Carlos BoludaLa Razón (Custom Credit)
Carlos Boluda

“De repente, no podía pasar la pelota por encima de la red”

De niño tuvo la presión de ser una estrella, «el nuevo Nadal». Se lesionó y conoció el lado oscuro del negocio del deporte, pero luchó y volvió. Se retira con 27 años. «Amo el tenis», dice, pese a todo

Esta es la historia de Carlos Boluda (Alicante, 27 años), el chico del que todos hablaban, el que soportaba desde pequeño la enorme presión de ser «el nuevo Nadal», porque sus resultados superaban incluso a los que había tenido el balear. Varias marcas importantes, de ropa y raquetas, le contrataron. Pero con 18 años se dañó una muñeca y ya nada volvió a ser lo mismo. Todo se juntó: las expectativas no alcanzadas, las lesiones... Y descubrió la otra cara del deporte, la decepción de ver cómo gente que había estado ahí en las buenas, desaparecía. Cayó y se levantó, volvió a jugar, pero más en el anonimato, moviéndose por torneos Challenger y Futures. Acaba de anunciar que se retira. Seguirá ligado al mundo de la raqueta entrenando a Núria Parrizas , que además es su novia.

-Ya se ha retirado, ¿qué siente?

-Me cambió el chip demasiado rápido. A mí el tenis me gusta, y me lo sigo pasando muy bien, pero es como que estoy más tranquilo ahora. En el último año se me estaban haciendo cuesta arriba cosas que nunca lo habían hecho antes: viajes, salir a los torneos... Luego, me había ido un poco más atrás en el ránking y tenía que volver a los Futures, que cada vez me parece un circuito peor... Ya eran muchos años y dije, bueno, pues hasta aquí hemos llegado.

-¿Ha llegado a odiar el tenis, como dice Agassi en su biografía que le pasó a él?

-Yo no. Odiarlo, no. He tenido mis épocas malas, en las que sí he podido decir: “Odio el tenis”, pero por cosas que me estaban pasando. Yo al tenis lo amo, si no no me hubiera levantado las veces que lo he hecho. Si yo lo odiara no querría saber nada del tenis, o entrenaría a mi novia como estoy haciendo, pero luego no querría jugar yo, y lo hago cada vez que puedo.

-¿Qué le ha hecho más el tenis, disfrutar o sufrir?.

-(Piensa). Bueno, las dos cosas, la verdad. He disfrutado mucho, pero las épocas en las que he sufrido lo he pasado muy mal. El tenis es un deporte de subidas y bajadas, un día estás eufórico porque ganas, luego al día siguiente pierdes y estás más abajo... Pero las épocas en las que yo lo he pasado mal, he sufrido demasiado.

-¿Cómo se lleva la presión siendo un niño?

-A ver, a mí me gustaba. Siempre que hablen de uno es bueno, significa que haces algo bien. Yo lo llevaba bien. Al principio ni la notaba. A mí salir en los periódicos o jugar con la pista llena me encantaba, yo me hacía grande en esas situaciones, pero cuando te empieza a ir un poco peor, todo eso se sufre más y la presión se nota, aunque al final si quieres ser bueno tienes que saber convivir con esa presión. También el entorno hace mucho para que el jugador pueda vivir con esa presión o quitarle parte de ella. Pero es inevitable.

-¿Y es evitable la comparación con Nadal? Puede que eso tampoco ayude...

-Es que que haya otro Nadal es imposible. En España hay muy buenos jugadores, pero parece que sólo está Nadal. Al final, un Carreño, un Bautista, un David Ferrer, es que David lo que ha ganado... Si no vienes del mundo del tenis parece que a esta gente no se la conoce. Un Guillermo García... Son buenísimos, pero en España, claro, también es normal, Nadal suena mucho... Las comparaciones deberían ser con otro tipo de jugadores, porque lo que ha hecho Nadal no se va a volver a ver.

-De niño ganó lo que nadie en España. ¿Cómo era su vida?

-Yo tenía mis patrocinadores, pero hasta más mayor nunca supe los contratos económicos que tenía. Al final mi vida era la misma. Mi familia es de clase media, vivíamos en Alicante, San Juan Playa, una ciudad pequeñita, mis pocos amigos, y todo era muy normal. En mi familia tampoco nos gusta ser el centro de atención. Mi padre no era: “Tengo un hijo que gana mucho o que es campeón”. Qué va, todo lo contrario. De hecho, mis padres venían a verme a tres torneos contados. Todo era como siempre, ganando o perdiendo todo era muy normal.

-¿Haría ahora algo diferente?

-De cuando yo era más pequeño lo que cambiaría es haber escuchado más a mi padre. También nos quedó un poco grande a todos, a mí el primero, y yo en ese sentido no tuve un buen entorno que me asesorara bien, y al que más tenía que escuchar que era mi padre, con la edad de 15 años o por ahí, pues no lo escuché.

-¿A qué se refiere con lo del entorno?

