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«Javier Fernández transmitió cultura española»

Antonio Najarro, director del Ballet Nacional, y el doble campeón del mundo explican cómo crearon «La Malagueña», uno de los programas del patinador

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Tiempo de lectura 4 min.

23 de abril de 2018. 21:50h

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Francisco Martínez 23/4/2018

«Me lío con un movimiento», dice Javier Fernández, bailando sin unos patines en los pies. Pero con un par de pequeños ensayos para recordar, sale perfecto, como se puede ver en el vídeo que acompaña a esta información. El madrileño, multimedallista en patinaje (del mundo, de Europa, olímpico...) se unió al Ballet Nacional fuera del hielo, aunque ya lo había hecho antes con Antonio Najarro, director del Ballet Nacional, para una de sus coreografías. «Yo sabía que un año tenía que hacer algo de música española, de danza. Hablamos y surgió. Si eres español y quieres hacer algo de música española no puedes buscar a otra persona que no sea el mejor. Ya lo conocía, y sabía que un año iba a llegar, que al menos lo iba a intentar», explica Javier en un desayuno informal junto Antonio Najarro y otros dos bailarines del Ballet Nacional, Eduardo Martínez y Sergio Bernal. Y así surgió «La Malagueña», que estuvo en el programa de competición del patinador un par de años. «Sonaba la guitarra de Paco de Lucía, y eso es cultura; la voz de Plácido Domingo, y eso es cultura; una composición de Ernesto Lecuona, y eso es cultura... En ese momento Javi era el mejor embajador, transmitiendo cultura española por todo el mundo. Es una bomba cultural, y la cultura es lo que más nos va a hacer evolucionar como personas, para que los niños crezcan con una sensibilidad», opina Najarro.

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El patinaje y la danza tienen muchos puntos en común. «A lo largo de la historia los programas que han calado son los que han llegado al corazón. Lo que llega es ver a un bailarín sobre hielo. Emocionar es lo que hay que buscar», piensa Najarro, que tiene una gran experiencia trabajando con patinadores. Y Javi transmite como lo hacen pocos. «Lo que viven los deportistas es parecido a lo de los bailarines: el esfuerzo, el amor por hacer las cosas, la monotonía que conlleva preparar un programa, los nervios antes de la competición... Todo el trabajo de un año se juega en 3 minutos. Tenemos una vida muy prematura en la que hay que tomar decisiones a una edad muy temprana; tiene que estar todos los días machacando su cuerpo para conseguir la perfección técnica, trabajando también la expresión. Es una vida muy sacrificada», añade el director del Ballet Nacional.

Javi y Antonio contactaron, la música la eligió el patinador, aunque después la fueran moldeando, seleccionando partes, y después empezaron a trabajar. «Javi no se quedó en su confort, es más fácil quedarse ahí que llamar a un coreógrafo y decirle: “Moldéame”. Él lo ha asumido con muchísima humildad, y el resultado fue esa “Malagueña”, que fue uno de los regalos que he tenido en mi carrera», dice Najarro. Primero practicaban en el suelo y después Javier Fernández intentaba repetirlo en el hielo. «A los patinadores con los que he trabajado me encanta tratarlos como bailarines reales. Mi primer objetivo siempre es estar en un estudio con él haciéndole sentir el suelo, zapatear, sentir la energía. Mucho más sensaciones que posiciones, ejercicios de miradas...», explica Najarro. «Me costó transferir al hielo lo del suelo, por el balance de los pesos. No me salían las cosas en el hielo. Decía: «“¿Por qué en el hielo no puedo, si esto es lo que se me da bien?”», recuerda Javier. «El peso del cuerpo cambia por completo. Los bailarines lo tenemos sobre la media planta del pie, echado hacia delante, y los patinadores lo tienen mucho más atrás porque tienen plantado todo el pie. Nosotros fijamos un punto al frente para girar, ellos no pueden por la velocidad, porque lo hacen mucho más rápido. Nosotros, todo está al frente, y el patinador son 360 grados, porque la gente está en todas las partes», completa Najarro, que no ha podido ir a Toronto, donde vive Javi.

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Ensayaban en España cuando venía el patinador y podían coincidir y Javi lo practicaba en Canadá. También alguna vez estuvo en Madrid Brian Orser, el entrenador del dos veces campeón del mundo. «El entrenador es el que está día tras día con el patinador, y entra un intruso que es el coreógrafo y lo cambia todo: el brazo aquí, el movimiento allá... Depende de la generosidad y de la humildad del entrenador y por eso el éxito es la mentalidad de trabajo», cuenta Antonio Najarro que dice que ha aprendido de Javi que «sin esfuerzo y tesón, nadie llega». «La suerte existe, pero tiene que haber una constancia, cuando te pilla así te ayuda a seguir evolucionando. Él tiene clarísimo lo que tiene, desgraciadamente ha tenido que irse de su país, ahora lo conocen todos, pero tenía que haber sido antes. Me siento identificado con él. Es una carrera súper solitaria», continua el director del Ballet Nacional. «Yo aprendí de Antonio una coreografía, movimientos... Y he ganado cultura, he aprendido algo nuevo», concluye Javier Fernández.

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