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La pelea Sánchez-Iglesias resta ya 3.600 millones al PIB

Los economistas alertan de que Cataluña no solo no suma, sino que puede estar restando al crecimiento. Avisan del riesgo para los servicios públicos si las autonomías no reciben los anticipos

  • El artista urbano TVBoy plasmó en una pared del centro de Barcelona su última obra, que muestra al presidente en funciones socialista, Pedro Sánchez, y al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, fundiéndose en un beso
    El artista urbano TVBoy plasmó en una pared del centro de Barcelona su última obra, que muestra al presidente en funciones socialista, Pedro Sánchez, y al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, fundiéndose en un beso /

    Efe

Tiempo de lectura 4 min.

31 de agosto de 2019. 06:00h

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Erik Montalbán 31/8/2019

«Estamos ante una desaceleración económica». Esta es la realidad que vive España, según la opinión de los economistas, que confirman lo que los indicadores llevan meses avisando. Nuestro país no es ajeno al panorama desolador que se cierne sobre la economía mundial, pese a que el Gobierno de Pedro Sánchez se esfuerce (como en su día hizo Zapatero antes de la mayor crisis desde la Guerra Civil) en negar la evidencia. De hecho, la mayoría de los países desarrollados e instituciones han empezado a reaccionar ya para mitigar los efectos de una nueva crisis, incluido el Banco Central Europeo, que ya ha anunciado que empleará todo su arsenal para evitar que la situación se descontrole. El problema es que, además, a España le pilla paralizada y sin Gobierno en plena formación de la tempestad económica. Algo que el Consejo General de Economistas no duda en señalar en su último observatorio financiero.

El informe señala que se constata la debilidad de la demanda interna por la pérdida de confianza de las empresas y el aumento de la prudencia en los hogares, haciendo que aumente el ahorro, tanto tiempo estancado en mínimos. En ambos casos «influye la inestabilidad geopolítica mundial y a la incertidumbre interna por la falta de Gobierno», afirman los economistas españoles.

Según sus últimas previsiones, la economía crecerá este año un 2,2%, «incluso con sesgo bajista». Esta cifra contrasta con la intención del Gobierno de elevar hasta el 2,3% «como mínimo», según apuntó la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Los economistas prefieren mantener una «línea de prudencia». En este sentido, aunque consideran que es arriesgado decir cuánto está afectando la parálisis política al crecimiento, estiman que «algunas décimas, quizás no más de tres». Esto supone unos 3.600 millones de euros de impacto en el PIB de España.

El otro factor al que apuntan los economistas es Cataluña, cuya economía se ha visto muy lastrada por el desafío independentista en los últimos años. «No podemos olvidar que Cataluña, que sumaba al PIB de forma positiva al crecer por encima del resto del país, se ha igualado en crecimiento a éste e incluso con signos de hacerlo de forma menor. No solo no suma, sino que puede estar comenzando a restar», aseguran.

La «desconfianza» de los empresarios y de los hogares está causando también estragos en la inversión y en el consumo, que «se debilitan». El Consejo General de Economistas indica además que desde junio se nota un cambio de signo en la evolución exacerbada de la vivienda, se desacelera la industria (segundo sector con mayor peso en el PIB) y el mercado de trabajo presenta signos de estancamiento. Por si todo esto fuera poco, el turismo «se resiente», aunque todavía «sin sufrir las consecuencias de lo que está por venir por el Brexit». Concluyen que «todo esto contribuye a pensar que estamos ante una desaceleración económica, que debe confirmarse en los próximos trimestres».

Incide el informe en las consecuencias de la falta de Gobierno, motivo por el que «se ve aparcado el grave problema de las pensiones», afectando al control del déficit y la deuda (que sigue disparándose), así como el «problema sobrevenido» en las comunidades autónomas al no cobrar los anticipos del presupuesto de 2019 y la liquidación del IVA de 2017. «Ello está poniendo en peligro no solo la atención de servicios básicos de las mismas, sino también el control del déficit».

El sector exterior ha intensificado su caída y el «miedo que inunda los mercados» puede llevar a los inversores hacia el modelo japonés de estímulos permanentes. El resumen para los economistas es que estamos ante una situación «preocupante», tanto «por la gravedad de las causas geopolíticas externas como por la parálisis política interna a la que asistimos».

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