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Esther Paniagua: «Si cayera internet el límite para llegar a la anarquía son 48 horas»

La escritora y periodista revela en «Error 404» que la red caerá en algún momento. Para los expertos no es una posibilidad. Solo es cuestión de tiempo. Ella explica por qué y qué sucederá en un libro que resulta ya imprescindible

Las aplicaciones de Facebook, Instagram y WhatsApp se cayeron esta semana
Las aplicaciones de Facebook, Instagram y WhatsApp se cayeron esta semana Richard Drew AP

La misma semana que se han caído tres célebres «Apps», Esther Paniagua publica “Error 404. ¿Preparados para un mundo sin internet?”, un ensayo certero, de prosa clara y didáctica, que no incide en pesimismos, pero que tampoco oculta verdades, y que avanza qué ocurriría en el mundo si cae la red de redes. ¿Coincidencia o profecía?

–El pasado lunes ha caído Facebook...

–Es un aviso de lo que puede pasar. Y eso que WhatsApp y Facebook son una parte pequeña de lo que se cuece «online». Son importantes, pero dentro hay más.

¿Puede suceder?

–Por varios motivos. Un error, como el que ha cometido ahora Facebook, en los servidores que afecte al conjunto de la web es uno de ellos. Existen procesos de actualización que generan pequeños errores y que podrían desembocar en otro mayor que lo tira todo abajo. También existe la posibilidad de que un hacker se aproveche de estas vulnerabilidades. En resumen existen tres causas principales: un fallo humano, un error de la tecnología o un ciberataque.

¿Internet es muy vulnerable?

–Llamamos DNS al sistema de dominios de internet. Para la web son como las direcciones para correos, para entendernos. Es una manera de conectar una cosa con otra. Pero estos sistemas son vulnerables porque no fueron diseñados para aguantar lo que soportan hoy. Funcionan bien, pero no están preparados para lo que soportan hoy y tienen puntos débiles. Por ejemplo, hubo unas horas en que todos los dominios «.es» fueron inaccesibles en España. En Suecia también ocurrió. Este país se borró del mapa digital durante un día entero. Otro punto débil son las plataformas de distribución de contenido. En ellas están, por ejemplo, los medios de comunicación. En los servidores de cuatro empresas se alojan casi todas las webs. Si hay un ataque coordinado a esas cuatro empresas, se acabó. También existe la posibilidad de un ataque dirigido a la fibra óptica submarina, que desconectaría internet, por no hablar, claro, de una tormenta solar, con la que retrocederíamos a niveles de la Edad Media.

–¿La consecuencia?

–No somos capaces de imaginarlas. En Cachemira hubo un apagón voluntario. Fue en 2019. Se apagó internet durante siete meses y, como fue voluntario, las consecuencias no fueron tan graves. Pero hubo ausencia comunicación, facturas no pagadas, problemas de carreteras cerradas, pérdidas económicas millonarias... Y eso controlado. Si ocurriera de forma inesperada, habría problemas de todo tipo. Se llegaría a la supervivencia.

–¿Sí?

–Los analistas fijan un límite: 48 horas. Es estar «a cuatro comidas de caos». O sea, si internet cayera solo habría dos días antes de llegar a la anarquía. Nos podemos encontrar con problemas de abastecimiento. Es complejo de imaginar, pero muchas gestiones se detendrían y afectarían a servicios de hospitales, empresas... la interrupción provocaría una paralización similar a un apagón de electricidad total. Y hoy internet es tan esencial como la electricidad. Nos podemos encontrar con una situación caótica a medida que pasa el tiempo. Además, ya conocemos lo que sucede cuando cunde el pánico en la gente. Lo hemos visto ahora con la Covid. Todo el mundo compraba papel higiénico al inicio de la pandemia. Su percepción de la realidad no era cierta, pero eso reacción no se esperaba y se agotó. Nos podemos encontrar con una situación caótica a medida que pasa el tiempo. Es el efecto dominó.

La periodista Esther Paniagua
La periodista Esther Paniagua Xavier Torres-Bacchetta Debate

Sería duro.

