Opinión

Y volver, volver... al trabajo en la oficina, ¡otra vez!

El trabajo no es solo resolver tareas, también es social. ¿Volverán las sombras para vigilar quién está trabajando en la oficina y quién no?

Pilar LLácer

Antes de quejarte o alegrarte de volver presencialmente a la oficina, si todavía no lo habías hecho, la primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Para qué sirve tu trabajo? ¿Te has parado alguna vez a pensarlo? El para qué, no es lo mismo que el por qué trabajas. Esta última es más fácil de responder: por dinero, por reconocimiento, porque no eres millonario, y en algo hay que ocupar el tiempo… El para qué está relacionado con el propósito, con la ética, con la sostenibilidad, con tus valores, con construir una sociedad mejor para todos: empleados, empresas, clientes y accionistas.

Este año, en agosto, las grandes ciudades se quedaron desiertas, las casas y las oficinas también. Locales cerrados por vacaciones y muchas respuestas de «fuera de la oficina», hasta el último día del mes. Parece que había ganas de dejar de trabajar y teletrabajar. Septiembre se avecina como una ola gigante de vuelta al trabajo presencial en la oficina, en masa y con aforos. Enorme de incertidumbre y con gran dosis de contacto y menos pantalla. El bronceado o los kilos de más, se aprecian mejor en el cara a cara.

¿Qué nos espera de esta vuelta a la normalidad del trabajo presencial en las oficinas? Lo que está claro es que los primeros días o semanas vendrán con ganas de reencuentros, de contactos, de comidas y cafés, de hablar cara a cara, de socializar. El trabajo no solo consiste en resolver una serie de tareas de mayor o menor dificultad en una unidad de tiempo. El trabajo también es social. Ese barniz que parecía que no era productivo, la pandemia lo ha configurado como el verdadero pegamento de las organizaciones para hacer crecer los negocios y generar mayor compromiso entre los trabajadores.

Las grandes empresas han definido políticas y procedimientos que van a intentar dar solución a la demanda de flexibilidad de los empleados. Pero no debemos olvidar cuál tiene que ser el verdadero objetivo de la vuelta al trabajo en septiembre, generar negocio de manera exponencial y sostenible. La forma de hacerlo tendría que ser irrelevante. La transformación digital, la transición energética y los 17 objetivos de la Agenda 2030 van a provocar que, aunque la vuelta a las oficinas sea presencial y mixta, el trabajo ya no sea como antes.

¿Qué incremento de emisiones de dióxido de carbono va a provocar el regreso de los empleados a las oficinas? ¿Qué grado de compromiso vamos a obtener si obligamos a una presencialidad con horario fijo? ¿Atraeremos al mejor talento si no tenemos confianza en el teletrabajo?

Dicen que uno de los grandes retos de los departamentos de recursos humanos será ajustar las necesidades de los empleados con las de las empresas, pero no es ese. Tendremos que pensar si el estilo de liderazgo que tenemos en las organizaciones se va a adecuar a la nueva normalidad, que será, sobre todo, distinta a la forma de trabajar de antes. ¿Volverán las sombras para vigilar quién está trabajando en la oficina y quién no? Esperemos que por el bien de los empleados, empresas, clientes y sociedad, no vuelvan nunca más.

Pilar LLácer es Directora del Centro del Futuro del Trabajo en EAE Business School