea un microrrelato en el que se cuenten curiosidades en torno al autor de cada obra, a su concepción y la época en la que fue escrita». Para el que quiera asomarse a las 200 óperas más taquilleras del mundo como si de un relato de Agatha Christie se tratase, empezamos.

La sangre en «Tosca»

Esa mirada analítica, científica, es el punto de partida: «De las miles de óperas que se han escrito a lo largo de los cuatro siglos largos de la historia del género, la realidad es que en el mundo se representan cada año las mismas 200, con una leve variación del diez por ciento. Tomé esos títulos y al estudiarlos me di cuenta de que en más de tres cuartas partes de ellas hay una muerte violenta. Algunas por enfermedad, pero casi siempre son homicidios, asesinatos, suicidios... muertes muy violentas. Y pensé que era interesante ver de qué se muerte toda esa gente», explica el autor. Hay una cierta desproporción en los fallecimientos en la ópera en comparación con otras narrativas, como películas o novelas, casi acercándonos extremos tarantinianos. «Desde luego. Hay algunas, como ’'Tosca’', en las que, como se dice vulgarmente, muere hasta el apuntador. Da la impresión que cualquiera que cante más de diez frases no termina la función», reconoce. La explicación es que hay óperas concebidas para «terminar mal». «Si es una comedia, tiene que haber risas, y en las tragedias a veces no hay manera de enderezar el argumento. La única salida que queda es la muerte».

Rey del melodrama

El desarrollo del libro deja de ser analítico para centrarse, claro, en lo narrativo. Por ejemplo, con el caso de Puccini. «Es el rey del melodrama, el que busca hacer llorar a los espectadores. La muerte de Mimí en ’'La Bohême’' es completamente lacrimógena, la de una mujer joven que se muere enamorada. La magia es que la puedes ver 50 veces y, si está bien representada, lloras las 50. O el caso de ’'Tosca’', que está llena de violencia Hay un déspota que tortura, apuñalamientos, suicidio, un fusilamiento... no sé qué más se puede pedir. Al lado de las series contemporáneas de televisión, pueden parecer cosas de niños, pero yo me imagino el impacto en su momento. Un déspota que tortura a alguien porque desea a la mujer de la víctima y el fusilamiento final... Es todo violencia». Y es que la ópera comenzó como género en los palacios para los aristócratas, pero después se popularizó como espectáculo para las clases medias y contaba lo que sucedía en la calle. Y, por supuesto, jugaba con el aspecto morboso de la vida para atraer a su público. «Es lo que todavía vemos en las noticias. Terribles sucesos de violencia de género o machista. Siempre a lo largo de la historia ha habido casos de personas que asesinan a sus hijos o sus padres, por desgracia, desde hace siglos. Está en la humanidad».

Muchas de las óperas pueden explicarse también siguiendo un diagrama según el cual los argumentos de buena parte del universo lírico se resumen en un tenor que pretende llevarse al huerto a una soprano predispuesta, pero hay un barítono que se inmiscuye. «Es una humorada, pero no deja de ser real. Ese triángulo es el que da origen a la violencia la mayor parte de las veces», señala Sáez. Lo habitual es que la palme solo uno de ellos, pero en «Tosca», el epítome de la truculencia, mueren los tres. Así que, ¿podemos decir que triángulo + muerte = ópera? «Una muerte, al menos».

Capítulo aparte merecen los cómos en esto de morir y matar. Aunque la hoja afilada o arma blanca sea el «modus operandi» favorito de estas historias, seguida del veneno e incluso el arma de fuego, también se han escrito piezas que incluyen erupciones volcánicas, sepultamientos, y hasta el fallecimiento por una emoción demasiado intensa como para sobrevivirla. En la ópera todo es posible a la hora de morir. «Y también por tormenta de arena, alud, sed o insolación... aunque son las menos. El rey de la muerte en la ópera es el homicidio, seguido del suicidio. Por enfermedad o por vejez hay pocas, la verdad. Se ve que no da juego dramático. Aunque lo que yo llamo el podio de la muerte en la ópera, es decir, los finales de Violeta Valery en “La Traviata”, y de Mimí en “La Bohême’', ambas mueren por tuberculosis. Esas dos, junto a ’'Carmen’', son las heroínas más representadas en todo el mundo, aunque la tercera sea víctima de lo que llamamos violencia machista». Por el contrario, el compositor que saca la peor nota en sadismo sería Wagner. Aunque muchos personajes escritor por el alemán fallecen, lo hacen por causas no criminales. «Quizá el único que muere así es Sigfrido, pero es más habitual en sus tramas muertes como la de Isolda, por desfallecimiento».

Las mayores truculentas
Preguntado por las mayores cotas de sadismo, Fernando Sáez cita dos óperas: «Una es ‘’Los demonios de Loudun’’, de Krzysztof Penderecki, que habla de la histioria verídica de un cura del siglo XVII que se introdujo en una comunidad de monjas y las sedujo. Cuando le descubren, lo condenan a morir en la hoguera pero antes le torturan salvajemente. Otro caso sangriento es ‘’Diálogos de carmelitas’’ en la que guillotinan a 16 monjas una detrás de otra. Van subiendo al patíbulo de una en una y las ajustician con un efecto de percusión que pone los pelos de punta. Ellas van cantando una salve en la que cada vez cantan menos hasta que queda solo una. Y es una violencia de la ejecución muy impactante».

“Otra Historia de la ópera”, Fernando Sáez Aldana. Ma Non Troppo. Páginas: 320. 23,90 euros