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Santiago Sierra divide ARCO

Galeristas, coleccionistas y responsables de museos opinan sobre «Ninot», la escultura de la polémica. Hasta Vargas Llosa ha hablado. «Es una provocación de mal gusto», dice.

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28 de febrero de 2019. 14:37h

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Gema Pajares .  28/2/2019

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Mucha gente, mucho calor para febrero. Coleccionistas en masa, sobre todo, iberoamericanos que pican aquí y allá y hacen las primeras compras. Los puntos rojos ya se van animando. En Lelong Plensa se vende solo. Tampoco le ha hecho falta mucho a Helga de Alvear para colocar el «sold out» a una de las piezas de la española Ángela de la Cruz. Sin prisa. En el pabellón 9 la entrada a la galería Prometeo está abarrotada. Cámaras, televisiones y «selfies». Todos quieren ver el «Ninot», la penúltima ocurrencia de Santiago Sierra, en esta ocasión emparejado con Eugenio Merino. ¿Desluce la feria una polémica de estas características? Algunos galeristas están hastiados de tanto titular vacío y lo que quieren es hablar de arte. «En nuestra época no había que hacer esto para ser artista», dice uno de los nombres importantes del arte cuando comentamos el asunto. El sevillano Rafael Ortiz se ha pasado este año al pabellón más clásico, el 7. Está muy satisfecho con el stand y nota el planteamiento tan diferente al del otro espacio. «Que la anécdota se convierta en titular es algo que siempre perjudica. Creo que no se le debería dar tanta importancia mediática», asegura. Acierta a pasar Elvira González, clásica y grande en el mundo del arte. Confiesa Ortiz que si tuviera dinero suficiente le compraría a Íñigo Navarro el pequeño Calder que tiene a la vera del Kandinsky. «Es una obra para arruinarse», dice.

Por un pasillo, no sé ni de qué pabellón, nos topamos con Fernando Francés, ya ex director del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga y nuevo secretario general de Cultura de la Junta de Andalucía. «Menuda trabajera. No sabía que esto fuera así», nos dice el gerente para empezar. ¿Y de Sierra qué me cuenta? «Una cosa es el arte comprometido y otro el que se hace meramente para provocar y conseguir la primera página de los periódicos y acaparar ''selfies''. Respeto profundamente que con algunas de sus acciones, como la que hizo en India, se jugara la vida. Cosa bien distinta es que después de ver el éxito y la repercusión que tuvo el año pasado con la obra de los presos políticos haya decidido sacar rédito y rentabilizar la provocación frívola. El arte es otra cosa». El stand de Prometeo sigue a rebosar. Todos quieren una fotografía de la obra gigantesca. Y, aunque parezca mentira, la gente se interesa por el perfume que usa el Rey y con el que rocían cada cierto tiempo la escultura. Dicen en la galería que ya ha habido unos cuantos coleccionistas interesados en la pieza, extranjeros, no españoles. Que no han visto mal el precio, que estarían dispuestos a desembolsar los 200.000 del ala, pero que eso de quemar la obra, no. Piden su indulto. «Es imposible porque el comprador va a firmar un contrato en el que se compromete a quemar la obra». «¿Es que resulta que el binomio Sierra-Merino se acaba de inventar las Fallas?», es una pregunta que está en boca de todos, lo mismo que las expresiones «publicidad pura y dura» y «negocio rentable». En Espacio Mínimo ven en el «caso Sierra» un «día de la marmota. ARCO es más que eso».

El Perú más cultural

N

o muy lejos Mario Vargas Llosa y Juan Manuel Bonet charlan de arte peruano, de literatura, de ismos y vanguardias. Cuentan que el martes recorrieron despaciosamente la exposición del Museo Reina Sofía sobre arte latinoamericano, «Amauta». «La cultura del Perú está aquí. No hay nada que ocultar ni por lo que pedir perdón. Un peruano al verla descubrirá el gran centro cultural que fue Lima, su comunicación con otros países de América Latina y con el resto del mundo». El Nobel dice que «Perú no es un país con una identidad, un país con muchas identidades, las tiene todas. Hemos abierto las fronteras a China y Japón y eso ha aportado una enorme riqueza». Y habla con el cariño del amigo que le quiso bien, Fernando de Szyslo, fallecido en octubre de 2017, «el primer no figurativo peruano. Quizá si no hubiese decidido regresar a Perú hoy sería considerado como unos de los grandes latinoamericanos. Fue uno de esos pintores infrecuentes que demostró una gran pasión por la literatura».

Y al final de la charla, rodeado de periodistas, se refirió, también a la escultura que está en boca de todos: «Es una provocación de mal gusto. Provocación pura, nada más. No hay ninguna inventiva ni creatividad». Sobre la retirada de la obra aboga por la libertad de creación, aunque sea del peor gusto: «Me parece bien que ARCO permita que estén ese tipo de piezas», añadía al tiempo que se mostraba feliz «de la presencia de Perú como hecho cultural y no por tema de guerra o terrorismo». Para Juan Manuel Bonet es volver a caer de nuevo en los mismo: «Es una pesadez. Me provoca pereza. Ya consiguió ser protagonista el año pasado y ahora lo es de nuevo». Seguro que a la baronesa Thyssen, que ayer se paseó con toda su prole, tampoco se le pasa por la cabeza comprar la obra. No es extraño pensar que pueda acabar en la colección de Tatxo Benet, que ya compró las fotografías de los presos políticos de Sierra y las ha traído ahora a Madrid.

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