La extravagante “Ruta 66″ del toro de Osborne: de España a Japón

Lo que comenzó como una anécdota se convirtió para Julio Álamo en profesión. Este madrileño se ha recorrido todos los toros de España y México en moto y prepara un viaje para concluir su reto con los ejemplares del país nipón y Dinamarca.

Julio Álamo llega a nuestro encuentro equipado de pies a cabeza. Chaqueta, pantalones, botas, casco y, por supuesto, su inseparable moto, una BMW 1250. Roza el mediodía y el sol pega con fuerza en Cabanilles de la Sierra, un pueblo al norte de Madrid, pero él asevera que los moteros están acostumbrados a lidiar con las inclemencias climáticas: «Si hace calor, te achicharras y si hace frío, te hielas, esta es la ley del motorista y a quien no le guste o quiera más comodidad, que viaje en coche», afirma entre risas.

Nos hemos citado en esta localidad porque es aquí donde se instaló el primer toro de Osborne en 1957 y allí, a los pies del miura, Julio nos relata su «obsesión» por esta valla publicitaria que le ha llevado a poner en marcha un proyecto personal para instaurar lo que él ya denomina como la Ruta 66 «made in Spain», es decir, viajar a la caza de los 89 toros de Osborne que hay repartidos por España, el único que hay en Dinamarca, e, incluso, saltar el charco y visitar los seis que hay en México y el ejemplar de Japón. Por supuesto, todo en moto.

Julio Álamo, el artífice del reto motero, posa para LA RAZÓN en el toro de Cabanilles de la Sierra, en Madrid, el primero que se puso en pie en 1957 FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

«Esta idea la tenía en mente desde hace cinco años. Entonces tenía un blog donde relataba los viajes que hacía en moto desde que comencé con esta afición, hace 11 años. En una ocasión, cuando viajaba a Barcelona para ver a la chica con la que estaba saliendo, a la altura de Medinaceli vi un toro de Osborne al fondo. Busqué el modo de acceder a él y lo retraté. En el viaje de vuelta fui fijándome y descubrí todos los que había en la carretera y como viajaba sin prisa me paré en cada uno y fui haciéndoles fotos», explica.

Éste fue el germen del reto virtual que ahora propone a los moteros que, como a él, les gusta recorrer toda la geografía sobre dos ruedas. «Al llegar a Madrid me puse a revisar las fotos. El toro, lógicamente era el mismo, pero su composición variaba, el enfoque, la luz... Era muy interesante. Comencé a investigar cuántos había en España y si había también alguno en el extranjero. Ahí mi mente empezó a ir a mil revoluciones: ¿Y si monto una web con la ficha técnica de cada toro? ¿Si hago una Ruta 66 a la española? ¿Si propongo a la gente ir recorriendo todos los toros y que por objetivo la gente obtenga un reconocimiento?», se preguntaba.

Teniendo en cuenta que es informático y el desarrollo de aplicaciones y web para él no es un misterio, se lanzó a la aventura sin saber la acogida que tendría. Se matriculó en cursos de redes sociales y se puso manos a la obra. «A los moteros nos gustan muchos los retos. Visitar lugares y que luego nos den la pegatina porque es como tu currículo. La gente paga una pasta por irse hasta Cabo Norte, al Paso Stelvio o a la Ruta 66, pero en España no hay nada similar. Así que conjugar la pasión motera con un símbolo tan español como el toro de Osborne me parecía algo divertido», confiesa, pese a no reconocerse como amante de la tauromaquia.

Detenciones inesperadas

Y es que, para Julio, esta es también una manera de reactivar el turismo en España, potenciar las visitas a zonas rurales «y poder conocer a la gente que allí vive para que te cuente historias». A él le encanta viajar solo precisamente por eso, porque cada escapada se convierte en un descubrimiento: «Cuando llego a una localidad siempre hablo con la gente, me cuentan historias de la zona, incluso me recomiendan sitios que no aparecen en las guías de viaje. Así es como se viaja en moto. Aquí no solo importa el destino, sino que el trayecto es también parte de la experiencia».

Julio posa con su moto BMW 1250 FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

Mientras hablamos nos encontramos con César y Roberto, que descienden por el camino de acceso al toro de Cabanilles. Ellos ya han comenzado el reto «aunque todavía nos quedan muchos, llevaremos dos o tres», dicen.

Para Julio, España, además, es el mejor país para ir en moto: «En primer lugar por el clima, porque si hace malo en el norte, te vas al sur. En segundo, porque las carreteras están en muy buen estado en comparación con el resto de países y, por último, porque nuestra infraestructura hotelera es excepcional». De hecho, él cuando viaja es de los que le gusta improvisar, ya sea en territorio nacional o en el extranjero, «como mucho reservo la primera noche de hotel, luego me dejo llevar. No sé dónde voy a dormir cada día y eso es algo que me motiva».

