Cine

Alejandro Amenábar: “A veces parece que los españoles queramos que se quiebre la convivencia”

El oscarizado director firma en “La Fortuna” su primera serie, para Movistar+ e inspirada en el caso real del litigio entre España y una empresa americana por el tesoro de un pecio colonial

GRAFCAV8770. SAN SEBASTIÁN, 24/09/2021.- El director Alejandro Amenabar posa este viernes en el Festival de Cine de San Sebastián, donde su película "La fortuna" compite en la sección oficial de la 69 edición del certamen. EFE/Javier Etxezarreta
GRAFCAV8770. SAN SEBASTIÁN, 24/09/2021.- El director Alejandro Amenabar posa este viernes en el Festival de Cine de San Sebastián, donde su película "La fortuna" compite en la sección oficial de la 69 edición del certamen. EFE/Javier Etxezarreta Javier EtxezarretaEFE

Hace cosa de tres años, los artistas del cómic Paco Roca y Guillermo Corral publicaban “El tesoro del cisne negro”, una novela gráfica sobre la disputa legal entre el Estado español y una empresa estadounidense por la propiedad del tesoro de un pecio. El caso, inspirado en la pelea diplomática y judicial real entre España y la entidad americana Odyssey, daba lugar a una especie de reivindicación de la cultura, una defensa del funcionariado en un país en el que tan mal se habla de él como el nuestro y, en definitiva, también un homenaje póstumo a todas las vidas que se perdieron con el navío en el fondo del mar. Después de ganar varios premios al Mejor Cómic del año, el libro llegó a manos de Alejandro Amenábar, que se encontraba en la sala de montaje de su última película, “Mientras dure la guerra”. Poseído por Unamuno, el director de “Tesis” y “Los otros”, ganador del Oscar, se lanzó a la aventura de la adaptación y hoy presenta en el Festival de Cine de San Sebastián “La Fortuna”.

La serie, estructurada en seis capítulos que rondan los 45 minutos de duración y que Amenábar, en unas declaraciones del pasado año defendió como “una película de cuatro horas”, se apoya en el caso del cómic, quizá menos en el real, y le suma un juego de contrastes entre Estados Unidos y España, entre lo cultural y lo político, y, por supuesto, entre la izquierda y la derecha, ese “leitmotiv” en el que parece inmerso -que no hundido- el director hispano-chileno. Amenábar, que no tiene miedo a enfrentarse a palabras como “equidistancia”, “patriotismo” o “guerracivilismo” atendió a LA RAZÓN justo antes de que el patio de butacas del Kursaal sea testigo, en proyección continua, del que considera uno de sus proyectos más ambiciosos. Tras Donosti, y con un reparto que va desde Stanley Tucci (”El diablo viste de Prada”) o Clarke Peters (”The Wire”) hasta el “influencer” Álvaro Mel o Ana Polvosorsa, la serie tiene fijada su fecha de estreno en Movistar+ para el próximo jueves 30 de septiembre.

Alejandro Amenábar durante el rodaje de "La Fortuna", su primera serie para televisión
Alejandro Amenábar durante el rodaje de "La Fortuna", su primera serie para televisión FOTO: Movistar+

-¿Cómo se embarca en la aventura? ¿Cuánto tiempo pasa desde que termina de leer “El tesoro del cisne negro” hasta el rodaje?

-El cómic llegó a mis manos durante la posproducción de “Mientras dure la guerra”. En ese momento me acerqué a mi productor y le dije que estaba muy interesado en hacer algo con ello, con esa historia. Quizá fue algo menos de un año, más el tiempo que nos detuvo luego la pandemia. No recuerdo especialmente largo ni difícil el proceso de guion, porque Alejandro Hernández y yo dimos rápido con el formato e imaginamos que en esos seis capítulos podía caber bien toda la historia. El confinamiento supuso un retraso enorme en todos los planes de rodaje que, al final, no fueron tantos meses porque en junio ya estábamos en la carretera.

-¿Qué había en ese cómic de Paco Roca, en el proyecto, para que se lanzara a él? ¿Ha sido un poco también la búsqueda de un tesoro propio?

