Adiós a las hipotecas baratas

El aumento de los tipos de interés golpea en la línea de flotación del consumo y la inversión

Cartel de una entidad bancaria ofertando su hipoteca..
Cartel de una entidad bancaria ofertando su hipoteca.. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

La inflación desorbitada, que ya forma parte de nuestras vidas y que nos va a acompañar durante mucho tiempo, es un monstruo de varias cabezas que va erosionando, poco a poco, el crecimiento económico y la capacidad de compra de los ciudadanos. Realmente es un impuesto que nos invade en silencio y que nos empobrece, en especial, a las clases medias. Y para frenar la inflación, la doctrina económica sugiere una política monetaria contractiva, con el fin de la barra libre de los bancos centrales y la subida de tipos de interés que permitan enfriar la demanda de la economía y, con ello, buscar una caída en los precios.

Pero la subida de los tipos de interés, que ya se anticipan en los mercados, con un euribor diario que supera el 1,1% y que podría cerrar el año cerca del 1-1,25% tiene un efecto directo e inmediato en las familias que deben renovar las condiciones de su hipoteca o en aquellas que están pensando en adquirir una vivienda. En esta línea, el efecto será doble, por un lado, familias que verán como deben pagar unos 3.000 euros anuales para una hipoteca media y, por otro, un freno para el mercado inmobiliario con promotoras que deberán hacer descuentos en precio para liberarse de activos hipotecados y agencias inmobiliarias que verán caer su facturación con el riesgo de cierre de oficinas como ya vimos en la anterior crisis.

En España, 3 de cada 4 hipotecas se han firmado a tipo de interés variable, la mayoría referenciadas al euribor y esas, serán las más afectadas, aparte de las nuevas que se vayan a firmar a tipo fijo que ya ha aumentado significativamente.

Por otra parte, el aumento de los tipos de interés golpea en la línea de flotación del consumo y la inversión, pues al encarecerse el crédito y aumentar la dificultad para acceder a financiación, hará que las familias se endeuden menos y consuman menos (a lo que se añade la pérdida de poder de compra por la inflación y salarios que no suben) afectando a todos los sectores (desde comprar un coche hasta las vacaciones) mientras que las empresas harán lo propio ralentizando o parando sus planes estratégicos de inversión. Ambas cosas agudizarán los síntomas de un mercado de trabajo que ya está herido de gravedad con la tasa de paro más elevada de Europa y lastrarán el crecimiento de nuestra debilitada economía que podría entrar en riesgo de recesión y, con ello, estanflación.

Y como guinda del pastel, las condiciones de acceso al crédito se van a endurecer pues la banca buscará protegerse de la morosidad, más aún tras la lección bien aprendida de la anterior crisis. Para ello, recrudecerá las condiciones para otorgar préstamos, exigiendo más garantías, aumentando los diferenciales sobre el Euribor y forzando a una mayor vinculación de los clientes.

Pero es que hemos vivido mucho tiempo con tipos por los suelos, pero los días de vino y rosas han terminado y tendremos que ajustarnos el cinturón y reflexionar antes de pedir un crédito mientras que la banca siempre gana.