–Conseguir fármacos para la vida de las personas es muy importante y cuando esto se convierte en un problema, por ejemplo, un padre que tenga una hija con diabetes, él hará lo que sea. Entras en desesperación. Esto por no hablar si nos encontráramos con una situación de hambre. Con la caída de la red existiría también la posibilidad de que hubiera más muertes porque los centros sanitarios no estarían en condiciones óptimas, obviamente.

–Y tampoco habría dinero.

–Es un error que desaparezca el dinero físico porque nos hace más vulnerables. Es como esa gente que quiere incorporar dispositivos a su cuerpo. En cuanto tengas uno, te pueden hackear. De hecho, ya alguien puede hackear tu marcapasos y matarte. Con el dinero sucede igual. Si en Cachemira hubo problemas con el pago de facturas, imagina si no es controlado. Para una sociedad digital es importante tener un respaldo analógico, porque si desaparece lo digital, la salida es y complicada. No pones dinero en circulación en dos días.

¿Todo lo que se conserva en el mundo digital se podría perder?

–Todo lo que no tenga una copia física se puede perder si se cae internet. Si cae internet, el problema es que cuando vuelva a funcionar, a lo mejor no vuelve todo ese legado. También es posible que alguien lo destruya. Cada vez es más sencillo. Ahí caería la música, los libros... Soy partidaria, y recomendaría para estar prevenidos, mantener lo analógico, porque, además, si lo llevamos todo a lo digital, perdemos puntos de interacción y socialización física, de placer y de belleza. Hay temas que son nostálgicos, como ir a comprar un disco, pero también existe una cuestión que es social.

Teletrabajo: ¿Espían nuestras reuniones?

–Tenemos aplicaciones que pueden sacar capturas de pantalla de lo que estamos viendo o que averiguan lo que estamos tecleando. Cuando damos permisos a una App no lo hacemos solo para cuando las estemos usando, sino también para el resto del tiempo. Por eso, pueden estar grabando. En el ámbito del trabajo tienen esta capacidad. Están diseñadas para eso, para el seguimiento. Esto es el uso más tiránico de la tecnología.

–Una frase de su libro: «Los gobiernos siguen delegando la digitalización en los gigantes tecnológicos, que continúan atándoles las manos».

–En las escuelas, la administración y las compañías que apuestan por el teletrabajo... todos usan las tecnologías que existen. Google Drive, Microsoft Teams... Dependemos de ellas a la hora de externalizar proyectos o afrontar la digitalización. Pero esta tecnología es la que recopila nuestros datos. El Estado está perdiendo poder frente a estas empresas, que cada vez tienen más influencia. Ellas controlan el discurso. Poseen una capacidad de manipulación de la gente que no poseen los gobiernos. De hecho, los políticos las usan en su beneficio para llegar a la gente de manera no muy ético. Se está privatizando la gobernanza.

–¿Explíquese?

–Son estas empresas las que marcan las reglas, las que se autorregulan sin que exista intervención de nadie. Han amasado poder de manera ilegítima. Facebook encara hoy denuncias por abuso de poder. Estamos en la infancia de esta regulación. Ahora se está intentando hacer. Sobre todo, en Estados Unidos. Pero quizá estas iniciativas deberían estar marcadas desde un ámbito supranacional.

–Estamos desprotegidos.

–Estas plataformas deciden quién interviene o no en la esfera pública. Por ejemplo, cuando echaron a Trump del debate público. Podemos estar de acuerdo o no con él, pero este hecho revela la capacidad de estas compañías para marcar quién interviene o no. Eso tendría que decidirse a nivel judicial. Estas plataformas están a ese nivel. Y podrían hacer cosas peores, pero estamos en un punto de inflexión. Estados Unidos ya está llevando una iniciativa de regulación en el panorama digital y poniendo límites. Ahora lo que hace falta es que se haga cumplir la ley, porque ya tenemos suficientes normas para atajar muchas de esas acciones, como la competencia desleal y los temas de privacidad. Pero se tienen que hacer cumplir.

