Supermán López gana la etapa reina del Tour. Landa lo intenta, pero no puede

El colombiano se mete en el podio. Roglic distancia a Pogacar unos segundos más

El Col de la Loze es un puerto largo, larguísimo, que sube hasta los 2.300 metros de altitud. Un puerto ideal para los colombianos, que se manejan como nadie a esas alturas. Cuando a todos les falta el aire ellos parece que llegan a casa. Un puerto para ciclistas como Supermán López, el más valiente de los favoritos. El que mejores piernas tenía en el ascenso.

Ganó Supermán su primera etapa en el Tour y se echó a llorar. La mascarilla y el casco dejan al descubierto los ojos, imposibles de disimular las lágrimas. «No ha sido fácil y estoy emocionado», reconocía. Hace semanas que el colombiano dejó a su familia en Colombia para preparar el Tour en su debut. Desde primeros de agosto empezó a competir en Europa, en la Ruta de Occitania. Y han sido momentos duros para él. «Se lo dedico a mi mujer y a mi hijo. Es mi trabajo, pero pienso mucho en mi familia, en mis padres», confesaba el colombiano después de su triunfo, que le permite, además, subir al podio de momento.

El confinamiento tampoco fue fácil para él. No se adapta al rodillo y tuvo que ingeniárselas para no subir de peso. Pero Supermán se mantuvo y el premio le ha llegado con su primera victoria en el Tour.

López agradece el trabajo de sus compañeros, de Omar Fraile y de Gorka Izagirre, pero el verdadero desgaste lo hizo Bahrain, el equipo de Mikel Landa. Trabajó ya en el ascenso a la Madeleine y en la última subida llegó el turno de Pello Bilbao, que devoraba kilómetros a un ritmo infernal. El último relevo le tocaba a Caruso y también. El grupo de los favoritos, para entonces, ya había quedado reducido a la mínima expresión. Pero Landa no estaba cuando le tocaba dar el golpe.

El ritmo de Sepp Kuss, el escalador más suelto del pelotón en estos momentos lo dejó atrás. Landa ya había ido perdiendo posiciones en el grupo con el trabajo de David de la Cruz para Pogacar. Hasta descolgarse. Al menos lo intentó. El suyo era un homenaje a la épica, la razón de ser del «landismo», una religión que espera siempre lo mejor de Mikel. Y él estaba dispuesto a darlo, pero no pudo ser.

No le quedaban fuerzas para el ataque final que debería haberlo acercado al podio. Le queda el consuelo de que él y su equipo fueron los únicos que intentaron alterar el guion de la carrera. «Chapeau por Bahrain y chapeau por Landa», decía Enric Mas al final de la etapa. «El que no arriesga no gana», añadía el balear.

El más fuerte sigue siendo Roglic. Y su equipo. Porque el primer ataque no fue suyo sino de su compañero Kuss. Se marchó con facilidad el estadounidense y a su espalda, Supermán.

Se lanzaron a la búsqueda de Carapaz, superviviente de la escapada que parecía una repetición de la del día anterior con Kamna y Alaphilippe –y con ellos, Dan Martin–. El colombiano miró para atrás y apretó los dientes, tratando de estirar esos diez segundos de ventaja que tenía a falta de tres kilómetros.

A Kuss le pararon para que ayudara a Roglic a despegarse de Pogacar. Los dos eslovenos parecen uno, siempre pegados en la carrera. Hasta que Pogacar cedió. Kuss tiró hasta reventar y Roglic consiguió despegar a su compatriota, al que aventaja ya en 57 segundos en la general.

La pelea está abierta antes de la contrarreloj del sábado. Pero aún quedan etapas duras. «Mañana y pasado y al otro», advierte Enric Mas. «Tadej ha hecho lo que ha podido», asumía De la Cruz.

Roglic es el más fuerte, pero Supermán es el más feliz.