Innovación

El enigma del número 42 y su relación con el Silicon Valley gratuito donde se forman los profesionales del futuro

42 es un campus de programación sin clases, sin libros, sin límite de edad, sin necesidad de formación previa y gratuito. Está abierto las 24 horas los 365 días del año en Madrid, Urdúliz (Vizcaya), Málaga y Barcelona

Campus 42 Madrid
Campus 42 MadridLa Razón

“La respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás es 42″. Esta es la conclusión a la que llegó una supercomputadora gigantesca tras más de siete millones de años procesando una pregunta, tal y como escribió Douglas Adams en su obra “Guía del autoestopista galáctico”. Desde 1978 los fans de esta novela han intentado dar un significado al número 42, siendo los programadores el máximo exponente. 42 es 101010 en binario y el carácter número 42 en ASCII es el asterisco, que se considera un comodín. Como ocurrió con este enigma, los campus 42, conocidos por muchos como el “Silicon Valley” gratuito, basan toda su metodología en nunca dejar de hacerse preguntas e investigar para alcanzar por uno mismo el conocimiento.

Gratuito, presencial, sin aulas, abierto 24/7 y sin límite de edad. Todas estas características hacen que 42 sea mucho más que un campus de programación. Es una academia de valores, de actitud y de aprendizaje de hard y soft skills. Un espacio con un modelo de formación disruptiva que da respuesta a los perfiles digitales demandados por el mercado laboral y donde los estudiantes “aprenden a aprender”.

Campus 42 nació en París en 2013 y llegó a España en 2019 de la mano de Telefónica.Actualmente existen cuatro campus 42 en Madrid, Barcelona, Urdúliz (Vizcaya) y Málaga gestionados por Fundación Telefónica junto con alianzas público-privadas. En total hay cerca de 2.000 estudiantes en nuestro país y 15.000 en los 26 países donde está presente la Red 42 en el mundo.

Inés Temes, directora general de 42 Madrid, define esta alternativa formativa como “el laboratorio de buscarte la vida”. “Campus 42 es una oportunidad de aprender de manera diferente y de aprender cómo se trabaja en realidad. Se te presentan retos y los tienes que resolver con tu equipo, no tienes a alguien que te diga cómo resolverlo. Esa forma de trabajo de la empresa nos la llevamos al aprendizaje. Las personas salen de Campus 42 con una gran capacidad de aprender y con una elevada tolerancia a la frustración, porque los proyectos son difíciles”, detalla. “Aquí los ingredientes más importantes son que el estudiante tiene la capacidad de elegir, es protagonista de su educación y la base del trabajo es la colaboración. Es una educación que requiere muchísima motivación”, añade Temes.

Básicamente, 42 prepara para las nuevas profesiones digitales que demanda el mercado laboral. A la formación de 42 se suman otros formatos de menor duración y/o más específicas por donde han pasado 45.000 personas (Open days, Bootcamps, Piscine Discovery, etc). Estas nuevas experiencias formativas responden a las necesidades de distintos públicos, desde personas en situación de desempleo o que quieren reenfocar o potenciar su carrera profesional, a docentes y profesorado, estudiantes de carreras técnicas y con especial foco en las mujeres. Entre los distintos perfiles que se forman en 42 está Laura García, estudiante del campus de Barcelona y graduada en educación infantil.“Los contratos son muy precarios en educación infantil. Quería encontrar una alternativa nueva. Me hablaron de 42, me enamoré y me quedé”, cuenta.

Laura y Pere, estudiantes de Campus 42 Barcelona
Laura y Pere, estudiantes de Campus 42 BarcelonaLa Razón

La piscina: el primer contacto

El único requisito para acceder a 42 es ser mayor de 18 años y querer ser parte activa de la transformación digital de nuestra sociedad. No se requieren ni formación ni conocimientos previos de programación. Para acceder a 42 hay que realizar dos tests online (memoria y lógico-matemático) y una prueba presencial, la denominada piscina, que dura 26 días donde se aprenden las primeras nociones de programación. Las inscripciones están permanentemente abiertas todo el año con la convocatoria de las piscinas que se anuncian en la web y las redes sociales de cada campus. Normalmente se abren cuatro o cinco piscinas al año, siempre en julio y agosto y el resto repartidas a lo largo del año.

“No es necesario saber programar para entrar en Campus 42″, aclara su directora general. “El 50% de la gente que entra en la piscina no sabía programar. Es un campus de programación abierto también a personas que no saben programar. 40% de los perfiles vienen de FP, otro 40% de la universidad y el 20% restantes de otro tipo de formaciones. Hay psicólogos, hay arquitectos, sociólogos, abogados…Tiene que haber abogados digitales, psicólogos digitales, pasteleros digitales…Cualquier profesión es susceptible de ser digitalizada”, apunta en declaraciones a LA RAZÓN.

