La española Aernnova se sube al Concorde de Boeing

Aerion, que desarrolla un avión supersónico junto al fabricante americano, la selecciona para construir el fuselaje central del aparato

El mítico Concorde está cada día más cerca de tener un heredero. Y a diferencia de lo que ocurrió con el original, que fue un proyecto franco-británico, entre los que aspiran a ser sus sucesores hay uno que contará con colaboración española. La compañía americana Aerion está desarrollando junto a Boeing y General Electric un avión supersónico, denominado AS2 y con capacidad para 12 pasajeros. Y para la construcción de su fuselaje central, ha elegido a la española Aernnova. La firma está especializada en el diseño y fabricación de aeroestructuras y componentes como alas, empenajes y secciones de fuselaje y ha sido seleccionada por el consorcio americano por su “impresionante y demostrada trayectoria en el diseño y fabricación de grandes aeroestructuras de material compuesto”, tal y como declaró en un comunicado el consejero delegado de Aerion, Tom Vice.

El desarrollo del AS2 cobró nuevo impulso en febrero, cuando Boeing firmó un acuerdo con Aerion para el desarrollo del modelo, que espera realizar sus primeros vuelos de prueba en 2023 y obtener las certificaciones en 2025. Se trata de un avión proyectado para volar a Mach 1,2, o 1,2 veces la velocidad del sonido. Antes de Boeing, la compañía con sede en Reno (Nevada) había colaborado con Airbus entre 2014 y 2017. Para los motores, cuenta con el apoyo de otro gigante, General Electric.

A pesar de contar con el respaldo tanto de Boeing como de General Electric, el AS2 no está previsto que sea el primer avión supersónico que vuelva a surcar los cielos tras el Concorde. Si sus planes se cumplen, la primera que volverá a poner en el aire un avión supersónico comercial será Boom Supersonic. Esta firma, también americana, asegura que tiene muy avanzadas sus pruebas preliminares y que su modelo XB-1 volará en pruebas en 2020. La firma de Colorado, que cuenta con el apoyo de Japan Airlines, aspira a tener un aparato de 55 asientos capaz de alcanzar una velocidad de Mach 2.2.

El tercero en discordia en esta carrera –sin olvidar a la Nasa, que también ha firmado un acuerdo con Lockheed Martin para desarrollar un avión de este tipo- es la empresa con sede en Boston Spike Aerospace. Su objetivo, como el de Aerion, es que su modelo S-512, de 18 asientos, alce el vuelo en 2023 y logre velocidades de Mach 1,6.

En un momento en que la aviación está en el centro de todas las miradas por sus daños al medio ambiente, el ruido, así como su desorbitado consumo y sus emisiones contaminantes, son algunos de los hándicaps que, a priori, complican la vuelta a los cielos de estos aparatos. Sin embargo, los fabricantes aseguran que la tecnología ha avanzado tanto que todos estos obstáculos son ahora superables. Spike, por ejemplo, afirma que su avión volaría con unos niveles de ruido muy reducidos. Además, todos están convencidos de haber encontrado soluciones para evitar el conocido como estampido sónico, el estruendo que provocaba el Concorde cuando rebasaba la velocidad del sonido. Para el problema del consumo de carburante y sus emisiones, Boom se ha aliado con la compañía Prometheus, que asegura que ha desarrollado una tecnología casi de ciencia ficción. La firma sostiene que es capaz de separar el CO2 del aire y usar electricidad limpia para transformarlo en gasolina, diésel y combustible para aviones. La electricidad se generaría con fuentes alternativas, con lo que no habría ninguna generación de CO2 en el proceso.