-Me lo pasé muy bien leyendo el cómic, y lo sentía como el paso correcto. Yo intento dar giros de guion también a mi propia carrera, alguno dirá bandazos, para oxigenarme de un proyecto a otro. “Mientras dure la guerra” era una película delicada, con material sensible, sesuda… me pedía hacer después algo más lúdico. La de “La fortuna” es una historia de tesoros y sus piratas, que abarcaba un abanico que va desde Washington a Madrid, con historia de amor incluso. Eso me permitía aportar, también. Entiendo la historia como un cajón de sastre desde el que intentar que la gente se lo pase bien. Y yo, de paso.

-”La fortuna” es un proyecto ambicioso. Y uno de sus capítulos, de hecho, nos transporta hasta la España colonial a través de varios navíos impresionantes que usted echó al mar en el rodaje. ¿Ha sido su proyecto más complicado a nivel artesanal?

-Me gusta pensar que cada rodaje es un examen. Y este ha sido como el de fin de curso, el que más te preparas. Y me lo preparé tanto que, cuando lo hice, me pareció mucho más fácil de lo esperado. La sensación es que el salto ha sido cuantitativo, con el rodaje más largo de mi vida, pero las dinámicas han sido parecidas a las de mi película anterior. En concreto, ese viaje a 1804 con los barcos iba a ser lo primero en rodarse, y por culpa de la pandemia fue lo último. No sé si porque ya habíamos pasado lo peor, pero yo estaba ya inusualmente tranquilo.

-Hablamos de ese rodaje más largo, en una carrera llena de largometrajes, cortos y hasta videos musicales, pero nunca una serie. ¿Es significativo a nivel industrial que Alejandro Amenábar se pase, aunque sea momentáneamente, a la televisión?

-No lo sé, sinceramente, pero si uno mira hacia atrás, se da cuenta de que directores como Ingmar Bergman no renegaron de ello e hicieron series. Mario Camus, que ha muerto recientemente, hizo televisión buena parte de su carrera. Ahora, en este contexto, se da mucho más y con directores de renombre, con De la Iglesia o Sorrentino triunfando. En mi caso, nunca he sentido prejuicios por un formato o por otro, pero de manera natural tiendo a intentar disfrutar de la experiencia cinematográfica. Esa de dos horas, la de dedicar tu atención en plena oscuridad a una historia. Si lo que te van a contar requiere un formato más largo, o dividido en capítulos, ¿por qué no? Mientras pueda salvaguardar mi libertad creativa, me sentiré satisfecho. Me he sentido muy respetado.

-¿Volveremos en algún momento a disfrutar de la experiencia cinematográfica completa?

-Creo que el debate sobre la muerte del cine, o al menos el de la muerte repentina, nació con la televisión y todavía no lo hemos superado, o sea que imagínate. El cine se ha ido reinventando siempre, pero no sé qué ocurrirá esta vez. Parece que la pandemia hubiera acelerado procesos. La gente volverá a las salas, sí, pero, ¿en qué porcentaje? ¿Volverán las películas a ser el buque insignia de la ficción audiovisual? No lo sé. Pero yo siempre defenderé la experiencia del cine porque supone entregar dos horas de tu tiempo a que te cuenten una historia y eso es excitante. Además, la sala permite el visionado colectivo y ese contagio de emociones aumenta la intensidad de cualquier filme, de casi cualquier historia. Por eso mi serie se va a proyectar en continuidad en el Kursaal, porque sigo creyendo en el cine como espectáculo colectivo.

-Volviendo a su elenco, en esta ocasión internacional con nombres como el de Stanley Tucci o Clarke Peters (“The Wire”), hay cosas que no pueden ser casualidad, como llevarse con este último parte de la acción a Baltimore…

-Pues fue algo que surgió durante el rodaje, realmente. Me gusta mucho confiar en mis colaboradores y el departamento de cásting, de Eva Leira, Jina Jay y Yolanda Serrano, ha hecho un trabajo excepcional. Mi labor como director, con esos protagonistas en los que se mezclan Álvaro Mel, sin experiencia en cine, o Stanley Tucci, que ha estado nominado al Oscar… en realidad es una maravilla. Es un juego muy bonito. Tenía que conseguir que todo el mundo se sintiera seguro y partícipe, y que sintieran que estaban aportando algo a la serie. Para eso, lo más importante es la confianza.

