Cultura

Los comuneros que querían cambiar la historia de España

La batalla final del levantamiento armado de las Comunidades de Castilla tuvo lugar un día como hoy de 1521 en Villalar

"Ejecución de los comuneros de Castilla", del romántico Antonio Gisbert
"Ejecución de los comuneros de Castilla", del romántico Antonio Gisbert FOTO: archivo

Se conoce como guerra de las Comunidades de Castilla el levantamiento armado que hubo de 1520 a 1521. La batalla final tuvo lugar un 23 de abril de 1521 en Villalar. ¿Por qué se produjo este levantamiento? Estamos hablando de la época en la cual Carlos I había llegado a España para ser proclamado rey, tal y como lo había ordenado su abuelo Fernando el Católico en testamento datado pocos días antes de su fallecimiento. El nuevo rey era un desconocido para los españoles y España para él. No sabía hablar castellano y desconocía la idiosincrasia del país. Los comuneros deseaban cambiar la historia de España. Su intención era ganar y poner a un rey de España que fuera español o, como mínimo, que se adaptara a las características que ellos pensaban. De haberlo conseguido, hoy en día la historia de España sería diferente.

Ahora bien, aunque el origen del levantamiento fue este, también se ha querido ver en él una guerra antiseñorial, una revolución burguesa, o como un movimiento antifiscal y particularista de índole medievalizante. El último gran enfrentamiento tuvo lugar en Villalar (Valladolid) el 23 de abril de 1521. Se enfrentaron las fuerzas realistas partidarias de Carlos I, al mando de Íñigo Fernández de Velasco y Mendoza, contra las comuneras de Santa Justa. Los comuneros estaban en Torrolobatón (Valladolid). Juan Padilla y sus hombres estaban acuartelados dentro del castillo. La intención era partir o bien a Valladolid o a Toro. El condestable Fernández de Velasco es taba en Peñaflor de Hornija (Valladolid). A él se unieron otras tropas.

Enfrentamiento inevitable

Padilla tenía que recibir un contingente de soldados y artillería. Al negarse el regidor Luis Godínez a dirigir a estos hombres, quedó sin avanzar hacia Torrolobatón. Con lo cual la situación de los comuneros era crítica. Padilla no tuvo más remedio que salir de ahí dirección Toro. Esto ocurría el 23 de abril. Cuando llegaron cerca de Vega de Valdetronco se dieron cuenta de que el enfrentamiento con los realistas era inevitable. Padilla buscó un lugar propicio para presentar batalla. Se eligió Villalar.

Muchos de los soldados comuneros, al ver lo que iba a pasar, decidieron abandonar el ejército y regresar a sus casas, pues no vivían lejos de ahí. Los que se quedaron vieron como la caballería realista se lanzó al ataque. La derrota fue fulminante. En aquella batalla capturaron los realistas a Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado. ¿Quiénes eran? A parte de calles de muchas ciudades, líderes de los comuneros de Castilla. Juan Padilla era un hidalgo castellano de origen toledano. Casado con María López de Mendoza y Pacheco, que asumió el mando de las comunidades de Castilla desde Toledo. Francisco Maldonado era un capitán salmantino. Juan Bravo pertenecía a la baja nobleza, familiar del conde de Monteagudo de Mendoza, Juan Bravo era primo de María Pacheco.

Los tres fueron decapitados en Villalar el 24 de abril de 1521. Sobre el momento de su ajusticiamiento existen diferentes anécdotas o relatos. Se explica que Juan Bravo pidió ser ajusticiado primero para no ver morir a Padilla. Además de esta…

Como Juan Bravo oyó decir en el pregón que los degollaban por traidores, volvióse al pregonero verdugo, y díjole: “Mientes tú, y aún quien te lo manda decir; traidores no, más celosos del bien público sí, y defensores de la libertad del reino”. El alcalde Cornejo dijo a Juan Bravo que callase; y Juan Bravo respondió no sé qué, y el alcalde le dio con la vara en los pechos, diciéndole que mirase el paso en que estaba y no curase de aquellas vanidades. Y entonces Juan de Padilla le dijo: “Señor Juan Bravo, ayer era día de pelear como caballero, y hoy de morir como cristiano”. [...] Llegando a degollar a Juan de Padilla, estaban junto a él algunos caballeros; entre ellos era uno don Enrique de Sandoval y Rojas, hijo mayor del marqués de Denia. Juan de Padilla se quitó unas reliquias que traía al cuello y dioselas a don Enrique, y díjole que las trajese el tiempo que durase la guerra, y le suplicaba que después las enviase a doña María Pacheco su mujer. Hecho esto, yéndose a poner para ser degollado, vio que estaba allí junto, el cuerpo muerto de Juan Bravo, y díjole: “¿Ahí estáis vos, buen caballero?”. Luego le cortaron la cabeza en la manera que a Juan Bravo, y ambas las pusieron en sendos clavos en aquella picota.

Como consecuencia de aquel levantamiento la nobleza quedó definitivamente neutralizada frente a la triunfante monarquía autoritaria; su segmento alto o aristocracia, se vio compensada por su apoyo al emperador, con cuyos intereses quedaba identificada estrechamente, pero quedando clara la subordinación de súbditos a monarca.