Andalucía

Granada-Real Madrid (1-4): Pelea hasta el final

Con un once muy joven, ganó con seguridad al Granada y sigue apretando al Atlético a falta de dos jornadas para el final de LaLiga

El delantero del Granada, Fede Vico (i), intenta llevarse el balón ante el defensa del Real Madrid, Nacho, en el Granada-Real Madrid de LaLiga
El delantero del Granada, Fede Vico (i), intenta llevarse el balón ante el defensa del Real Madrid, Nacho, en el Granada-Real Madrid de LaLigaKiko HuescaEFE

No va a dejar el Real Madrid que el Atlético se relaje ni un poco en los dos partidos que quedan para que termine un extraño y apasionante campeonato de LaLiga. Le tiene a dos puntos, a un pequeño fallo y le va a apretar hasta que sus fuerzas no puedan más. Y parecía que no podían mucho, pero en Granada se vio al Madrid más sereno y confiado en mucho tiempo, que salvó con profesionalidad su peor momento, cuando había marcado el Granada para acercarse en el marcador. Fue un equipo sin el agotamiento o las urgencias con las que ha vivido los últimos choques. Y cuando lo tuvo, sacó su lado más sereno para decidir.

Es probable que fuese la juventud la que dio aire . Fue titular la juventud y luego ya, salieron Asensio, Hazard e Isco. En la primera parte, Zidane quería hacer daño, en la segunda, tener el balón.

Con Rodrygo y Vinicius arriba, de sólo 20 años ambos, con Valverde (22) en el centro del campo y, sobre todo, con unos laterales inesperados: por la izquierda Miguel Gutiérrez y por la derecha Marvin. 19 años el primero, 20 el segundo. Con ellos, el cansancio que arrastraba el Real Madrid desde el choque del Liverpool fue una cosa ajena. Los canteranos que se enfrentan a los días decisivos casi por sorpresa, más que su buen hacer en el campo, tienen que mostrar personalidad: si se equivocan, no dudar y seguir; no asustarse, pedir la pelota o atreverse a pases que no sean sólo de seguridad. Los goles del Madrid en la primera parte nacieron, el primero de una sensacional asistencia de Miguel Gutiérrez a Modric y el segundo, cuando ya llegaba a su fin ese tiempo, en una reacción rápida de Marvin y un toque perfecto para dejar en ventaja a Rodrygo.

En un año interminable, el equipo de Zidane ha descubierto que Raúl está formando en el Castilla una panda de futbolistas que puede dar un gran rendimiento cuando se necesite. No todos llegarán o se mantendrán, pero la imagen que han mostrado este curso les da derecho a pedir otra oportunidad y paciencia. El pase de Marvin en ese gol de Rodrygo fue el último servicio de Marvin, que no pudo seguir en la segunda parte por lesión. Pudo ser en esa jugada, pero vivió antes un terrible pisotón por detrás por el que debió ser amonestado su agresor. No lo fue, para alimentar la inquina del madridismo a los colegiados.

No fue una noche para el enfado, sin embargo, en el Real Madrid, fue un partido para disfrutarlo. Ni siquiera echó de menos a Kroos, que en el choque contra el Sevilla se puso al equipo en la espalda para llevarlo al empate. Le dio descanso Zidane en Granada, porque el alemán está al límite y porque el entrenador piensa que hay que apurar hasta el máximo y que había que ganar en Los Cármenes, pero también en Bilbao, dentro de nada ya.

Lo bueno de este Madrid es que con Militao ha mantenido una seguridad defensiva que no esperaba. Es rápido y mandón el brasileño. Llega a los cruces como un tren y con él Nacho se siente seguro para lanzarse al ataque. También ayudo la mejora de Casemiro, que acompañado por Valverde, tuvo que recorrer menos kilómetros. Sólo cuando se relajó con la ventaja, permitió al Granada una pequeña alegría

No le duró mucho al equipo andaluz, que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer durante este curso. Porque cuando el Madrid se fue al ataque mostró una eficacia que bien le hubiera venido en otros partidos. Marcó dos goles en la primera mitad y se dejó llevar durante el comienzo de la segunda, hasta que el tanto de Molina le obligó a ponerse otra vez a ello y volver a mirar la portería rival. Se puso Modric a ello y aunque ya no estaba Rodrygo para dejar claro su talento en el área rival, apareció un feliz Odriozola y un infeliz Rui Silva, portero del Granada, que facilitó mucho las cosas a Benzema.