Amenábar dirige, en "La Fortuna", al actor e "influencer" Álvaro Mel
Amenábar dirige, en "La Fortuna", al actor e "influencer" Álvaro Mel FOTO: Movistar+

-Álvaro Mel, que parte de la audiencia conocerá por su labor como “influencer” encarna al estereotipo de “lo Cayetano”. Viene de la carrera diplomática, habla de patriotismo y cree firmemente en lo conservador, pero además es fan de Cousteau o Tintín. ¿Hay algo suyo en ese personaje?

-Las referencias a Tintín y Cousteau ya estaban en el cómic original de Roca, pero es algo que le comenté a él directamente. Me era extremadamente fácil identificarme con él. Quizá por eso decidí hacer la adaptación. Era alguien joven, un poco pardillo, que de repente se ve cargado con una gran responsabilidad. Esa es un poco la experiencia que yo tuve cuando empecé a hacer películas, en mis inicios, hace una eternidad. También resonaba en mí el salto a Estados Unidos, que quizá en el cómic es más anecdótico. Esa sensación de ser un David contra el Goliat del imperio moderno. Para mí ese Goliat era Hollywood, ese con el que lidié al principio y en el que nunca he vivido, pero sí ha estado presente siempre en mi carrera. ¡Una de mis primeras reuniones allí fue con los hermanos Weinstein! Imagínate. La sensación de que tienes que hacerte valer en un mundo de grandes figuras es algo que yo he vivido en carne propia y podía transmitir perfectamente.

-En la serie, usted vuelve al “este país es así”, el “Spain is different”. Quizá como si España se hubiera creído la Leyenda Negra. ¿Se ha vuelto este país cenizo de más?

-Probablemente, sí. Y eso te lo puede decir cualquiera que haya vivido un tiempo fuera. España es un país en el que se vive sorprendentemente bien para lo mal que hablamos de nosotros mismos. Parece, por momentos, que los españoles estemos deseando que se quiebre la convivencia. Nos denostamos y nos tiramos muchas piedras a nuestro propio tejado, por mucha razón que tengamos a veces. También mostramos un desprecio continuo por la cultura, y eso es algo que me parecía vital mostrar en la serie. No me gustaría hablar tampoco de patriotismo, en la serie, porque tiene unas connotaciones que no me gustan, pero sí creo que está bien reflexionar y reivindicar la sociedad en la que vivimos. Y en esta historia, por qué no, celebrar cuando las cosas se hacen bien.

-”La fortuna” juega a los contrastes. América y España. La izquierda y la derecha. Lo cultural y lo político. ¿Cómo se lleva con la palabra equidistante? ¿Le duele que la usen para definir su trabajo o está curado ya de espanto?

-Es complicado, pero me gustaría acordarme de una apreciación que me hizo Arturo Pérez-Reverte después de ver “Mientras dure la guerra” y que comparto. Me dijo: “La película no es equidistante, es ecuánime”. La equidistancia supondría ponerse a la misma distancia entre Francisco Franco y Miguel de Unamuno, y yo sobre quien he hecho la película y con quien me identifico es con el segundo. Es con el que busco las conexiones y las simpatías. Sí es verdad que intente retratar ese período sin caer en tópicos y con delicadeza, pero me gustaría hablar más de ecuanimidad y de honestidad conmigo mismo. En aquella película, y ahora en la serie, abordo España como marco de convivencia. Sobre cómo en España, y en su diversidad política, está realmente la virtud de la Democracia. Si todos pensáramos lo mismo, estaríamos en una dictadura. En el caso concreto de la serie vi la posibilidad de hablar de ello a través de los personajes, que se enamoran pese a sus diferencias políticas. Y quise apostar por ello, porque soy más de convivencia.

-En su serie se explicita dos veces la palabra “expolio”, y siempre aplicada al lado de Estados Unidos. ¿Por qué Latinoamérica siempre ha tenido tan poca voz en estos conflictos y peleas democráticas?

-A mí también me llamó mucho la atención, y de hecho se lo pregunté directamente a Paco Roca, que estaba mucho mejor documentado que yo al coger el proyecto. Él, en el cómic, lo trata de pasada explicando que Perú, en aquel entonces, ni siquiera estaba constituido como Estado o país soberano. Pero, evidentemente, es un debate que se presta a abrirse de nuevo y seguro que lo hará, con más fuerza, desde la propia Latinoamérica. Por supuesto, en países como México, que vive instalado en esa especie de esquizofrenia identitaria en la que el colonialismo, lo indígena y el país moderno chocan continuamente. Daría para otra serie, absolutamente.