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El récord que puede pulverizar Carlos Sainz si gana el rally Dakar 2020

El madrileño afronta la prueba con 57 años al volante de un Mini

Carlos Sainz no necesita demostrar nada a estas alturas de su carrera, pero le cuesta pensar en la retirada. No quiere dejar de apretar el acelerador, por mucho que a su mujer cada vez le haga menos gracias eso de que cada mes de enero su marido se vaya al desierto a jugarse el pellejo.

El «Matador» ya ha amagado muchas veces con dejar el Dakar, pero siempre aparece en la línea de salida con el cartel de favorito y a tope físicamente. Esta carrera es adictiva y aunque en febrero y marzo el cansancio y las agujetas invitan a pensar en no regresar, la llegada del verano hace crecer el gusanillo y en septiembre uno ya está loco por pasar otra vez encima de las dunas y buscar el siguiente punto de paso en el libro de ruta. Puntual a su cita acudirá este 5 de enero el madrileño a la primera etapa del Dakar 2019, que cambia nuevamente de escenario. Deja Sudamérica para adentrarse por primera vez en Arabia Saudí, un territorio desconocido para la mayoría de los participantes.

Menos altitud a cambio de más kilómetros, lo que ha obligado a Sainz a modificar un poco su plan de preparación. Un entrenamiento de atleta de élite que antes incluía sesiones en la cámara de hipoxia para poder aguantar después en la altura de Chile o Bolivia. En Arabia no hay este enemigo, pero Carlos no baja la guardia, porque pilotar su Mini por el desierto día tras día requiere un físico perfecto. «Para este Dakar esperamos pasar muchas horas en el coche, con dos etapas cuyas especiales serán de más 500 kilómetros y cinco con más de 400, sin altura, pero con calor. Así que, en función de todo eso, hemos definido el tipo de entrenamiento. No se busca ganar volumen muscular, ya que no tiene mucho sentido, sino resistencia y fortaleza para lo que nos espera», reconoce Sainz, piloto Red Bull.

«Al ir tanto tiempo sentado, y con los golpes que recibes dentro del coche en saltos y dunas, sueles sufrir en la parte lumbar y también en el cuello», continúa Carlos, que realiza ejercicios específicos para que sus cervicales soporten el equivalente a 50 kilos de tensión.

Sainz busca pulverizar su propio récord de ganador más veterano, que ostenta desde que en 2018 se impuso con 55 años. Ahora ya tiene 57, pero sigue siendo un atleta de élite y mantiene intacta su dedicación. Su hijo Carlos, piloto de Fórmula Uno, admite que se sorprende cuando al levantarse por la mañana se encuentra a su padre ya machacándose en el gimnasio con la ilusión de un jovencito que está empezando. «Me siento orgulloso de seguir compitiendo y de haber sido el piloto más veterano en ganar esta prueba. Mucho más no va a durar (su carrera deportiva), pero creo que me he ganado el derecho a estar aquí y a disfrutar hasta que diga basta». Nadie ha sido capaz de imponerse en la prueba de motor más dura del mundo tan mayor como Carlos Sainz y esto es ya un motivo para subirse al coche. Quiere llevar más allá ese límite y para ello ha estado encima de la construcción del coche estos últimos meses. El «Matador» es muy metódico y su experiencia es clave para evolucionar los vehículos. Sabe dónde se puede sacar ventaja y los ingenieros hacen el resto.

El Dakar 2020 se adentrará en Arabia Saudí desde la salida en Yeda, el 5 de enero (ciudad donde tres días después arranca la Supercopa de España de fútbol) hasta la llegada el 17 a Qiddiya. El rally más duro del mundo se reinventa cada cierto tiempo. Por seguridad tuvo que dejar África ante la amenaza de atentados terroristas, y la economía le ha obligado a mudarse desde Sudamérica a Oriente en busca de inversores. Distintos escenarios, pero una misma dureza e idéntica clave para ser el mejor. «Pilotas tan solo con la información de las pocas notas que recibes del copiloto y de lo que ves. Tienes que tomar decisiones con lo poco que tu cerebro puede juzgar y eso a veces te engaña y te lleva a cometer errores, a ser demasiado optimista, porque piensas que el terreno es de una manera y acaba siendo de otra. Todo eso produce mucho estrés, mucha tensión y hace que la adrenalina se dispare», comenta Sainz en la web de Red Bull.

Carlos buscará su tercer «Tuareg» al volante de un Mini X-Raid, un buggy diesel que competirá con el poderío de los Toyota, con Nasser Al Attiyah a la cabeza, el equipo claramente de referencia en cuanto a opciones de victoria. El español irá un poco de tapado, un papel que no es malo para ir haciendo kilómetros y atacar en las etapas finales.