Opinión

Vida de rico

En Moncloa creen que los que ganan más de 1.200 euros netos al mes van ya servidos de bajadas de impuestos

Erik Montalbán

La –desconocida– portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, aseguró este domingo que los Presupuestos Generales del Estado de 2023 están «muy avanzados». Tan avanzados que podrían ir al Consejo de Ministros mañana mismo incluso, para «dar tranquilidad para proteger a las familias». Según nos dicen, el último «plan» –subida– fiscal de Hacienda beneficia a las rentas medias y bajas –la mayoría– en detrimento de los «ricos» –la minoría–, que tienen que ser «solidarios» con la que está cayendo y apretarse un agujerito el cinturón. Me parece difícil que haya prácticamente una sola familia en España que se haya quedado «tranquila» con esta farsa tributaria: ni las clases bajas, ni las medias ni las altas.

Se bajan los impuestos del trabajo a las rentas más bajas, que prácticamente ya no pagaban, más que nada porque muchos no estaban ni obligados a hacer la declaración y tributaban por el mínimo. A las medias, ni agua, como de costumbre. Porque consideran en Moncloa que a partir de 21.000 euros de ingresos brutos anuales ya no es clase media y ya se les ha bajado el IVA de la luz y llenado los bolsillos –ironía «modo on»– con 20 céntimos por litro de gasolina. Por tenerlo claro: 21.000 euros al año para un señor casado y con dos hijos es un estratosférico sueldo de 1.240 euros netos al mes. Si son 30.000 son 1.666 euros, 40.000 se quedan en 2.125 euros y 50.000 en 2.557 euros. Vamos, un currante como cualquier hijo de vecino, que como se le rompa el coche o le llamen de recursos humanos para decirle que ahí tiene la puerta tiene un problemón como la copa de un pino, pero que en Moncloa está marcado con una «diana» en su nómina y en su declaración de la renta como sujeto «rico a esquilmar».

Y a las altas de verdad –más de tres millones de Patrimonio–, a pagar aún más, que pagan poco. Poco importa que esos patrimonios no sean «líquidos» –inmuebles y terrenos–, que ya hayan pagado impuestos como para mandar el Falcon a Tombuctú o que al final vayan a tributar más del 100% de su renta, como le recordó Daniel Lacalle al pianista de cámara de Sánchez. Mientras, sus «señorías» se suben otro 3,5% el sueldo, con el beneplácito de todos aquellos que venían «para cambiar las cosas» y lo único que han cambiado es su cuenta corriente. La vida de rico.