Máximo Huerta: “Existe la maldad y la bondad, y en la vida chocan muy a menudo”

Publica “Adiós, pequeño”, Premio Fernando Lara de novela, un libro de tintes biográficos

El escritor Máximo Huerta
El escritor Máximo Huerta FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Máximo Huerta asegura que este libro es involuntario, que ha ido creciendo y escribiéndose en su interior sin darse cuenta. «Adiós, pequeño» (Planeta), Premio Fernando Lara de Novela 2022, es una novela de grandes complejidades interiores y significativos silencios, donde el autor revela, con premisas de novela, pasos de su memoria, revelando que no todos los matrimonios son amores felices y que la infancia puede resultar un guiñol siniestro.

¿«La vida es ahora»?

Estamos viviendo una vida dispersa y creo que es por la prisa. Hemos perdido el asombro que teníamos de niños y hay que recordar que el enemigo del conocimiento es la costumbre. Tenemos que aprender a sorprendernos de nuevo con la belleza, volver a observar, pensar y sentir con intensidad. Se necesita más soledad y concentración. Vamos zapeando por la vida. La lentitud es muy necesaria. Hay que parar para disfrutar y recogerse en uno mismo.

No es lo que está de moda

La vida está para gastarla. No la vamos a disfrutar mejor por ir más deprisa. Hoy es una rebeldía ir en pausa. Ahora es cuando he cogido mi tiempo, he parado, he vuelto al pueblo y he levantado una casa de nuevo. Es cuando me he reencontrado con objetos de mi abuela... Hay que hacer de los recuerdos joyas de ámbar.

Si la vida es ahora, ¿para qué recordar entonces?

Para disfrutar de la vida. Nuestra vida es una antología de fragmentos, un muestrario. El resto lo destruye el olvido. Hay que detenerse para saborear lo que la memoria ha dejado en pie como edificios. Pero tenemos que conocer que la memoria es muy novelesca y lo mitifica todo. Los recuerdos ayudan a celebrar la vida de otra manera.

¿Qué papel juega la escritura?

El libro es la única máquina del tiempo que se ha inventado. Leer un libro o escribir un libro te permite usar esa máquina. Este libro es así. A veces uno responde con la vida entera a las preguntas. No recuperas a los seres queridos con los recuerdos o al escribir sobre ellos, pero te da respuestas.

Reflexionas sobre la escritura.

La palabra es impresionista y subjetiva, y te lleva a lugares donde no esperas, con la verdad y de una manera sincera. La palabra es fundamental para el recuerdo porque ponemos nombre a las cosas... Los libros que he leído se han galvanizado en este texto. En este caso la prosa poética me ha vampirizado la prosa.

¿Una palabra dura?

«Infancia». Siempre nos obligan a recordarla desde la felicidad, todos la mitificamos, pero la infancia es durísima y muy ingrata. Cuando la miras con microscopio te das cuenta de que es una época de miedos y de inseguridades. Nunca la he idealizado. Siempre he creído que había cierta madurez en el niño que fui. Creo que existe maldad, bondad y personas luminosas. Y chocan entre ellas. En la infancia sobre todo. Ahí es donde sobresale más el mal y la generosidad. Este libro es una despedida de eso. En la vida hay que ir despidiéndose de las cosas. La vida es una colección de despedidas.

El silencio es un tema.

Esta es la historia de una familia que intentó ser feliz con los silencios, que guarda secretos. Estos silencios quedan. Verbalizar, a veces, puede ser peligroso, porque te vuelves vulnerable. El silencio ha hecho más fuerte a las personas de la novela. Esto ha sido lo más complicado de narrar: las elipsis, la ausencia de personajes. También hay heridas, pero heridas, arañazos y cicatrices te recuerdan quien eres. Están bien que estén.

Son máscaras.

Todos disimulamos para fingir una vida feliz. El Instagram es de ahora, pero las máscaras y los filtros estaban ya antes. Los filtros han existido para crear la ilusión de que somos felices.

Y está la muerte.

La muerte me da miedo. Soy consciente de que todo tiene un punto final. Por eso quiero parar el tiempo, para no tener miedo a la muerte.