Y aunque parezca que este madrileño de 48 años nació con una moto bajo el brazo, lo cierto es que no fue hasta los 36 cuando comenzó con esta afición. Padre de dos hijas y experto informático, ahora ha decidido dedicarse en cuerpo y alma a este proyecto y parece que no le va mal. En Instagram ya suma más de 4.000 seguidores y las visitas en su web se multiplican. «Hay gente de todo tipo, jóvenes, mayores, moteros de toda la vida, aficionados noveles. Si no recuerdo mal, el más joven de los que ya están registrados tiene 20 años y el más mayor 63», explica mientras nos muestra en su móvil la App (toroenmoto) donde aparecen los diferentes perfiles de usuarios y la cantidad de toros que han visitado. «Ahora estoy diseñando el reconocimiento que se les dará en función de los objetivos que vayan consiguiendo, creo que sería una buena idea, por ejemplo, un toro en miniatura», puntualiza.

Para realizar esta «locura», Julio ha tenido el beneplácito de la Fundación Osborne, que ha visto en la iniciativa una manera de mantener vivo y actualizado a su buque insignia: «Es algo que forma parte indiscutible de nuestra cultura, el símbolo del toro ha trascendido a las bodegas. Lo malo es que hay quienes lo asocian a la tauromaquia y la política, pero no tiene nada que ver con eso».

Detención en Transnistria

La mayor concentración de venados es, como no podía ser de otra forma, en Andalucía y la única comunidad que no tiene ninguno es Cataluña, después de que se decidiera quitar el mítico del Bruc, debido a la polémica que allí se generaba entorno a la figura. Julio ya ha recorrido todos ellos y tan solo le faltan el que hay en Dinamarca y el de Japón, pero ya prepara la gran ruta para conseguir completar su sueño. «Estoy planificándolo, será una ruta rodando hasta Japón. Subiré por Dinamarca, pasaré por Polonia, Rusia, Mongolia y cruzaré en barco al país nipón. Serán como unos 30.000 km y lo haré en dos meses y medio. El punto de partida, por supuesto, será el Puerto de Santamaría».

Una meta más que añadir a su expediente, ya que en esta década que lleva sobre ruedas suma más de 400.000 kilómetros. Con su actual moto ya supera los 41.000 km y lleva tan solo año y medio circulando con ella. «Hasta ahora he tenido siete. Y es que para mí se ha convertido en algo más que en un medio de transporte, es mi forma de vida. Tengo un coche de hace 16 años y espero que me dure porque no quiero cambiarlo, para lo que lo uso...», cuenta divertido. Es más, sus amistades son todas del mundo motero y no entiende otro modo de moverse que no sea sobre dos ruedas.

En su haber tiene historias y anécdotas para escribir un libro. Su viaje más lejano y «exótico» fue cuando recorrió 18 países en un mes (Italia, Eslovenia, Hungría, Moldavia...). Y en esta mega excursión llegó también a Tansnistria, el bizarro territorio europeo donde se vive bajo protectorado ruso: «Es de lo más raro que he visto en mi vida. Como puedes imaginar, todo fueron problemas para entrar. Tuve que esperar cuatro horas y eso que no había nadie en la frontera. Y luego, al hacerlo, en la primera rotonda me pararon y trataron de extorsionar»; dice ahora, a toro pasado, con buen humor.

Julio Álamo ya ha recorrido más de 400.000 km en moto por todo el mundo FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

Este verano hará de guía tanto en España como en Portugal para amantes de las motos y, por su puesto, revisitará algunos toros de Osborne que se han convertido de manera inevitable en parte de su familia.

La manada de 500 reses que fue indultada en 1998

Lo que surgió como una iniciativa publicitaria para promocionar el coñac «Veterano» de Osborne en 1954, se convirtió en un sello indiscutible de la marca España. En sus tiempos dorados, el toro diseñado por Manolo Prieto consiguió «repoblar» más de 500 puntos por toda la geografía patria. Pero su momento más agrio llegó cuando en 1994, el Ministerio de Transportes y Obras Públicas resolvió que debían ser eliminados de todas las carreteras para hacer cumplir la Ley de Carreteras de 1988, que ordenaba la retirada de la publicidad en estos puntos.

Sin embargo, las críticas populares y los manifiestos públicos que se hicieron por diversos canales consiguieron que el toro más famoso de España fuera indultado. «La significación artística y cultural del toro de las carreteras y su integración en el paisaje español deben ser protegidos», dijo entonces la resolución aprobada por los diputados. Andalucía fue más allá y los declaró patrimonio histórico andaluz años más tarde. Un símbolo que no solo tiene peso en nuestra cultura sino también en cada uno de sus diseños, pues el miura pesa unos 4.000 kilos, mide 14 metros y la superficie esta formada por 70 chapas metálicas de 190x90 cm unidas por más de mil tornillos y seis metros cúbicos de hormigón.