Calviño reconoce ya que los precios de la luz, las materias primas y la crisis de suministros puede afectar a las previsiones

Cepyme advierte de que han desaparecido 40.000 empresas

Demasiada presión llevaba acumulando el Gobierno durante las últimas dos semanas, después de que instituciones, organismos y supervisores hayan rebajado «significativamente» sus previsiones para España este año y el que viene. La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, se había resistido a aceptar que el FMI, la OCDE, el Banco de España, el INE, la AIReF, varios bancos y ayer Funcas remendaran el crecimiento marcado por la oficialidad –establecido en el 6,5% para este año y el 7% para el que viene–.

Todavía lo mantiene la ministra, pero ayer dio el primer síntoma de debilidad en un acto en la Universidad Autónoma de Madrid. Allí mostró su «gran preocupación» por el alza del precio de la energía, los carburantes y las materias primas, además de los «cuellos de botella» que se están produciendo en las cadenas globales de suministro, ya que «pueden suponer un serio freno a la recuperación», sobre todo en el ámbito industrial, tanto por las causas citadas como por el incremento de los precios de las materias primas, que está provocando un fuerte despegue de la inflación. Esto obligaría al Gobierno a retocar sus previsiones de crecimiento a la baja, algo que quieren evitar a toda costa por el consiguiente desvío presupuestario.

Calviño también reconoció que la globalización está suponiendo «un aumento de la vulnerabilidad», porque «dependemos más los unos de los otros. Lo descubrimos inmediatamente en el comienzo de la pandemia por las mascarillas. Y ahora lo estamos viendo con los semiconductores, pero también con el transporte internacional de bienes semifacturados, que son los que pueden suponer un freno a la capacidad de recuperación».

La vicepresidenta defendió la necesidad de reforzar la autonomía estratégica de Europa en las cadenas de valor globales porque son «determinantes para que podamos tener el impulso de la recuperación». Para esta idea puso como ejemplo el sector del automóvil en España, que ha sufrido especialmente en su producción la falta de suministros, para el que la UE ya está preparando un proyecto estratégico «en el ámbito de los semiconductores y en otros ámbitos». También en el energético , en el que Calviño defendió la necesidad de «modernizar el marco regulatorio.

Pero todos estos argumentos siguen sin convencer a los empresarios españoles, que recuerdan a la ministra de Asuntos Económicos que tanto «la escasez de suministros, como el incremento del precio de los productos energéticos se está trasladando a empresas y servicios auxiliares de la industria, como el transporte». La economía española cerró el mes de septiembre con cerca de 40.000 empresas menos que antes de la crisis, con datos desestacionalizados y comparados con 2019, año no afectado por la pandemia.

Son cifras de Cepyme presentados ayer, que muestran que, hasta septiembre, sólo se había recuperado el 83% de las empresas perdidas durante la pandemia, por lo que reclama un plan de ayudas «realista y eficaz» para impulsar una recuperación que «se está ralentizando por el menor dinamismo de la actividad y la crisis energética y de materias primas», avisa Cepyme. En concreto, la recuperación del número de empresas se ralentizó en el tercer trimestre (+1,9%) tras el fuerte repunte del segundo trimestre (+3,3%), sobre todo por la crisis de suministros.

Desde la patronal reclaman que «cualquier regulación o iniciativa presupuestaria que limite la libre iniciativa empresarial o eleve las cargas tributarias sobre las empresas, repercutirá negativamente en la actividad, desincentivará la atracción de inversiones e impedirá que el dinamismo empresarial recupere sus niveles precovid».