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La belleza de la fealdad

La entrevista Ali Abbasi dirige «Border» donde la diferencia y la condición humana se diluyen en una historia de intriga y soledad.

  • La belleza de la fealdad

Tiempo de lectura 2 min.

11 de enero de 2019. 03:30h

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Marta Moleón .  11/1/2019

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Hace diez años que Ali Abbasi se acercó por primera vez a «Border», la novela corta de John Ajvide Lindqvist. Lo suyo fue uno de esos encuentros fortuitos que ocurren pocas veces en la vida y acaban desembocando en una dilatada, compleja y ardua relación estancada en el tiempo, generando, en este caso, un resultado ampliamente satisfactorio. El salto cinematográfico de esta historia adopta la diversidad como baluarte y la identidad sexual como pretexto para mostrar la cara más inmoral de nuestra condición humana. Como ya hiciera con «Shelley», su anterior película, el director iraní vuelve a abordar el tema de la maternidad a través de una peculiar protagonista que no es capaz de sentirse parte de un todo, sin dejar de renunciar a sus pequeños conatos de excepcionalidad. Tina es un bicho raro contemporáneo que vive en mitad del bosque con una pareja que se limita a acompañar su soledad y vaciar su nevera mientras trabaja para el control de aduanas sueco detectando y atrapando escurridizos delincuentes a través de su olfato. Gracias a su implacable capacidad para oler emociones, Tina será capaz de desentrañar un complicado caso de pornografía infantil y conectar de forma inesperada con Vore, un pasajero anatómicamente deforme que comparte con ella algo más que su gusto por los insectos. La poderosa reflexión sobre la búsqueda del elemento que nos hace humanos y la constante pregunta sobre la identidad que subyace durante el transcurso de la trama es algo que Abbasi parece tener bastante claro.

Sospechosamente humanos

«Pienso que de aquí a los próximos veinte o treinta años voy a seguir preguntándome lo mismo. A seguir cuestionándome qué somos. Habrá gente o cosas que se parecen o actúan como las personas, pero que no son legalmente personas y habrá que aplicar una definición que se ajuste a esos comportamientos. Para mí, somos todos animales, pero sin duda, la característica específica que nos diferencia de cualquier otra especie es la empatía que podemos sentir hacia otras personas. No sabemos ser sin el otro», asegura el director. Una empatía cuyos protagonistas plasman a través del lenguaje universal del sexo de una manera descarnadamente enloquecida y humana para conseguir desprenderse de sus particulares demonios y sentir por primera vez el golpe liberado del placer sin culpa. Ali reitera su interés en que esta relación con el sexo que establecen los personajes estuviera desde el principio completamente integrada en su cotidianidad: «Quería incorporarlo como algo natural en sus vidas. Quería que lo sintieran como una necesidad más». «Border» atraviesa conciencias y plantea preguntas con el fin de señalar el abanico identitario de nuestra propia existencia.

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