Jon Rahm y la Ley de Finagle

Hay días que todo sale mal y siempre en el peor momento. Este corolario de la Ley de Murphy, enunciada hace más de ochenta años, ha perseguido a Jon Rahm durante todo el sábado en el Augusta National

Rahm, durante la tercera ronda en Augusta.Masters de Augusta

El viernes Rahm acabó en todo lo alto, dejando su bola marcada para birdie en el hoyo 13. A primera hora del sábado se colocaba co-lider, con buenas opciones de ampliar su ventaja. Con un par cinco por jugar y un par tres, donde durante la ronda de prácticas, había dejado un hoyo en uno que se ha hecho viral esto días.

Un par de rutina en el catorce y una salida en el quince con opciones para tirar de dos a green. Ahí algo no parecía ir bien. El de Barrika contra todo pronóstico decidió jugar corto. El tercero a bandera fue muy largo. Según se pudo escuchar, tras el golpe, por boca del propio Rahm, le había salido un “flyer” – una bola sin control – desde la calle. Algo no muy habitual. El cuarto desde detrás del green fue un mal golpe. Sin paliativos. Gracias a sus mágicas manos embocó el quinto. Un respiro.

De ahí al final de su segunda vuelta todo pares. Un 66, seis bajo par, para la esperanza.

La tercera ronda, junto al número uno, Dustin Johnson, y la promesa Patrick Cantlay. No empezó bien, el primer golpe a la izquierda al segundo corte. Un par en la tarjeta. El dos, el primer par cinco del recorrido, salida al centro de la calle. Un lugar perfecto para atacar el green. La bola de Jon acabo en el bunker frontal. La sacada quedó a cinco metros de bandera, el putt no entró por poco. Otro par. Dustin Johnson hizo egale. Buen birdie en el tres. Desde ahí hasta el ocho, segundo par cinco de los nueve primeros, todo pares. Johnson por su parte firmaba tres birdies más.

La salida del ocho al centro de la calle. Nada hacía presagiar el desastre. Este iba a llegar. Sí, en el peor momento. Rahm se disponía a atacar el green con una madera de calle. Un cañazo y la bola al fondo del bosque. La mejor solución dropar, jugar a la calle, salvar el bogey. No contaba, el bueno de Jon, que el universo cuando se te pone en contra su perversidad tiende hacia el máximo. Y así su vuelta a la calle topó con el tronco de un árbol. Total un doble bogey, siete.

El Jon que, el viernes era todo seguridad y control de su juego, tornó en inseguridad y falta de control. Cinco pares seguidos. En tanto Johnson seguía jugando como suele. Catorce bajo par.

Jon se repuso con dos birdies consecutivos, catorce y quince. En el dieciséis se fue una buena opción de birdie. En el diecisiete un segundo golpe largo y nueva salvada.

A falta del último hoyo, con Dustin Johnson a seis golpes, había que terminar lo mejor posible. No es el 18, del Augusta National, un hoyo para hacer resultado y menos con la bandera esquinada en la última plataforma. Rahm no salió bien. Su bola acabo en el primer bunker de calle. Lo suficientemente cerca del talud como para no ofrecer garantías de llegar al green. Fue aún peor. Una bola completamente a la izquierda, con un Rahm mirando con extrañeza la cara del palo. Poco faltó para poder recuperar y cerrar la vuelta con par. No, desgraciadamente firmó un bogey.

72 golpes, el par del campo, a siete del liderato que ostenta Dustin Johnson. Difícil gesta para un domingo de Masters.