Y ahora todos contra Michael Jordan

The last dance ha provocado una catarata de críticas al comportamiento y a los métodos de trabajo de Air con sus compañeros

Robert Parish no aparece en The last dance. Al legendario doble 0 de los Celtics le llamaban “El Jefe” en Boston. Y en la temporada 1996-97, su vigésimo primera en la NBA, llegó a los Bulls de Jordan. Lo hizo con 43 años, como una figura emblemática de la Liga y más como un elemento estabilizador en el vestuario que para otra cosa. Sus tres anillos y nueve “All-Stars” no impidieron que Jordan le soltara en un entrenamiento uno de sus comentarios habituales, un amenazante “te voy a patear el culo”. Parish no se cortó: “Le dije que yo no estaba enamorado de él como esos otros chicos. Yo también tenía mis anillos y después de eso no volvió a molestarme". Parish frenó al “23”, pero otros muchos compañeros no pudieron hacerlo. Después del documental más de uno ha cargado contra el mito.

El escudero enfadado

Scottie Pippen ha sido el último en saltar. Según la ESPN, el segundo mejor jugador de la historia de los Bulls está “enfadado y furioso” después de ver los diez episodios de The last dance. Desde la cadena que emitió el documental en Estados Unidos se asegura que “Pippen considera que hasta los últimos minutos del sexto partido en Utah en 1998 -el día del sexto anillo- a lo único que se dedican es a darle palos”. Y que el número 33 “no sabía dónde se estaba metiendo” cuando aceptó participar en el documental. La verdad es que Pippen no sale ileso en demasiados capítulos. Jordan le acusa de egoísta cuando no se opera después del quinto anillo y se pierde la primera mitad de la temporada del sexto. Duda de sus problemas de migrañas en el partido decisivo de las Finales del Este de 1990 contra los Pistons, pero... El malestar de Pippen viene de lejos. En sus diez años en los Bulls “sólo” ganó 21,3 millones de dólares, una cantidad propia de la clase media-baja de la Liga. Considera que Jordan podía haber presionado a la franquicia para haber mejorado sus contratos, aunque olvida que Air fue decisivo para evitar su traspaso en un par de ocasiones.

¿El chivato?

Si hubo una pieza importante en los tres primeros anillos, además de Pippen, fue Horace Grant. El ala-pívot era el pilar interior de los primeros Bulls tricampeones. Hoy es embajador de la Liga y por lo que ha soltado en las últimas horas lo de la diplomacia lo ha dejado aparcado. “El documental es entretenido, pero los compañeros que estábamos allí sabemos la verdad. Lo que aparece no es la imagen real. Si Michael dice que soy un soplón lo podemos arreglar como hombres en la calle. A lo mejor el soplón era él -asegura en relación al episodio de la habitación llena de drogas y mujeres que denuncia Jordan en su primer año-”, comenta Grant. Para Jordan, Grant es la mejor fuente de información de “The Jordan Rules", el libro que revela su difícil carácter y sus particulares métodos. A este respecto, el autor del libro, Sam Smith, asegura: “No había fuentes secretas. La NBA es como un pueblo pequeño en el que nadie tiene secretos y clavar puñales por la espalda es algo habitual". Un detalle de la relación Grant-Jordan: en un vuelo después de una derrota y un mal partido de Grant, Jordan decidió quitarle la comida en el avión y Grant se quedó sin cena.

La fijación con los pívots

Sólo los comentarios despectivos hacia Jerry Krause, el directivo que construyó los Bulls, superan los “palos” que Jordan dedica a los pívots que formaron parte del equipo: Will Perdue, Bill Wennington y Bill Cartwright. “Michael me pegó y no sólo a mí. Así era él y así eran nuestros entrenamientos de competitivos. No fue la única, fue una de muchas”, comenta Perdue. En The last dance también se relata el intercambio de golpes con Steve Kerr y cómo respondió el actual entrenador de los Warriors para ganarse el respeto. A Wennington le llamaba “manos de trampolín” porque decía que siempre que le llegaba el balón, lanzaba a canasta. Hasta que un día el pívot se hartó y le amenazó con meterle “una serpiente de dos metros” en su taquilla. ¿La respuesta de Jordan? “Si haces eso te mato". No hubo serpiente. Con Cartwright, Michael se ensañaba en los primeros entrenamientos porque su mejor amigo en la plantilla, Charles Oakley, había sido traspasado a los Knicks a cambio del pívot. Jordan le pasaba el balón de forma violenta para que no pudiera controlarlo y de esa manera quedase en ridículo delante de los compañeros.

“Coca, marihuana y mujeres”

Craig Hodges está en las 10.000 horas de grabación que se realizaron para el documental, pero es uno de los testimonios que no aparece. Hodges no es un cualquiera. Ganó los dos primeros anillos de Chicago y fue tres veces campeón del concurso de triples. Era uno de los veteranos en el vestuario de los primeros Bulls de Jordan y una revelación de Michael en el primer capítulo provocó su reacción inmediata. Jordan habla de un viaje de los Bulls y que cuando entra en una habitación del hotel donde está toda la plantilla se encuentra con “rayas de cocaína por todos lados, pipas de marihuana, mujeres... Era un circo”. Era el “Bulls Travelling Cocaine Circus”, la realidad de muchos de los equipos de la Liga en los ochenta más allá de las canchas. Jordan aseguró que cerró la puerta y se fue. Hodges comenta: “Los jugadores de la NBA somos una fraternidad y cuando Michael comentó eso no pensó en los jugadores hermanos y en sus familias. Los metió a todos en el mismo saco y cómo voy a explicar un episodio así a mi hijo de doce años”.