Fútbol

España, contra el fantasma de Naranjito

España nunca ha sabido gestionar jugar de local en los grandes campeonatos. Luis Enrique y su selección intentan escapar de la maldición con una victoria ante Eslovaquia que les dé el pase a octavos

Luis Enrique bromea con sus jugadores durante un entrenamiento
Luis Enrique bromea con sus jugadores durante un entrenamientoSERGIO PEREZREUTERS

España arrastra dos maldiciones en los campeonatos que organiza, las mascotas y el rendimiento de sus selecciones. Los Juegos Olímpicos de Barcelona fueron tan excepcionales que consiguieron que Cobi nos pareciera normal. Pero la maldición había arrancado diez años antes, con Naranjito y el Mundial 82.

Naranjito, con sus amigos Citronio y Clementina
Naranjito, con sus amigos Citronio y ClementinaLa Razón (Custom Credit)

España era todavía una dictadura cuando recibió el encargo de organizar aquel Mundial, pero cuando comenzó el campeonato Franco ya llevaba siete años muerto y la democracia había superado el golpe de Estado del 23 F. Todo parecía a favor, la Roja, aunque todavía no se la llamaba así, jugaba en casa, nadie discutía la españolidad del seleccionador, José Emilio Santamaría, aunque había nacido en Uruguay, y la selección se apoyaba en dos cánticos incontestables, el «Aúpa, España, aúpa» que se convirtió en su himno futbolero y el «No pasa nada, tenemos a Arconada».

Los rivales, Honduras, Yugoslavia e Irlanda del Norte, no eran mejores que las actuales Suecia, Polonia y Eslovaquia que componen el grupo de España en la Eurocopa. Pero los hondureños consiguieron empatar en el estreno. España consiguió ganar a Yugoslavia con un penalti que no era y que Juanito marcó después de que lo mandaran repetir tras el fallo de López Ufarte y perdió con Irlanda del Norte, un equipo que seguía una rigurosa preparación a base de piscina, sol y cerveza.

España fue segunda de grupo y el destino la mandó a morir al Santiago Bernabéu en un grupo con la República Federal Alemana e Inglaterra. La opción de ser primera probablemente le hubiera mandado igual al matadero aunque con Austria y la Francia de Platini.

Zruspa, el archienemigo de Naranjito, con sus secuaces
Zruspa, el archienemigo de Naranjito, con sus secuacesLa Razón (Custom Credit)

El fracaso de la selección de Naranjito se ha replicado después en el baloncesto. En el Mundobasket 86 España llegaba de ser subcampeona olímpica en Los Ángeles 84, pero se quedó fuera de la lucha por las medallas y terminó quinta. La olvidada jirafa Pívot era la mascota oficial.

Pívot, mascota del Mundobasket 86
Pívot, mascota del Mundobasket 86La Razón (Custom Credit)

El desastre se repitió en 2014 con la España que había sido campeona del mundo en 2006 y subcampeona en 2008 y 2012. Otra vez la selección se quedó fuera de la lucha por las medallas y terminó quinta. Para los curiosos, las mascotas eran los indescriptibles Olé y Hop.

Ole y Hop, mascotas del Mundobasket 2014
Ole y Hop, mascotas del Mundobasket 2014La Razón (Custom Credit)

Esa maldición del anfitrión la rompió el equipo de balonmano en 2013, cuando volvió a proclamarse campeona del mundo en Madrid, ocho años después de haberlo conseguido en Túnez.

España no ejerce de anfitriona en esta Eurocopa, pero es una de las privilegiadas selecciones que han podido disputar los tres partidos de la primera fase en su casa. Aunque no le ha servido de mucho. Sólo ha conseguido empatar contra Suecia y contra Polonia y en lugar de llegar a la última jornada con la posibilidad de elegir rival, como estaba previsto, se presenta con la obligación de ganar para alcanzar los octavos de final. El mínimo exigible para una selección que acostumbró al país a ganarlo todo, pero que en los últimos tres grandes torneos no ha conseguido pasar del primer cruce.

«Yo tengo la sensación de que es como la botella de cava que está a punto de descorchar y que en cuanto la descorchemos va a salir nuestra mejor versión porque la versión de los dos últimos partidos ha sido muy buena», dice Luis Enrique. La alternativa es regresar a la depresión de los tiempos de Naranjito.