Opinión

Milei desactiva (por ahora) la hiperinflación

El líder de Argentina se hallaba entre la espada y la pared: si bajaba tipos, brutal depreciación cambiaria e inflación; si no bajaba tipos, brutal emisión monetaria e inflación. Así ha escapado de esta difícil situación

El candidato Javier Milei habla durante el Debate Presidencial 2023, en Santiago del Estero (Argentina).
Javier Milei, presidente de Argentina Tomás Cuesta /POOL EFE

Cuando Javier Milei alcanzó la presidencia de Argentina, el banco central del país abonaba un tipo de interés anualizado del 133% sobre sus pasivos financieros (las cuales constituyen una de las principales reservas de liquidez del sistema bancario), esto es, en términos mensuales el tipo de interés rondaba el 11%. Dado que los pasivos financieros del BCRA eran en diciembre alrededor de 25 billones de pesos y la base monetaria en torno a 10 billones, un tipo de interés mensuales del 11% sobre los pasivos financieros suponía pagar unos intereses mensuales de casi 3 billones de pesos… es decir, equivalentes a casi el 30% de la base monetaria. El riesgo de hiperinflación o, al menos, de una inflación galopante aún más acelerada de la vivida, era muy cierto. Porque, además, bajar los tipos de interés del banco central no era tarea sencilla: si, por ejemplo, se hubiesen reducido los tipos del 133% al 30% sin antes haber controlado las expectativas de inflación, los bancos habrían convertido masivamente sus pesos en dólares, lo que habría hundido el tipo de cambio del peso frente al dólar y disparado la inflación.

Por tanto, Milei se hallaba entre la espada y la pared: si bajaba tipos, brutal depreciación cambiaria e inflación; si no bajaba tipos, brutal emisión monetaria e inflación. ¿Y cómo ha escapado Milei de esa complicada situación? Pues empezando la casa por los cimientos y no por el tejado. En primer lugar, alcanzar el superávit presupuestario en su primer mes completo al frente del Ejecutivo: se trata de un superávit que, además, se ha mantenido durante todo el primer trimestre. En segundo lugar, y gracias a la credibilidad frente a los mercados alcanzada a través de ese superávit, tanto el valor de mercado de la deuda pública como el del peso comenzaron a aumentar (lo que equivale a una reducción del tipo de interés de los bonos y a una apreciación o estabilización cambiaria frente al dólar). Y en tercer lugar, una vez estabilizada, merced al ancla fiscal, la demanda de pesos y por tanto las expectativas de inflación, ya ha procedido a bajar los tipos de interés –desde el 133% anual al 50%– sin que el peso haya experimentado ninguna depreciación. La situación sigue siendo muy frágil e incierta pero al menos se están dando los pasos correctos para acabar con la inflación.