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Alcaraz deslumbra y se proclama campeón en Madrid abusando de Zverev

Carlitos desbordó al alemán en la final y se impuso por 6-3 y 6-1 en 62 minutos

Alcaraz devoró a Zverev con una autoridad asombrosa para conquistar su primer Mutua Madrid Open. El torneo que cumplía este año su vigésima edición se ha rendido a un jugador de 19 años que después de deslumbrar ante Nadal y Djokovic torturó al alemán en la final. Eso considerando que hubiera final. El marcador no pudo ser más revelador: 6-3 y 6-1 en 62 minutos.

Carlitos fue tan superior que el partido decisivo parecía una segunda ronda de un torneo menor. Enfrente estaba el dos veces ganador en la Caja Mágica, el campeón del Masters, la alternativa al Big 3, un jugador invicto en la Manolo Santana, el oro olímpico... Alcaraz lo convirtió en un jugador menor para ratificar su perfección en las finales. Ha jugado seis y las ha ganado todas. Este año ha sido campeón en Río, Miami, Barcelona y Madrid. Ahora llega Roma y luego París. Sólo pensar en Carlitos en Roland Garros da vértigo.

Una de las reflexiones de Alcaraz después de cargarse a Djokovic, el “¿qué ha pasado?” que dejó escrito en una cámara, es lo que se estaba preguntando Zverev antes de consumirse la primera media hora de final. Carlitos le estaba pasando por encima con un suficiencia que asustaba. Del crío al que el año pasado derrotó en Acapulco y en Viena no había ni rastro. Alcaraz necesitó cuatro juegos para soltarse. En el segundo juego en el que Zverev armaba su cañón amenazó con la primera bola de break. Fue el único instante en que le rescató su servicio a más de 220 kilómetros por hora. Puro espejismo. El murciano se movía con una autoridad aplastante desde el fondo de la pista. Echó un par de metros para atrás al alemán y le empezó a mover como si estuviera jugando con la consola. Mandaba con la derecha, mandaba con el revés y cuando Zverev estaba desplazado, dejadita y el público enloquecido. Sumó un break en el sexto juego, diez puntos seguidos para despegar y los planes de Zverev se vinieron abajo con un soplido. El servicio le servía de muy poco, su temible revés era inofensivo, los puntos eran cortos sólo por sus errores. La falta de ritmo a Alcaraz le preocupaba entre poco y nada. En 31 minutos liquidó la primera manga como si estuviera jugando una primera ronda de un ATP 250. Cedió tres puntos con su saque y de la paliza vivida en semifinales ante Nole no había ni rastro.

Ferrero, que fue entrenador del alemán en una etapa reciente, aseguraba que el partido lo afrontaban “como si fuera uno más. Carlos tiene muchas armas y hay que poner todas en juego. Tenemos que tratar de contrarrestarle el saque que va a ser lo más complicado”. El desarrollo del partido quitó la razón a Ferrero. Pareció hasta fácil. Alcaraz desentrañó los misterios del servicio de Zverev como si fuera lo más sencillo del mundo. Como si en vez de responder a cañonazos a 220 kilómetros por hora, devolviera saques sencillos. En el tercer juego del segundo set, el alemán se encontró con otro 0-40. Desquiciado, decidió cambiar de raqueta. No le sirvió de nada. Otro resto teledirigido y una dejada “made in Alcaraz” para poner la final todavía más de cara. El murciano había cogido carrerilla y el alemán dimitió. Sin más.

Los gestos de desesperación se multiplicaron. Otra dejada, un globo, un passing... Alcaraz hacía lo que le daba la gana. Ya lo dijo Ferrero: “Las finales hay que salir a ganarlas y la actitud no se negocia”. Su pupilo, el nuevo campeón en Madrid, lo tiene grabado a fuego. Zverev lo resumió mejor que nadie cuando saludó al ganador en la red: “Eres buenísimo”. Y en la ceremonia de entrega de trofeos lo ratificó: “Ahora eres el mejor jugador del mundo”. Pues eso.