Economía

«La industria del lujo ha crecido en los últimos cuatro años más que la economía europea»

Carlos Falcó. Presidente Círculo Fortuny

Carlos Falcó, marqués de Griñón, es un hombre elocuente apasionado de lo que hace. Profundo amante de España, su cultura, su folclore, su artesanía... Además de presidir Marqués de Griñón Family Estates, está al frente de Círculo Fortuny, la asociación que agrupa a las marcas de alta gama y las instituciones culturales de más prestigio del país, y los dos últimos años ha presidido European Cultural and Creative Industries Alliance (ECCIA). También es presidente honorífico de Grandes Pagos de España y vicepresidente de la Real Academia de Gastronomía.

– ¿Valora la sociedad y la clase política en particular lo que representa para la economía europea la industria del lujo?

– En parte sí, pero quizá haya que hacer más comunicación. Es uno de los objetivos de Circulo Fortuny y de European Cultural and Creative Industries Alliance. Quizá en el “corazón burocrático” de Europa, Bruselas, donde solemos reunirnos con frecuencia y con cierta periodicidad tenemos acceso al Parlamento Europeo para difundir nuestro discurso, y presentamos nuestros estudios, quizá haya una conciencia mayor que en el conjunto de la UE y de los gobiernos nacionales. Europa domina la excelencia en el automóvil. Hecho que resulta muy importante para que, como dice la presidenta Angela Merkel, Europa pueda sobrevivir con el 7% de la población mundial y sufragando la mitad del gasto social de todo el mundo.

– ¿Las connotaciones peyorativas del término lujo se han superado?

– Hemos trabajado para mejorar su definición. En el diccionario dominaba la idea de que era algo caro e inútil. El significado era negativo. Ha sido una tarea laboriosa. Contactamos con la RAE, a través de nuestro presidente de honor, Enrique Loewe. El proceso ha tardado dos años porque ahora para cambiar cualquier vocablo hay que consultar con las veintitantas academias latinoamericanas. Al final se ha añadido una acepción que nos gusta: “Elevada categoría, excelencia o exquisitez que posee algo por la calidad de las materias primas empleadas en su fabricación, sus altas prestaciones o servicios, etc.”. A las asociaciones inglesa y francesa prefieren las palabras “luxury” y “luxe”, mientras que la alemana, la italiana y la española preferimos términos como los de excelencia o alta gama. Yo que soy un hombre de campo tengo comprobado que en este ámbito se dice, por ejemplo, que es un lujo volver a ver un hijo, o tomarse una cerveza a la sombra de una encina en un día de verano. Por tanto, existe una concepción popular muy positiva de esta palabra.

– De todos los datos que recoge el informe de ECCIA, presentado a finales de enero, ¿cuáles destacaría sobre todo?

– Destacaría principalmente la capacidad de resiliencia que ha puesto en evidencia nuestro sector durante la gran crisis. Ha demostrado potencia para generar empleo y valor añadido. En todo momento, ha dominado el sector a nivel mundial, que ya crecía de por sí. Así, este estudio refleja que en los últimos cuatro años ha crecido tres veces más que la economía europea y ha acaparado un 10% de las exportaciones.

– ¿El 72% que representan los productos y servicios de excelencia europeos en el mercado global es su techo o aún puede ser mayor?

– Obviamente, no porque estamos creciendo a unos ritmos muy altos con tasas superiores al 7%. Esta progresión es consecuencia del gran aprecio por la cultura, la tradición y la artesanía europeas de las nuevas clases medias de economías emergentes como las del sudeste asiático. Bienes físicos, como los automóviles, la moda, los cosméticos, los complementos, la joyería... tienen su punto de partida en la cultura milenaria del Viejo Continente y que, afortunadamente, se ha mantenido en muchísimas regiones. Por ejemplo, en esos pequeños pueblos de Suiza donde se hacen diminutas piezas de relojería que luego se ensamblan, o esas zonas de viñedo como La Rioja o la Ribera del Duero, o esos magníficos talleres de cuero de Ubrique. Es muy importante su continuación porque de ella dependerá la pervivencia de la población rural.

– ¿Por qué esta industria de la alta gama es esencialmente europea?

– Por su fuerza creativa y diversidad cultural. Por ejemplo, España tiene patentes y vigorosas influencias de muchas civilizaciones. Por aquí ha pasado todo el mundo. Se asentaron tartessos, íberos, celtas, celtíberos, cántabros, vascones, griegos, fenicios, cartagineses, romanos, sefardíes, visigodos, bizantinos, suevos y árabes, entre otros. Uno de nuestros primeros artistas, Fernando Caruncho, uno de los grandes paisajistas mundiales, protagonizó una anécdota muy simpática cuando le dedicaron un libro “The gardens of Fernando Caruncho: Mirrors of paradise” (“Los jardines de Fernando Caruncho: Espejos del paraíso”). Le entrevistó una periodista de la BBC que le preguntó: “¿Cómo se dedica usted a los jardines en un país tan seco como España?”. Su respuesta fue contundente: “¿Usted ha tenido la oportunidad de estar en Granada y visitar los jardines del Generalife?”. Y ella le contestó: “Yes, of course”. Y él le replicó: “Pues faltaban 600 años para que en Inglaterra hubiera un jardín”. De ahí venimos.

