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domingo 21 julio 2019
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Actualizado

Los Planetas, la sinfonía del autobús

El grupo de Granada y la Orquesta Sinfónica de Mujeres de Madrid sumergen Madrid en la emoción de un viaje sin destino.

  • Un momento del concierto. Foto: Alberto R. Roldán
    Un momento del concierto. Foto: Alberto R. Roldán
Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

23 de junio de 2019. 00:00h

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Ulises Fuente Madrid. 22/6/2019

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Con bastante retraso apareció Jota al frente de un batallón de cuerdas y metales. "Vamos a empezar un viaje a los confines del universo", anunció el cantante de Los Planetas y a continuación se echaron en falta los golpes de la batería de Erik (vestido de plata cual astronauta pionero) del icónico arranque de "Segundo Premio", que comenzó como si de Vivaldi se tratase. Había cierta incertidumbre sobre el resultado del experimento, pero la épica del pop se tradujo en una epopeya sentimental, una gatera al subconsciente de una generación que tiene un disco, "Una semana en el motor de un autobús', incorporado como a su biografía como un hecho de identidad.

Anoche se rendía homenaje en Las Noches del Botánico a aquel trabajo que ya ha cumplido dos décadas, y, tocadas en el orden de su publicación, estos temas hablan de la incertidumbre, del abismo que se abre delante del narrador, que trata de resolver la ecuación imposible de su vida. ¿Quién puede no identificarse con eso, con lo estúpidos que fuimos, las fuerzas que gastamos, el tiempo que perdimos? El disco y su historia siguen hablando del presente lleven los ropajes que sean. Unos 2.600 espectadores se subieron al autobús a ver adónde llevaba.

Jota, que seguramente está más cómodo cuando se arranca por bulerías en Casa Patas o farfulla en un festival, demostró que, si se lo propone, es capaz de vocalizar perfectamente delante de una treintena de músicas (¿se admite en, este caso?) que anoche hicieron desaparecer a Erik y Florent. Ambos hicieron un enorme ejercicio de contención para acoplarse al formato como un guitarrista al cantaor.

Y es que la adaptación de Alonso Díaz Carmona (Napoleón Sólo), más chocante al principio del repertorio, resultó brillante en "Parte de lo que me debes" y "Un mundo de gente incompleta", ejemplos perfectos de cómo hacer un formato sinfónico y no desnaturalizar ni caer en la grandilocuencia, evitar caer en un modelo (sin querer faltar) "raphaeliano", sino respetar la esencia de los temas y llevarlos más altos a otra órbita. Hasta la golfa "Cumpleaños total" pareció que hablase de metafísica y no de pegarse una fiesta.

Pero fue a partir de "Tóxicosmos", con ayuda del coro Barbieri, cuando el tiempo se contrajo. Si el formato pretendía dignificar las canciones de pop con una vestimenta clásica, mezclar dos mundos separados y hacer así una declaración de intenciones, lo lograron. El mejor ejemplo fue "Línea 1" y su temática costumbrista, la de un calavera que busca redención pero reincide, arropado por violines celestiales. "La Copa de Europa" era el premio final de la trilogía monumental que todo el mundo esperaba, una canción que no resuelve las preguntas del narrador sino que nos deja, a la salida de este viaje, con la sensación de que este autobús no termina de llegar a su destino.

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