Cultura

El cambio de viento que retrató a todo un Imperio

Los cronistas otomanos dejaron escrito que la lucha naval estaba controlada hasta que la meteorología les dio la espalda; a lo que se sumó la muerte de su líder, Alí Pachá, que desató el caos entre los soldados

Muestra de unos de los cascos empleados por el Imperio otomano en el siglo XVI
Muestra de unos de los cascos empleados por el Imperio otomano en el siglo XVIDesperta Ferro Ediciones

La Batalla de Lepanto, tras la victoria otomana sobre las potencias europeas aliadas en Préveza en 1538, fue la lucha naval más importante en la historia del Mediterráneo, además de la primera que perdieron los turcos en estas aguas. Tras Préveza, el Imperio extendió gradualmente su influencia en las aguas occidentales hasta establecer un «Mediterráneo otomano». El objetivo era el de poner determinadas islas bajo su dominio y, así, asegurar un control estricto del mar, y, aunque la campaña de Malta de 1565 fue ineficaz, los turcos continuaron siendo una amenaza para las bases españolas y venecianas.

Más adelante, en 1570, Chipre, como punto estratégico, fue el territorio que atrajo la atención de los cabecillas otomanos, y a por él que se lanzaron. Una conquista que provocó la alianza de grandes armadas, como la de los Estados Pontificios, Venecia y España (20 de mayo de 1571). Como Venecia no había sido militarmente capaz de desafiar a la armada otomana en Chipre, trató de vengarse de esta forma de su caída y atacó las costas turcas desde Creta hasta el Adriático. La respuesta fue una nueva flota otomana que surcaría el Mediterráneo para saquear las islas venecianas y luchar contra los aliados, que vendrían contra ellos. Dos armadas, con Pertev Pachá y Alí Pachá al mando, fueron preparadas, y los gobernadores de Rodas, Alejandría, Eubea y Lesbos las apoyarían con sus propios efectivos. Los barcos de Argelia y Trípoli también participarían en la campaña.

Llegaban noticias de la armada europea y, aprovechando la parada otomana en el golfo de Lepanto, se convocó un consejo de guerra para debatir dos cuestiones: aceptar la guerra en el allí mismo o partir a mar abierto. Uluj Alí, bajo la creencia de que el golfo era impenetrable, optó por la segunda opción, aunque pronto se vio que la realidad no era esa.

El domingo 7 de octubre de 1571, los barcos aliados se precipitaron sobre el otomano del gran almirante. Se acercaron y bombardearon su situación. Alí Pachá recibió un disparo con un arcabuz y murió, y sus dos hijos fueron capturados. El barco de Pertev Pachá se hundió debido al fuego de artillería, aunque él fue rescatado por un capitán otomano, que lo sacó del agua. Fue suficiente para que estallase el pánico entre unos soldados que comenzarían a luchar desordenadamente por salvar sus vidas. La mayor parte de la fuerza de combate turca cayó en la batalla, unos pocos se refugiaron en las montañas y otros, simplemente, se ahogaron.

Uluj Alí, por su parte, se dirigió a mar abierto junto a treinta barcos argelinos. Se enfrentó al enemigo y destruyó varias naves. Algunos de sus barcos también fueron alcanzados por el fuego de artillería. Capturó un barco maltés y decapitó a su capitán. Logró alguna presa más hasta que dirigió su flota hacia Moton sin ninguna baja. Pertev Pachá desembarcó en Préveza y llegó a Lepanto por tierra el 17 de octubre. La guerra fue feroz y sangrienta, como recordó el cronista Gelibolulu Âlî (1541-1600). Escribió que, en la primera fase de la batalla, los barcos turcos salieron victoriosos y que la armada aliada fue casi derrotada, pero que la guerra se perdió cuando el viento cambió y Alí Pachá perdió la vida.

La noticia de la derrota tardó quince días en llegar a Estambul y, al día siguiente, se enviaron órdenes del Consejo Imperial para proteger las costas del Peloponeso y el Adriático. Además, se ordenó la construcción de más barcos en el Arsenal Imperial y astilleros en las costas del Mar Negro y el Egeo para una nueva armada. En la correspondencia oficial no se hicieron comentarios negativos sobre la guerra, y nadie fue señalado por la derrota. El resultado simplemente fue aceptado como «la voluntad de Dios». No así los cronistas, que sí culparon a Pertev Pachá y Alí Pachá por no hacer caso a los marineros más experimentados durante el consejo de guerra. Así, Uluj Alí se convirtió en el nuevo almirante jefe. E incluso cambió su nombre por el de Kılıç («espada») por orden del sultán.