Fútbol

Zozulya, su amigo negro y su agente prorruso

Albacete y Rayo vuelven a enfrentarse en un partido de alto riesgo. El ucraniano, de peculiar entorno, vuelve a ser protagonista

Zozulya celebra un gol con el Albacete
Zozulya celebra un gol con el Albacete

A Roman Zozulya le costó volver a la normalidad después del partido de Vallecas. Los gritos de «puto nazi» contra él hicieron que se parara el partido y, aunque se marchó con una sonrisa camino de los vestuarios, los que le conocen lo interpretan como «una risa nerviosa». «Es muy tímido y a esa dificultad se añade el idioma. Ver de repente ese aluvión de críticas hacia su figura que no entendía le afectó», añaden en su entorno. «Es tímido, cuando marca un gol y van todos a abrazarle se pone colorado, siempre mira por el bien del equipo, por el grupo. Con lo de Vallecas él se vio en el foco y no quería salir, estaba triste», aseguran.

Para Zozulya no fue sencillo jugar en Vallecas. Planteó no viajar a Madrid y fueron sus compañeros los que le convencieron de que debía jugar. «Si voy, el ambiente va a ser peor y eso va a influir», decía. Pero lo consultó con su familia y se alistó en la batalla.

Antes de ese encuentro sus compañeros le hicieron una fiesta sorpresa. En Albacete es un ídolo y sus compañeros lo admiran. Le llaman el «Capitán» por el respeto que impone y porque siempre antepone los intereses del grupo a los suyos. Su única barrera es el idioma. Lleva un año recibiendo clases de español y, aunque se maneja para una conversación normal, cuando el asunto se complica busca ayuda. En la conferencia de prensa que dio tras el encuentro de Vallecas fue una ex jugadora ucraniana de voleibol que vive en Albacete y es amiga de su familia la que ejerció de intérprete. En el día a día es su representante, también ucraniano, el que le ayuda.

«En el vestuario no hay fisuras a la hora de defenderle», dicen en el club, donde no han encontrado un síntoma que les haga pensar que están delante de un nazi. El año pasado compartía habitación con el francés Jeremie Bela. Es francés y negro y también era su mejor amigo en el vestuario. Bela vivía solo en Albacete y Zozulya lo adoptó. Era frecuente que lo invitara a cenar a su casa con su familia. «Estaban todo el día juntos», cuentan en su entorno. Y a Roman le emocionó el vídeo que le envió su excompañero, ahora jugador del Birmingham, por su cumpleaños. «Se le saltaban las lágrimas», dicen los que lo vieron.

En Albacete conocen su patriotismo ucraniano, pero aseguran que no se corresponde con el comportamiento de un nazi. «Hay una descontextualización política», dicen, que provoca que aquí se interpreten como gestos nazis lo que él sólo interpreta como amor a su país. «Estábamos en guerra contra Rusia y no teníamos ejército», explica él en su entorno. Y contribuyó a que la gente se alistara para formar el ejército ucraniano. Y al mismo tiempo convive con su agente, que aunque es ucraniano como él, es de tendencia prorrusa.

Para Zozulya este partido de vuelta será más sencillo que el de la primera vuelta en Vallecas que aún no se ha acabado. No es la primera vez que juega contra el Rayo en el Carlos Belmonte, pero se siente cómodo, juega en casa y se siente protegido. Aunque el ambiente prevea todo lo contrario.

El partido (20:30 Movistar Liga) ha sido declarado de alto riesgo. Habrá una Unidad de Intervención Policial (UIP) llegada desde Madrid preparada para intervenir si es necesario. El Albacete ha incrementado la seguridad privada y la presencia policial multiplicará por cinco la de un partido cualquiera en el Carlos Belmonte.

El club albaceteño está en contacto permanente con el Rayo, al que sólo ha facilitado doscientas entradas nominales, muchas menos de las habituales en un Albacete-Rayo, donde la afición vallecana suele acudir en masa por la comodidad del desplazamiento. Los bukaneros no tienen entrada y no ha habido venta online para el partido, pero no se descarta su presencia.