¿Cómo es la piscina? Su contenido es una incógnita, pero todos los estudiantes lo definen como un periodo muy intenso que exprime al máximo tus habilidades y hace que florezcan otras nuevas. Paloma Costa, de 42 años, cuenta que la piscina de 42 Madrid le “cambió la vida”. “Entré siendo una persona y salí siendo otra. Si me hubieran dicho al principio de la piscina que iba a saber hacer lo que hago ahora, hubiera dicho que era imposible”. Paloma estudió matemáticas y estuvo trabajando en una consultora en Madrid hasta 2013, año en el que se quedó embarazada. Ahí decidió dar un giro radical a su vida emprendiendo un negocio propio con una amiga: un taller de costura. No fue del todo bien y tras 8 años dedicados exclusivamente a la crianza, inició sus estudios en 42 para revitalizar su vida laboral. Ahora, trasconseguir la certificación Google Cloud en el campus, trabaja para Altostratus, empresa de Telefónica Tech.

El día a día de un estudiante

Superada la piscina, comienza la fase de formación en 42, que suele durar tres años. Raquel, diseñadora gráfica, muestra a LA RAZÓN cómo es el día a día de Campus 42 Madrid. El centro está compuesto por diferentes espacios donde el factor común es el acceso a buena conexión y a la última tecnología. Los estudiantes tienen a su disposición ordenadores de última generación y numerosas zonas comunes donde trabajar de forma colaborativa. Y los campus cuentan hasta con vestuarios y salas donde echarse una siesta después de una larga jornada, ya que muchos estudiantes compaginan esta formación con su trabajo u otros estudios. La libertad es absoluta. No hay una estructura jerárquica, se puede entrar y salir a todas horas, competir para conseguir recompensas (como merchandising), pasar un rato con amigos, comer y dormir. Aunque, por supuesto, también existen ciertas normas de convivencia. Entre las numerosas anécdotas que surgen en cada campus, las paredes del centro de Madrid dejan patente una. A modo de “castigo” por incumplir estas normas, un estudiante tuvo que hacer un código QR del tamaño de una pared con notas adhesivas.

Una vez delante del ordenador, los estudiantes deben afrontar una serie de retos que están disponibles en su aula virtual. Estos están planteados como círculos concéntricos. A medida que se superan retos se va pasando de círculo, desde lo más básico hasta lo más especializado. Todos los estudiantes de Campus 42 tienen un tronco común de retos, equivalentes a un examen, que ha sido preparado por el equipo pedagógico de París con la colaboración del resto de centros. Entre las actividades que deben afrontar los estudiantes se encuentran hacer una malla 3D, un videojuego 2D, fractales y algoritmos de ordenación. Superada la fase de contenidos comunes, llega el momento de especializarse. Para ello, Campus 42 ofrece distintas ramas que se ajustan a las necesidades del mercado laboral: blockchain, inteligencia artificial, ciberseguridad, big data, programación de videojuegos y sistemas. Además, los retos también varían según evoluciona el sector digital: los que van quedando obsoletos se eliminan y se introducen otros nuevos adaptados a las necesidades del mercado.

Estudiantes y profesores al mismo tiempo

Pero, ¿y cómo superan los estudiantes los retos sin profesores ni temario? Siendo autodidactas y colaborando. Además de trabajar mano a mano y cara a cara con sus compañeros de centro, todos estudiantes del mundo que se forman en Campus 42 están conectados por una intranet donde pueden compartir sus dudas, recibir ayuda e intercambiar opiniones. Por ejemplo, tras llevar varios días atascada con un reto, Raquel encontró una solución a 10.000 km de distancia, de la mano de un estudiante japonés. En este sentido, Inés Temes señala que “como el aprendizaje es entre compañeros, si en el campus hay 700 estudiantes, hay también 700 profesores. Se apoyan en sus compañeros para avanzar y aprender. Es un ambiente 100% colaborativo. Incluso en la piscina, en la que se juegan entrar a 42, también se genera una comunidad colaborativa. En 42 el conocimiento compartido es natural por la propia tecnología”. En cuanto al tiempo de dedicación necesario para superar esta formación, varía según el alumno y la hoja de ruta que se marque. Pere Barcadit, de 28 años, estudia en 42 Barcelona y asiste al campus cuatro días a la semana, como mínimo dos horas al día. Como fisioterapeuta y profesor de universidad lo que más valora es la flexibilidad, ya que puede adaptar los estudios a sus variables horarios de clínica.

“Una persona motivada en un entorno adecuado es imparable. Eso es lo que potenciamos en Campus 42. Aquí tenemos todos los ingredientes para que la gente llegue a donde quiera con motivación y con empleo”, defiende Inés Temes. La escasez de perfiles formados en el sector IT convierte a los estudiantes de 42 en un tesoro que todas las empresas pelean por conseguir. Así, Campus 42 registra un 100% de empleabilidad.