La reunión en la que el PSOE blanqueó a Bildu: «Ha sido cordial, respetuosa y sincera»

Reclamaron al PSOE hablar de autodeterminación, plurinacionalidad y acercamiento de presos

Nuevas conversaciones del PSOE con representantes de varios partidos para hacer efectiva la investidura de Sánchez
El portavoz adjunto de Bildu en el Congreso, Oskar Matute, la portavoz, Mertxe Aizpurua y el portavoz en el Senado, Gorka ElejabarrietaEduardo Parra Europa Press

La ronda de contactos entre el PSOE y los partidos minoritarios en el Congreso de cara a la investidura de Pedro Sánchez dejó ayer una imagen inédita en nuestra historia democrática: la reunión entre el partido que aspira a que su líder reciba la confianza de la Cámara Baja para convertirse en presidente y EH Bildu, la formación que da voz al entorno abertzale. La cita rompe con la tradición que habían mantenido todos los candidatos a la Presidencia del Gobierno y llega en un momento en el que el papel de Bildu es clave para el Ejecutivo socialista en Navarra y en el que, también por primera vez, esta formación se ha constituido como grupo propio en el Congreso.

A falta de una valoración de esta cita por parte del PSOE, Bildu informó de lo sucedido. A través de una nota, aseguró que «el encuentro se ha desarrollado en un clima cordial, constructivo, respetuoso y sincero» y constituye «un paso en la buena dirección, que no hace otra cosa que restablecer la lógica democrática y el sentido común». Por parte del PSOE acudieron Adriana Lastra y Rafael Simancas, que no ocultaron su semblante serio al comienzo de la cita, mientras los fotógrafos y los cámaras de televisión inmortalizaban el momento. Por parte de Bildu estuvieron presentes la portavoz, Mertxe Aizpurúa; el portavoz adjunto, Oskar Matute, y el portavoz en el Senado, Gorka Elejabarrieta. Aprovecharon el encuentro para detallar al PSOE los tres ejes esenciales de lo que denominan la «agenda social vasca». En primer lugar, Bildu planteó al equipo socialista la necesidad de iniciar la «reversión de los recortes sociales y los ataques a las libertades democráticas», ya que, a su juicio, «es hora de poner en marcha medidas que reviertan los gravísimos recortes que está padeciendo el conjunto de los pueblos y trabajadores del Estado».

En segundo término, reclamaron «una revisión de la política penitenciaria que devuelva ésta al estricto cauce de la legalidad y la aleje definitivamente del carácter excepcional con la que es aplicada en la actualidad». Finalmente, respecto al debate en torno a la «plurinacionalidad» del Estado y la crisis territorial, los diputados abertzales calificaron de «imprescindible» el inicio de un debate en torno «al actual modelo territorial construido durante la llamada transición democrática española». Según el diagnóstico de esta formación, «la solución a esta grave crisis territorial pasa por el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado y del respeto al derecho a decidir libre y democráticamente su futuro que corresponde a los pueblos y naciones del Estado».

Esta cita en el Congreso llega después de varios meses en los que el PSOE y el partido abertzale han normalizado sus relaciones. Un proceso de blanqueo que sus defensores cimentan en el momento fundacional del partido: Bildu nació en 2011. Este argumento, utilizado como una suerte de escudo protector, ha sido enarbolado en este tiempo de forma insistente para desvincular a esta marca de su pasado. El razonamiento es sencillo: si Bildu se fundó dos años después de que ETA perpetrase su último asesinato y coincidiendo con el anuncio del cese definitivo de la violencia, no puede establecerse hilo de conexión alguno con ese pasado. Poco importa que Bildu haya demostrado ser la última de las 14 formaciones que se han ido sucediendo desde la irrupción de Herri Batasuna en 1978. También poco parece importar que muchos de sus dirigentes sean destacados e históricos miembros de la izquierda abertzale vinculada a ETA. Ahí está Arnaldo Otegi, condenado a diez años por tratar de reconstruir la ilegalizada Batasuna «siguiendo las instrucciones» de la banda terrorista. Tras el 26-M, el pacto para convertir a María Chivite en presidenta de Navarra devolvió a Bildu al centro del tablero político. En Madrid, su peso también se ha multiplicado. Su voto fue clave para que Sánchez pudiese sacar adelante los «decretazos» sociales previos al 28-A. En aquellas elecciones, este grupo duplicó su representación hasta los cuatro escaños y mostró su disposición a avalar la investidura de Sánchez. Y ahora, cuando los votos de Bildu ya no son determinantes, se ha concretado la reunión con el PSOE, que homologa a esta formación con el resto de partidos.