La subida de impuestos la pagarán las clases medias

La realidad acabará imponiéndose y las subidas afectarán a todo el mundo, no sólo a los ricos

Que durante los próximos años los impuestos en España van a incrementarse de un modo muy notable es algo que, a estas alturas, no debería dudar nadie. De acuerdo con la AIReF, la próxima década será un decenio de ajustes presupuestarios (recortes del gasto y aumentos tributarios) y la siguiente deberá ser una década de equilibrio presupuestario (es decir, que no habrá margen para importantes rebajas fiscales si no se ajusta proporcionalmente el gasto a la baja). Desde el Gobierno -y a la luz de la reciente entrevista de Pedro Sánchez en La Sexta- parece que están empezado a ceder ante la evidencia pero, eso sí, preservando un matiz propagandístico importante: que esa subida fiscal tan sólo recaerá sobre los más ricos.

Pero no, la magnitud del ajuste presupuestario que necesita España es de tal calibre que resulta del todo inconcebible que, sin profundísimos recortes en el gasto público que este Ejecutivo desde luego no quiere aprobar, tan sólo se les acaben subiendo los impuestos a los ricos.

Recordemos las cifras en las que nos estamos moviendo. El déficit público esperado para este año -y el que vamos a tener que ir reconduciendo durante los años venideros- superará los 110.000 millones de euros. A su vez, la subida del IRPF a las rentas más altas que ha planteado el Ejecutivo de coalición PSOE-Podemos (a saber, un nuevo tipo marginal del 47% para las rentas de más de 130.000 euros y otro del 49% para las superiores a 300.000 euros) apenas espera recaudar -según las propias estimaciones de sus promotores, esto es, de PSOE y Podemos- 328 millones de euros. Adicionalmente, el incremento fiscal contra las grandes empresas sólo arrojará -de nuevo, según sus promotores- 1.700 millones de euros. ¿De verdad alguien puede creerse que con poco más de 2.000 millones de euros vamos a rellenar un agujero fiscal de más de 100.000 millones?

Evidentemente no. Incluso si añadiéramos a este paquete de medidas la planteada por Unidas Podemos -y de momento rechazada por el PSOE- consistente en crear un impuesto confiscatorio sobre las grandes fortunas, la imagen no cambiaría apreciablemente, dado que la formación morada confía en obtener por esta vía -y se trata de una magnitud muy inflada- 12.000 millones de euros. Pero el agujero presupuestario, repetimos, sigue siendo de más de 100.000 millones de euros.

Subidas generalizadas

De ahí que, al final, la realidad vaya a terminar imponiéndose y las subidas de impuestos terminarán afectando a todo el mundo, pero especialmente a las renta medidas y bajas.

El Banco de España trazó el camino esta semana. España necesita subir el IVA (no necesariamente aumentar su tipo general del 21%, sino reducir el número de productos exentos de tributación o sujetos a los tipos superreducidos y reducidos del 4% y del 10%) y crear nuevos impuestos especiales. Fiscalidad indirecta, pues, que como es obvio afectará a la totalidad de la población. En este sentido, recordemos que sólo la reforma del IVA conlleva un aumento de recaudación potencial de entre 40.000 y 50.000 millones de euros anuales (la «Memoria de Beneficios Fiscales» elaborada por el Ministerio de Hacienda considera que las exenciones del IVA reducen la recaudación en 17.232 millones de euros, mientras los tipos reducidos acarrean unas mermas recaudatorias de 23.797 millones de euros).

Al lado de este potencial recaudatorio del IVA, la subida fiscal a los ricos palidece por entero. Después de la demagogia populista, vendrá el rejonazo generalista.

Día Liberación fiscal
Si desde el comienzo del año dedicáramos el salario íntegro de los españoles a pagar impuestos a la Hacienda pública, ¿qué día habríamos terminado de saldar nuestra deuda con el Fisco de acuerdo con la presión fiscal actualmente existente en el país? Esa fecha, aquella en la que nos liberamos de las cadenas estatales, es lo que popularmente se conoce como Día de la Liberación Fiscal y, según los cálculos elaborados por el «think tank» Civismo, este año se ha alcanzado el pasado 26 de junio. Es decir, que el español medio ha estado trabajando aproximadamente la mitad del año para el Estado. Seis meses íntegros para abonar un menú fiscal tan variado como el IVA, el IRPF o las cotizaciones sociales. Por desgracia, todo apunta a que ese Día de la Liberación Fiscal se volverá más tardío durante los próximos ejercicios.
¿Buenos datos de paro?
Si no se producen nuevos rebrotes del coronavirus que paralicen otra vez al país, la economía española experimentará una reactivación progresiva durante los próximos meses. Lo que primero se detuvo en seco, luego echa a andar. Los negocios que sobrevivieron a la hibernación social volverán a ponerse en marcha y eso se irá traduciendo en nueva actividad y en la generación de nuevo empleo. Ése es justo el proceso, de hecho, que llevamos dos meses experimentando y, por eso, tras un marzo y un abril de fuerte destrucción de puestos de trabajo, mayo y junio han arrojado datos menos negativos. Pero haríamos muy mal en pensar que, por el hecho de que la caída acelerada se haya frenado en los dos últimos meses, la recuperación económica está a la vuelta de la esquina. Al contrario, lo que estamos viendo es que la reactivación está teniendo un pulso débil.
¿Oferta o demanda?
¿Cuáles han sido los principales factores que han hundido la economía española durante los últimos meses? ¿Hemos colapsado porque las empresas han dejado de producir (lo que técnicamente se conoce como «shock de oferta») o porque los agentes económicos han dejado de gastar (lo que técnicamente se conoce como «shock de demanda»)? De acuerdo con el último análisis efectuado por el BBVA Research, aproximadamente la mitad de la caída económica que experimentaremos en 2020 se deberá a factores de oferta y la otra mitad a factores de demanda. Eso sí, los factores de oferta irán volviéndose progresivamente más relevantes conforme avance el ejercicio, por lo que las políticas tradicionales de estímulo de la demanda que han venido aplicando los gobiernos no serán pertinentes para acelerar la recuperación. Deberemos apostar, en cambio, por políticas de flexibilización de la oferta.