– ¿En qué mercados tienen mejor acogida estos productos?

– Hay tres potentes: Europa, América del Norte y Oriente –el gran fenómeno del crecimiento–, representado principalmente por Oriente, Japón, China, Corea del Sur y Singapur. China, según el último estudio de la consultora Bain&Company, representará casi el 45% de todo este mercado en 2025, prácticamente la mitad. En ese país seguirán aumentando las ventas y sus nacionales comprarán más en Europa, la primera potencia turística del mundo, a donde viajarán más. La revolución digital lo está cambiando todo. Antes de decidir, los compradores se navega por la red y se enteran de las diferencias de surtidos entre países y marcas. Internet se está convirtiendo en una herramienta esencial para un sector que, hace apenas un lustro, no sólo no quería saber nada de la red.

– ¿Y África?

– Existen mercados pequeños en Marrueco y Suráfrica, donde por ejemplo hay una hostelería de categoría. Los países del Golfo son importantes como clientes.

– ¿Hay algún segmento, como el de la relojería suiza, en riesgo como consecuencia de la Revolución Tecnológica?

– Ese temor existía, pero mantiene su fuerza exportadora y sigue siendo el motor de muchos pueblos helvéticos donde existen pequeños talleres artesanales en los que elaboran esos componentes que son verdaderas obras de arte y que, después, ensamblan en las fábricas de las grandes firmas. A mí me asombra que dos potencias de la automoción como Estados Unidos y Japón no puedan con Europa en el segmento de los coches de alta gama. Es un dominio absoluto y refleja la capacidad de los europeos para conjugar artesanía y tecnología de vanguardia. También estamos muy satisfechos porque la industria está siendo capaz de atraer a los “millennials” y otras generaciones más jóvenes, que hoy buscan más experiencias que bienes. Lo que sí ha descendido es la fidelidad a las marcas.

– ¿Requiere esta industria una mayor atención por parte de las autoridades comunitarias?

– Nosotros no reclamamos ayudas financieras. Sí pedimos un fortalecimiento del marco regulatorio en relación al modelo de distribución selectiva del sector; una mayor protección de los derechos de propiedad intelectual online y offline –esenciales para nuestras marcas y sus procesos exclusivos– para luchar de forma más eficaz contra la falsificación; impulsar una formación profesional que permita a los jóvenes adquirir los conocimientos artesanales que perpetúen el legado europeo de la excelencia; fomentar la sostenibilidad a través de políticas armonizadas; garantizar un acceso justo a los mercados, y facilitar la entrada de turistas extracomunitarios en la Unión Europea y asegurar su fácil circulación por todo el territorio.

– ¿En qué momento se halla la industria de la alta gama en España?

– Hicimos un estudio hace un par de años. El momento es excelente porque tenemos una tradición artesana muy prolongada y variada. Parece que no, pero sigue estando presente. Luego tenemos la suerte enorme de tener un país maravilloso, enormemente atractivo por su calidad de vida, que visitan cada año más de 80 millones de turistas, por lo que somos un magnífico escaparate para enseñar lo que hacemos.

– ¿En qué gamas de la excelencia son mayores nuestras posibilidades?

– En el sector de la moda tenemos mucho que hacer. Tenemos un gran talento. Contamos con una empresa como Inditex y relevantes diseñadores que están ayudando mucho y, paulatinamente, a ir conformando una moda de lujo. Las pasarelas que se hacen aquí no tienen nada que envidiar a las tradicionales de París o Milán. Contamos con hoteles-clínicas del bienestar impresionantes. La gastronomía, la hostelería, el vino y el aceite de alto standing tienen aún amplio recorrido. Nuestra modesta empresa, Marqués de Griñón Familiy States, factura el 65% fuera de España y vende muchos de sus productos en establecimientos exclusivos.

– ¿El español consume mucho lujo?

– Estamos a bastante distancia de otros miembros del club, como Francia o Italia, probablemente una tercera parte –ahí se incluye a los consumidores y a las marcas nacionales e internacionales–pero ahora crecemos el doble. En 2025 alcanzaremos una facturación de 20.000 millones, unas dos terceras partes de lo que mueven los líderes.

– ¿Por qué España atrae a menos turistas con mayor poder adquisitivo que Italia, Francia o Reino Unido?

– Hay razones muy concretas y que yo he tenido la oportunidad de analizar en algún congreso. Un chino que quiere viajar a Europa y pide un visado al consulado de Francia o al de Inglaterra o al de Alemania, lo consigue en 24 horas. España, en cambio, tarda 15 días. Puede ser que acabe viniendo aquí al final de su viaje, pero ya su capacidad económica está mermada. Solventar este problema corresponde a nuestro Gobierno y a la UE y se lo hemos dicho, como se dice en Andalucía, “cienes de veces”.

– ¿Está bien promocionada España en el sudeste asiático?

– En esa zona, y concretamente en China, lo español tiene una buena imagen, pero nuestra Administración tiene mucho que hacer para darnos a conocer más y mejor. Por otro lado, otra de las razones ha venido siendo la falta de conectividad, pero ha aumentado considerablemente en los últimos años, aunque aún estamos lejos de las de Inglaterra, Francia, Italia o Alemania.