-Cuando tienes un mánager que sólo mira por su interés es complicado. El mánager que tuve no fue un buen apoyo. En mi familia siempre miramos a la gente por su corazón y yo lo veía como mi hermano mayor, y luego fue el primero en alejarse cuando a mí me fue mal. La mayor decepción me la llevé con él. Lo admiraba mucho y ves que de repente de empieza a ir mal, yo era súper joven, 18 o 19 años, y te dan de lado, pues piensas: “El mundo este sí que es complicado”.

-Porque sufrió una lesión grave en la muñeca...

-Estaba jugando bien, era el 550 con 18 años y todo iba bien, tenía un nivel bueno y en Futures estaba haciendo semifinales, finales... Me lesiono, piensas que a lo mejor el año se ha terminado, que será una lesión larga, pero cuando vuelvas todo estará normal. Intenté volver varias veces y cuando veo que puedo hacerlo ya sin dolor, estaba contento. Pero de repente mi derecha no estaba, no podía pasar la pelota por encima de la red. Fue más duro eso. Una lesión te para, luego necesitas un poco de ritmo, pero lo coges... Yo es que perdí mi nivel completamente. El tiempo que estuve intentando volver, que si me dolía o no, por proteger el dolor creo que empecé a hacer gestos diferentes, ya se me quedó creado ahí ese gesto, y cuando volví era totalmente diferente y era como empezar de cero. Ver a un chico que se le daba muy bien tener que empezar de cero, para la cabeza es un golpe duro.

-Y ahí es cuando le falló mucho gente...

-Ahí todo el mundo, fue donde se vio a la gente... Gente a la que quería se empezó a alejar, al final te das más cuenta de a quién tienes. Tuve a mi familia, que siempre ha estado, y dos amigos que son mis dos mejores amigos. Uno se llama Eduardo y él me ha visto jugar muy bien y jugar muy mal y recuperarme y haber llegado a mi mejor ránking, y ha sido la misma persona conmigo siempre.

-¿Cuánto le costó volver? ¿Volvió a disfrutar?

-A los 18 me lesiono, con 19 mal, con 20... Hasta que me fui a Madrid y empecé con Óscar Burrieza no empecé a ir disfrutando del tenis otra vez, pero simplificándolo mucho. Si hacía un peloteo bien ya era feliz. Si en un Future, torneos en los que con 17 años había hecho finales, ganaba una primera ronda era una alegría máxima. Al final es un golpe tan duro que tienes que aceptarlo. Yo tuve que aceptarlo.

-Vemos en los medios a los tenistas top. ¿Cómo vive uno que se mueve por el 200-300 del mundo?

-Yo estuvo el 250. Piénsalo, en cualquier trabajo estar entre los 300 mejores del mundo es que algo se te dé muy bien. Yo ahí no perdía dinero, pero no ganaba. Moviéndote por el circuito Challenger, jugando equipos también, donde entrenas llegando a acuerdos de “mira, te puedo pagar esto, con algo de porcentaje de los premios de los torneos”... Y así podía no perder dinero. Si alguna semana bajaba a los Futures, tenía que llegar a semifinal o campeón, si no es estar invirtiendo todo el tiempo. En parte he decidido parar por eso. Para hacer las cosas bien en este deporte yo creo que hay que invertir y yo lo iba a volver a hacer para tener a un entrenador para mí solo, pero después lo pensé, en unos días cumplía 28 años y volver a invertir a ciegas en un entrenador es estar gastando dinero y dije: “Empiezo el año 500. Un año bueno sería acabar el 300 o 200 y algo; sí, sería un año bueno tenísticamente, pero si lo analizo en la inversión, es enorme, y pensé que no me compensaba. Yo siempre he sido una persona muy sacrificada, pero era volver a hacer mucho sacrificio en los dos sentidos, deportivo y económico, sin asegurarte nada, porque el tenis está muy duro y a lo mejor acabas el 400. Entonces dije: “Se acabó”.

-Pero tiene la ilusión de ser entrenador...

-Mi novia Núria confiaba mucho en mí. Yo necesitaba un tiempo para pensármelo, porque si lo hacía quería hacerlo bien, no estar que si juego que si no; y me cambió el chip muy rápido, eso fue muy bueno para los dos, y ahora en eso estamos, en ayudarla este año. Ella siempre ha ido sola y creo que tiene potencial, vamos a ver dónde llegamos.

-De Carlos Alcaraz es de quien se dice ahora lo de “el nuevo Nadal”...

-Lo conozco. Yo jugué hace dos años contra él en semifinales en un Future en Denia, me ganó 7-6 en el tercero. Te puedo decir que es muy bueno, y no sólo porque juega muy bien a tenis. Hacía años que no veía una derecha tan buena, pero si le quieres comparar con Nadal, la cabeza que tiene sí es comparable. Luego los números de Nadal no se pueden igualar. Además tiene un entorno muy bueno, Juan Carlos Ferrero es un diez como persona y como profesional, y lo llevan por muy buen camino. Tiene todo para ser un fenómeno, luego veremos dónde llega, pero ojalá que lo sea porque además es muy buen chaval. Es La típica persona que me alegraría que lo consiguiera.