Teatro

Lola Herrera: “Franco tuvo poder, pero no tanto como para enviarnos una pandemia por cambiarle de sitio”

Visita Madrid con “Cinco horas con Mario” por última vez. Una obra que es historia de la escena española y buena parte de la vida de gran dama del teatro desde que la estrenase en 1979

Lola Herrera afronta la última etapa de su personaje más emblemático, Carmen Sotillo
Lola Herrera afronta la última etapa de su personaje más emblemático, Carmen SotilloDaniel Dicenta Herrera Pentación

Cualquier cosa que se diga para presentar a Lola Herrera (1935) está de más, así que vayamos al grano: la actriz está en Madrid por enésima vez con “Cinco horas con Mario”. Todo un hito. Si ya la ha visto, corra porque, avisa, “esta vez sí que es la última”, y si no la ha visto, pues entonces sí que no hay excusa para no acercarse a este pedazo de la historia. Estará en la capital (Teatro Bellas Artes) hasta finales de noviembre, aunque no será hasta enero cuando acabe la gira y “Menchu”, Carmen Sotillo, Herrera, diga “adiós” para siempre al muerto más velado de España. Para ello, la pucelana ha recargado pilas este verano en Ibiza: “La paz es necesaria es un mundo tan loco: el silencio, solo el sonido del mar, sin aglomeraciones... Es una delicia”.

−¿De qué tenía que desconectar?

−Del ruido a todos los niveles, en la calle, en los medios, el de la sociedad... Somos muy ruidosos. Dedicarse a la contemplación un rato es un regocijo.

−Un privilegio...

−No hacer nada es gratificante. Meterme en una piscina, en el mar, ir a una calita en la que no haya gente... Esos lujos que no se pueden permitir más que una vez al año.

−¿Muy lejos del Ibiza de las discotecas?

−Esa Ibiza no la he conocido nunca. Las discotecas las perdí de vista hace muchos años. No estaba ni de moda [ríe]. Además, yo soy enemiga del ruido. Me trastorna todo lo que sean megafonías, saltos, música ensordecedora. El mundo de la nocturnidad no me ha atraído y menos ahora, ¿qué voy a hacer yo en una discoteca aparte de morirme del horror? Eso sí, he bailado mucho, he escuchado jazz, pero en mi época había menos ruido.

−¿En “mi época”? ¿No me dirá que ya ha pasado su época?

−No, no, estoy viva en todos los sentidos. Hay que aceptar el tiempo con valentía, tranquilidad y poniendo en práctica todo lo aprendido a lo largo del camino. Estoy en un momento de serenidad que también tiene su punto, aunque mucha gente no lo quiera ver. Los jóvenes piensan que todos los que pasamos de 60 años somos Matusalén. Cuando yo era joven había otro respeto, se tenía otra consideración al mayor. Los viejos eran personas.

−¿Esa brecha es culpa de la tecnología?

−No, todo contribuye, pero indudablemente el mundo va a una velocidad que se lleva por delante todo lo que se encuentra por el camino. Eso sí, los adelantos tecnológicos tienden a aislar a las personas.

−¿Qué le queda por aprender?

−No, yo ya no tengo tiempo para eso. Tengo menos tiempo porque necesito más tranquilidad, muchas más horas de paz si quiero trabajar, que es lo que quiero, es lo que me gratifica. Debo dosificar mi tiempo y me distraigo con cosas que no me cansan. Mido mucho el descanso. Soy muy disciplinada para hacer lo que me gusta, aunque las pilas sean Duracell, cada vez me duran menos.

Concha Velasco anunció día que se bajaba de los escenarios...

−Pues me enteré tarde porque estuve a mis asuntos. Pero no tengo una conexión grande con ella. Trabajamos con la misma empresa, pero apenas nos vemos. No tenemos relación de amigas, sí de compañeras. En todo este tiempo solo hemos trabajados juntas una vez, en “Las chicas de oro”. Sé que había problemas de salud, de ganas, de irse ya a casa.

−A usted no la veo con ganas de dejarlo.

−Mientras esté en condiciones, ya me lo puede pedir el Papa, que yo no me voy de aquí. Mi trabajo es mi energía, es una forma de vida. El directo es una cosa muy especial.

−¿No le llama esa vida contemplativa en Ibiza?

