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Más contratos pero de menor duración

El año 2018 cerró con récord de contrataciones: 22,3 millones, la cifra más alta de la historia y un 21% mayor que antes de la crisis, aunque 20 millones de ellos fueron temporales y por un número inferior de días firmados.

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Madrid.

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19 de abril de 2019. 00:19h

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Jesús Rivasés.  Madrid. 19/4/2019

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El año 2018 fue un año récord para la contratación en España, ya se apunte la marca el PP de Pablo Casado –por los años de Gobierno de Rajoy– o intente capitalizarlo Pedro Sánchez, por su política tras la llegada a la Moncloa. Los datos son contundentes. En 2018 se firmaron en España 22,29 millones de contratos laborales, la cifra más alta de la historia y un 21% más que en 2007, antes de la crisis, cuando gobernaba Zapatero, ejercicio en el que se suscribieron 18,6 millones de contratos. Luego, la cifra cayó hasta 13,7 millones para, desde entonces, con Rajoy en la Moncloa, encadenar subidas sucesivas hasta llegar a los guarismos actuales. Sin embargo, a pesar de que ahora se firman casi una cuarta parte más de contratos que en 2007, la afiliación a la Seguridad Social, a finales de 2018 –y la tendencia se ha mantenido en el tiempo–, es similar a la de hace 12 años y ronda los 19,4 millones. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Los expertos de Caixabank Research, que encabeza Enric Fernández como economista jefe, lo relacionan con la duración de los contratos y con el hecho de que «el uso de contratos de muy corta duración ha aumentado en casi todos los sectores». Ponen como ejemplo a la industria, sector en el que los contratos de menos de una semana apenas representaban un 7% del total en 2007, mientras que en 2018 representan nada menos que el 32%. Añaden que este fenómeno no «se ha visto reflejado en la EPA (Encuesta de Población Activa), lo que apunta a un sesgo de agregación temporal de estos contratos, que explicaría por qué la tasa de temporalidad, que ha pasado del 23,4% en 2012 al 26,8% en 2018, no ha capturado todo el aumento registrado de empleo de corta duración».

«Lo que la contratación esconde» es el título del breve pero muy sugerente estudio de los economistas de Caixabank Research, que utilizan sobre todo los datos de la EPA y del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal). Los datos recopilados son muy llamativos y tienen aspectos positivos y negativos. La botella medio llena dice que en 2018 se firmaron 1,4 millones de contratos indefinidos, a los que habría que añadir los 0,8 millones de temporales que pasaron a indefinidos, lo que da un total de 2,27 millones. La botella medio vacía la representan los contratos temporales. En 2018 se firmaron 20 millones en números redondos, nada menos que un 22% más que en 2007, aunque como apuntan los expertos de Caixabank, el número de días contratados es un 22% inferior, lo que explicaría en parte que la afiliación a la Seguridad Social no rompa las barreras de antes de la crisis. Todo se debe, además, a que cada vez son más frecuentes los contratos de muy corta duración, algo que no es exclusivo de la industria, aunque sí lo más llamativo por las características de ese sector.

Las cifras del SEPE no mienten. El 28% de los contratos que se firmaron en 2018 tuvieron una duración de una semana o menos, y casi un 40% –cerca de la mitad del total– fueron contratos con una duración inferior a un mes, 12 puntos más de lo que ocurría en 2007. La mayoría corresponden a contratos temporales para la realización de una obra o servicio concretos y a contratos de interinidad. «La consecuencia –apunta en informe– ha sido una reducción marcada de la duración de los contratos temporales», que han pasado de una media de 79 días en 2007 a una de 59 en 2018, con el consiguiente aumento de la rotación laboral.

Los expertos de Caixabank Research concluyen, sin embargo, que «el mayor uso de contratos de corta duración no está ligado a la crisis económica», algo que podría parecer llamativo, pero que también significaría un cambio radical del mercado laboral. La utilización de contratos de menos duración «ha aumentado –escriben– desde hace más de dos décadas y está sujeta a la fragmentación de la producción en áreas más acotadas», algo que además estaría facilitado por «factores estructurales como la reducción de los costes de transporte y el cambio tecnológico». El informe de Caixabank añade que la adaptación de las plantillas al momento puede ser positivo para la competitividad, pero «el trabajador corre el riesgo de quedar atrapado encadenando contratos de muy corta duración con entradas y salidas continuas entre empleo, paro e inactividad, con costes en términos de ingresos y cobertura social». Y además, que «incurrir excesivamente en estos contratos puede ser contraproducente, tanto para el trabajador como para la empresa a medio plazo». Nadie invertirá en formación y capital humano.

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