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La creación de un nuevo fondo anticrisis divide en dos a la eurozona

España se opone a que esta iniciativa sirva tan sólo para premiar a los países que realicen reformas

  • La ministra de Economía española, Nadia Calviño, a su llegada ayer a la reunión del Eurogrupo, en Luxemburgo
    La ministra de Economía española, Nadia Calviño, a su llegada ayer a la reunión del Eurogrupo, en Luxemburgo

Tiempo de lectura 2 min.

14 de junio de 2019. 04:08h

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Mirentxu Arroqui 14/6/2019

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Las heridas siguen abiertas. Aunque los peores momentos de crisis de la eurozona parecen algo del pasado –o precisamente por eso– los países de la divisa única son incapaces de avanzar en una nueva arquitectura que sea capaz de hacer frente a las crisis a través de nuevos mecanismos de solidaridad. La brecha norte-sur sigue latente y ayer, los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro se enfrascaron en una larga y tensa reunión que apuntaba a otro sonoro fracaso, aunque al cierre de esta edición la cita no había llegado a su fin.

España llegó ayer con el ánimo de hacer valer sus tesis. Aunque nuestro país siempre opta por el consenso y no alzar la voz demasiado, salvo en contadísismas excepciones, la delegación española quiso hacer notar que no iba a conformarse con el enésimo acuerdo de mínimos para salvar los muebles.

Como gran batalla, un nuevo instrumento presupuestario que los «halcones del norte» quieren utilizar tan sólo como un sistema de recompensas para incentivar que los Estados del sur realicen reformas estructurales y que cualquier ayuda esté sujeta a una fuerte condicionalidad. Aunque España no se opone a premiar a los países que realicen reformas, pretende que este nuevo presupuesto sirva también como un colchón anticíciclo que sea capaz de salvaguardar las inversiones cuando un país europeo atraviese una profunda crisis, al igual que sucedió en nuestro país con el estallido de la burbuja inmobiliaria.

El propósito es evitar peligrosas espirales en las que la caída de las inversiones redunde en un desaceleración de la economía aún mayor y que esto vuelva a arrastrar a los países del sur con problemas similares. Pero la liga hanseática –con Holanda como líder– dice «nein». Y parece que España también está dispuesta a decirlo y pagar con la misma moneda. «Nos opondríamos a llamar instrumento presupuestario a algo que sólo sea instrumento de control de reformas», aseguraban antes de la reunión fuentes del ministerio de Economía, mientras recalcaban que esta vez querían «algo diferente».

A su entrada a la reunión, la ministra en funciones de Economía, Nadia Calviño, evitó utilizar la palabra «veto», pero expuso la misma idea. «Vamos a tener una posición constructiva pero firme, con ideas claras sobre la necesidad de que este instrumento de verdad tenga un valor añadido», explicó. Según los cálculos, contaría con una línea de financiación de 17.000 millones de euros dentro del presupuesto europeo, aunque después esta cantidad podría incrementarse con aportaciones nacionales a través de un acuerdo intergubernamental. A pesar de que estas primeras cifras son modestas, España podría transigir, siempre que quede clara la doble vertiente de este instrumento para que sirva como embrión de una propuesta más ambiciosa en el futuro. «No será el gran bazuca que algunas esperaban, empezará pequeño y deberá crecer», aseguraban fuentes del Eurogrupo.

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