−Un ratito sí, para cargar pilas. Con 15 días me conformo, un mes como máximo. Cargo energías con bastante facilidad, igual que las pierdo. Tengo poder de absorción y de expulsión bastante fuerte.

−¿Esta vez sí es la definitiva? ¿Va a decir adiós para siempre a Mario?

−Parece que sí. Se ha alargado la cosa por la Covid.

−¿Ya sabe cómo va a despedirse de Menchu?

−No. Creo que siempre estará en mi vida. Delibes siempre estará en mi vida, es el padre de la criatura. Esta experiencia ha sido muy importante para mí en muchos niveles. Menchu me ha inspirado. He sentido gran compasión por ella porque es víctima del entorno y de la sociedad de entonces.

La actriz este mismo mes de septiembre durante la presentación de la temporada de los teatros de Pentación FOTO: Rodrigo Jiménez EFE

−Hay gente que dice que, como Tutankamón, mover el cuerpo de Franco trajo la pandemia. Usted ha meneado a Mario durante más de 40 años, ¿cree en las maldiciones?

−No creo en la maldición de nadie. Cada uno tiene que estar en su sitio. Franco tuvo poder, pero no tanto como para enviarnos una pandemia por cambiarle de sitio.

−¿Cómo es su día a día?

−Me encanta ir al mercado, al mío, al de Alonso Cano: ver, elegir, saber qué pescado hay... Me gusta bajar a la compra. Luego ya no puedo con el carro, pero me lo suben. Me gusta el directo, hablar con esa gente que se mata por traernos la comida.

−¿Le preocupa la subida de la luz?

−Sí, todo lo que sea un despropósito y esto lo es. No sé cómo calificarlo, pero tendrán que arreglarlo. Lo mismo volvemos a la vela, aunque, entonces, ya se encarecerán las velas. No puede ser que todo sea tan caro. Todo sube y lo que va a paso de tortuga son los ingresos y los sueldos. Está todo desfasado en este mundo. Vivimos en una sociedad inhumana.

−¿Ni la pandemia nos ha humanizado?

−No, la gente se ha asilvestrado. Muchos se han portado muy bien, la mayoría, pero hay un despropósito general. No entiendo lo que pasa en la calle, esta barbaridad de arremeter contra los homosexuales, los botellones sin límites... Sabemos que hay que disfrutar, todos hemos sido jóvenes, pero con medida. Ser joven no te hace ser un salvaje.

−¿Qué le pediría al ministro de Cultura, el señor Iceta?

−Ufff. No sé por dónde empezar. Hay mucho que hacer. Falta cultura a todos los niveles. La base de un ser humano es la formación y los valores. Así que le deseo mucho trabajo porque, además, sé que es un buen trabajador.

−Pues no le gustó demasiado el cambio de cartera.

−Seguro que hará todo lo que pueda porque está visto que no siempre se puede hacer todo lo que uno quiere. Desde casa vemos y pedimos, pero parece que los poderes económicos tienen más fuerza que la política. Mandan en todo.

−Tiramos de tópicos: un baile sí se echaba con él, ¿no?

−Por supuesto, porque baila divinamente.

−¿E iría a ver un espectáculo de Plácido Domingo?

−La verdad es que no. Y no porque no me guste cómo canta, que me encanta su voz y su trayectoria artística, pero no lo vería con agrado. Aunque diga que era una cosa que se llevaba y que era normal en su época, me parece muy mal. Puedo estar sin verle. Si quiero escucharlo me pongo el CD y solucionado.

−¿No le sale el aplauso?

−Exactamente.

−Al 2021 le pidió que la gira no se detuviera, que era sinónimo de que todo iba bien, ¿qué le pide al futuro?

−Que desaparezca la pandemia y que se rebaje la agresividad, que baje el tono, también lo de los talibanes... Hay tantas desgracias y tantas zonas terroríficas... Hay mucho que arreglar. No sé por dónde empezar. Lo primero que deseo es la paz.

−¡La paz mundial! Esto parece un certamen de Miss España.

−La paz mundial es imposible. No existirá o, al menos, yo no la voy a conocer. Pero sí una tolerancia mayor. Y salud para las pandemias, mira la cantidad de gente en el mundo que no tiene vacuna. El sitio en el que naces es muy importante para todo.

El personaje de Carmen Sotillo, "Menchu", ha acompañado a Herrera durante más de 40 años FOTO: LA RAZON LA RAZON