Fútbol

Cuidadín porque el Chelsea no es el PSG

El campeón de Europa es cosa seria. Su plantilla está más valorada que la del Madrid, es el equipo más fisico de la Premier y el segundo menos goleado

Thomas Tuchel, entrenador del Chelsea
Thomas Tuchel, entrenador del Chelsea FOTO: Jon Super AP

El escandaloso tropiezo del Real Madrid en el Clásico frente al Fútbol Club Barcelona no cambia el curso de la historia porque la Liga sigue estando en el bote, gracias, entre otras cosas, al enésimo regalito del Sevilla. Y la vitola de mejor equipo de España y grande de Europa permanece intacta. Tres cuartos de lo mismo cabe colegir de una euforia que se disparó al infinito ese 9-M para la historia frente al PSG y que se acrecentó este viernes. Al poco de emitir veredicto el sospechoso bombo de la UEFA, todo el madridismo dio por hecho de antemano que el mejor club de la historia está en semis. Olvidan que los partidos hay que disputarlos, que aunque suene a frase hecha «no hay rival pequeño» y que estamos ante el vigente campeón de Europa. Habrá quién apostillará que son los terceros en la Premier con cero posibilidades de conquistar el título frente a un City que está que se sale. Cierto. Tanto como que el año pasado estábamos en las mismas y, al final, el conjunto de Tuchel se hizo con la Champions ¡frente a los de Guardiola! en Oporto.

Cuidadín porque la valoración que hace el portal de moda, Transfermarket, de uno y otro plantel es favorable a los de Stamford Bridge. Los azules tienen una cotización de mercado de 883 millones de euros frente a los 103 millones menos de los de Ancelotti. Cuidadín también porque estadísticamente son el conjunto con mejor físico de la Premier: corren, presionan, defienden y atacan como si no hubiera un mañana, haciendo bueno el marchamo de un míster alemán que en diciembre de 2020 fue despedido por el PSG y en mayo de 2021 levantaba la Orejona con el Chelsea en lo que constituye el mayor ridículo de unos qataríes que no se cansan de que el mundo del fútbol se ría de ellos. Cuidadín igualmente porque disponen del que para mí es el mejor centro del campo de Europa con Kanté, pelotero superlativo que fue la gran estrella de la final y de las semifinales frente al Madrid la temporada pasada, del tercer mejor futbolista del mundo, Jorginho, del ex madridista Kovacic, de la gran esperanza blanca del balompié inglés, Mason Mount, e incluso del ex rojiblanco Saúl, que tampoco es moco de pavo. La delantera es tal vez la peor línea, aunque cuenta en ella con Havertz, el jovencísimo delantero alemán que empezó de mediocentro y que marcó el gol de la victoria contra el City en Oporto, y de esa mala bestia belga que hace unos años interesó al Madrid, Romelu Lukaku. La defensa no está nada mal: Reece James, mi paisano César Azpilicueta, el ya barcelonista Christensen, ese objeto del deseo del Madrid que es un Rudiger que se aleja del Bernabéu y un Marcos Alonso al que conozco desde que era un bebé y de cuya solvencia nadie duda a estas alturas de la película. No menos cuidadín hay que tener con la portería: el titular es un Édouard Mendy que de estar en el paro hace ocho años ha pasado a ser uno de los mejores de Europa, y nuestro Kepa, el héroe de la final de la Supercopa contra el Villarreal. El último cuidadín hay que ponérselo a las dos últimas líneas, no en vano es el segundo equipo menos goleado de la que hoy día es la mejor liga, la Premier League.

Los cuidadines se terminan gracias a ese asesino que es Vladimir Putin. El hecho de que el propietario, Roman Abramovich, sea ruso y coleguita del capo del Kremlin ayuda. Vaya si ayuda. Para empezar, porque de momento el partido de Londres se disputará a puerta cerrada, circunstancia que siempre es bienvenida por el visitante. Y, para terminar, porque los pagos a los jugadores se están haciendo tarde y mal, cuando se hacen, por las sanciones impuestas por Occidente a Rusia en general y a los oligarcas amigos de Putin en particular. Y como sostiene Mourinho a los futbolistas «sólo les importan dos cosas, el dinero y las mujeres, y por este orden». Sea como fuere, dejémonos de cuidadines y, como se dice ahora, pronunciemos un contundente «¡es el Madrid!». No hay en el universo escudo que meta más miedo al rival. Pues eso.