Thiem gana el Open USA en una final dramática ante Zverev

El campeón terminó el partido cojeando después de cinco sets (2-6, 4-6, 6-4, 6-3 y 7-6) y cuatro horas y dos minutos de partido

Dominic Thiem ya tiene un Grand Slam. A la cuarta fue la vencida. En el Open USA, con la Arthur Ashe desierta y con Alexander Zverev enfrente. El austríaco se impuso en cinco sets (2-6, 4-6, 6-4, 6-3 y 7-6) en una final agónica que se prolongó durante cuatro horas y dos minutos. El partido tuvo una resolución dramática. Fue en el desempate del quinto set con Thiem sufriendo una evidente cojera. Su triunfo es la confirmación de que él es la alternativa más fiable a los tres grandes, a los Djokovic, Nadal y Federer.

Zverev arrancó la final con la velocidad de vértigo que impone a su servicio. Palos de 225 kilómetros por hora, segundos saques a 200, los dos primeros sets fueron una especie de inercia de los tres últimos que vivió ante Carreño. Ante el español arrancó dormido y ante Thiem fue al revés. Se llevó las dos primeras mangas abusando y llegó a estar con break a favor en el tercer set. El volantazo entonces fue tremendo. Thiem, después de vivir el peor rato en todo el torneo, se agarró a la pista y empezó a mandar en los intercambios. Derechas, reveses, buenos saques... cuando Zverev volvió se tuvo que frotar los ojos porque otra vez tenía que afrontar un quinto set.

El parcial decisivo arrancó con un break por cabeza. Zverev fue el primero que avisó de su regreso y cuando olía un break en el sexto juego Thiem sobrevivió, pero no pudo contener al alemán en el octavo. Con 5-3 y saque, a Zverev le traicionó su mejor arma. Sacaba para ganar. Sufrió una ruptura y después de más tres horas y media y con cinco iguales en el quinto set, el drama ya estaba servido. El alemán no pudo defender su servicio. La preocupación del austriaco era otra. Con 6-5 tenía el saque para llevarse el torneo, pero tuvo que reclamar la presencia del fisioterapeuta por molestias en la pierna derecha. Zverev sobrevivió y Thiem, con una evidente cojera, se encontró con un tie-break que hubiera firmado después de los dos primeros sets. Dobles faltas de Zverev, errores con la derecha de Thiem... no fue hasta la tercera pelota de partido cuando el austríaco cumplió su sueño.

Con 27 años afrontaba su cuarta final de un “Grande”. Había jugado tres y las había perdido todas: en las dos últimas en París fue superado con claridad por Nadal y el pasado enero en Melbourne tuvo a Nole al borde del abismo, pero no supo rematar. La victoria es el impulso que necesitaba para creer todavía más en su juego. El siguiente desafío para él será la tierra batida de París y allí estarán Nadal y Djokovic, sus verdugos.

Además de Dominic Thiem y Naomi Osaka, los más felices en Nueva York eran los organizadores del torneo. “Realmente creo que en estas cuatro semanas hemos podido demostrar al mundo que nuestro deporte puede volver a jugarse de manera segura”, afirmo la directora del Abierto de Estados Unidos, Stacey Allaster. Sólo un jugador, el francés Benoit Paire, fue diagnosticado con coronavirus, una infección que se pudo contener ya que, según los organizadores del torneo, los siete tenistas que estuvieron en contacto con él durante una partida de cartas, y que fueron seguidos muy de cerca, nunca dieron positivo.

Sobre uno de los aspectos más notables del torneo, la ausencia de público, que formaba parte de los requerimientos del estado de Nueva York, Allaster quiso dejar claro que la Asociación de Tenis de EE.UU (USTA), de la que es directora ejecutiva, secundó esa norma. “Respeto completamente, entiendo y apoyo esa decisión. Nunca dudé de que fuera la decisión correcta. Hemos echado de menos a los fans, no ha sido lo mismo sin ellos, pero sin ninguna duda, fue la decisión correcta para nosotros aquí en Nueva York”, insistió.