España y la búsqueda de un “9”: un problema que viene de lejos

Desde la última parte de la etapa de Del Bosque, ningún delantero puro se ha asentado en la selección. Ante Suiza, Portugal y Ucrania remató 49 veces para conseguir sólo un gol

«España puede generar ocasiones por muchos caminos», dijo Luis Enrique en el arranque de la última concentración de la selección. Y razón no le ha faltado. Han sido tres partidos en los que España no ha sido superada claramente por el rival casi nunca, si acaso un rato por Portugal en las transiciones en la segunda parte y algún despiste más contra Ucrania, que fue letal, en una segunda mitad alocada. En líneas generales, aunque no haya sido un equipo arrollador, se puede decir que la Roja fue mejor que quien tenía enfrente. Se le ven las buenas intenciones, el espíritu de la gente joven, pero falta contundencia, llámese «mala leche arriba», como dijo Reguilón; o un jugador con facilidad para marcar gol y culminar el trabajo hasta llegar ahí. Porque el gol lo cambia todo, permite jugar más calmado, sin prisas; mientras que cuando sucede lo contrario, llega la precipitación, con ella el desorden y con este puede pasar lo que pasó ante Ucrania: cuatro toques para llegar de un lado a otro del campo ante una España que dejó espacios, y gol... En contra, que no tuvo respuesta. El caso es que en estos tres encuentros España ha rematado 49 veces, según las estadísticas de la UEFA: 15 contra Portugal, 13 contra Suiza y 21 contra Ucrania. De todos esos intentos, 16 fueron a portería (3, 5 y 8, respectivamente en cada duelo) y únicamente uno dentro, el de Oyarzabal ante Suiza, fruto de la presión de España, que provocó una pérdida letal.

Todo esto hace que en España siga abierto el debate del «9». En realidad no es nada nuevo, no viene de la etapa de Luis Enrique, es de antes, desde la época gloriosa en la que sí estaban Villa y Torres, aunque en la Eurocopa de 2012, a la que el asturiano no pudo acudir por lesión, Del Bosque ya apostó varios partidos, como en la final por un «delantero mentiroso», como era Cesc. Ningún futbolista ha conseguido dejar una huella profunda desde ese momento en el puesto de «9». Lo han intentado Morata o Alcácer, con algún momento en el que parecía que sí; y Diego Costa, cuyo paso, entre lesiones y demás, se ha acercado más al desastre que a otra cosa. Rodrigo o Gerard tratan de hacerlo, pero no logran la continuidad necesaria. Tampoco ayuda que en los conjuntos punteros de la Liga no abunden los delanteros puros nacionales. En el Barça los últimos años ha sido Suárez, que ahora está en el Atlético con Costa, que sí es seleccionable, pero no arranca; en el Madrid el puesto es de Benzema, en el Valencia Maxi y en el Sevilla De Jong.

«Cualquier entrenador querría tener al mejor Suárez, a Kane o a Van Basten. Como no los tenemos, tratamos de llegar al gol por otros caminos, para generar ocasiones con los extremos, puntas, medios, laterales...», completó Luis Enrique la frase del comienzo del texto. En realidad, no son conceptos incompatibles porque claro que Navas es una amenaza con sus rápidas subidas, o Dani Olmo por su movilidad u Oyarzabal para camuflarse y entrar por las zonas en las que haga más daño. Y qué decir de la frescura de Ansu o la velocidad de Traoré. El extremo del Wolverhampton no se cansó de llegar por su banda ante Ucrania, hasta convertir el duelo para el lateral ucraniano Sobol en una pesadilla, ni sujetarle podía, pero los centros no encontraban ni un rematador poderoso de cabeza ni la sorpresa de segunda línea para hacerlo con certeza. El recurso terminó siendo Ramos, pero tampoco. O España encuentra un rematador, que parece difícil, pues para la Eurocopa queda un año, o afila el colmillo para aprovechar las ocasiones que genera.