También habla de cómo la Justicia discrimina por raza

–Esto es muy grave. Es un gran problema. No solo por la digitalización, también por la Inteligencia Artificial. Esta tecnología sigue patrones. Se basa en datos históricos y los datos históricos reflejan una realidad social discriminatoria. Hay sistemas que discriminaban a mujeres para determinados puestos, porque, según sus datos, siempre ha habido hombres en esos empleos. Pero eso se debe a que la incorporación de las mujeres al mundo laboral fue más tardía. Sin embargo, estos sistemas lo que aprenden es que en esos trabajos precisos siempre ha habido hombres en un 80 o un 90 por ciento de los casos. Para estos programas, ser hombre es una cualidad positiva, porque estos sistemas son estadísticos, leen volúmenes de datos y de ellos infieren decisiones que pueden ser correctas, o no. La tecnología no tiene sentido común.

¿El resultado...?

–Que han dejado a personas sin trabajo y sin ayudas estatales en Estados Unidos. Estos usos son peligrosos porque son invisibles. Nadie se da cuenta de que existe este problema hasta que alguien detecta algo raro. Muchos casos han salido a la luz porque ha habido periodistas que han decidido averiguar qué sucedía o por qué las prestaciones por desempleo se habían reducido. En una ocasión, se cree, que fue culpa de un software no demasiado avanzado que disminuyó estas ayudas. Si no se sabe, se cruzan malos datos o diferentes software, se pueden originar programas discriminatorios. Pero también existen discriminaciones intencionadas. Facebook, para orientar sobre riesgo crediticio de sus usuarios a compañías aseguradoras, se basó en el número de sus contactos en esta plataforma, lo cual no es riguroso, por decirlo de una manera suave. Hace unos años, en una prueba que se hizo de selectividad, había un registro de procedencia que penalizó a los alumnos con buenas puntuaciones pero que venían de barrios malos.

El error que conduce al horror

★★★★★
«Error 404. ¿Preparados para un mundo sin internet?».
Esther Paniagua
DEBATE 345 páginas,17,90 euros
Por Juan Scaliter
La autora se adentra en su libro en las consecuencias de que caiga la red, pero resalta también lo necesario y beneficiosa que es.
Respetada pero no famosa, precisa, aunque sin ser grandilocuente y conocedora sin llegar a ser soberbia. Esther Paniagua (Madrid, 1986) lleva décadas dedicándose al periodismo de ciencia y tecnología y un libro con su nombre era un paso tan esperado como deseado. Y «Error 404. ¿Preparados para un mundo sin internet?» es precisamente un título que resulta necesario. Lo interesante del trabajo que ha desarrollado Esther Paniagua es que si bien nos enfrenta a todo lo que sabemos en la actualidad sobre la red (su falta de control, de la manipulación que existe, de la polarización y el odio) también nos habla de un futuro muy probable y que puede ser estremecedor: su caída. Pero no una que tiene que ver con la ruptura de los sistemas tecnológicos que rodean la llamada red de redes. No habla de un «sabotaje» externo, sino de una implosión que se está gestando (así, sin condicionales) desde el interior de internet. Paniagua nos habla, a través de sus palabras y de las voces de expertos reconocidos que ha recogidoo, sobre cómo dejamos crecer a una bestia hambrienta de poder sin dar ningún paso previo para su regulación. Igual que ocurrió con otras tecnologías, como la energía nuclear o la inteligencia artificial. Pero no nos equivoquemos. No se trata de un libro apocalíptico. La autora nos muestra primero las turbulentas olas de un mar agitado y luego nos lleva al fondo del mar, para que no solo veamos lo que agita la superficie, sino todo lo que nos estamos perdiendo si no hacemos algo.
Repensar la red
Un ingrediente que rápidamente se percibe en «Error 404», a pesar de que podría tratarse de un libro que por datos, citas y entrevistas podría recordarnos a un ensayo, es el uso de la imaginación. Esther Paniagua nos lleva a repensar la red e imaginar cómo podría ser y qué conseguiríamos nosotros, los humanos, gracias a ella. Desde cosas tan simples, pero sin duda beneficiosas para la humanidad, como la posibilidad de intervenir tumores a distancia como cambiar el planeta. Y en medio, en el camino, también evolucionar como especie. Lo dicho, un libro deseado, pero que también resulta necesario hoy en día. Sobre todo si atendemos a los hechos que hemos vivido recientemente y las noticias que nos han llegado.
▲ Lo mejor
La autora no improvisa: cada página pide ser subrayada y nos brinda argumentos muy sólidos
▼ Lo peor
Habrá una segunda parte... debido a nuestra ignorancia principalmente