Las siete horas en que Moncloa estuvo en estado de alarma

Lucha por el poder La fractura entre PSOE y Podemos se agudiza al exigir Iglesias más presencia en los órganos de decisión de la crisis

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«Para hacer frente a esta situación, grave y excepcional, es indispensable proceder a la declaración del Estado de Alarma». Un país sumido en la incertidumbre miraba ayer hacia la Moncloa esperando a que se decretara el Estado de Alarma como respuesta al avance del coronavirus. Mientras, los miembros del Gobierno de coalición volvían a exhibir sus diferencias y a librar una guerra interna por el alcance de las medidas a tomar y por el peso específi co de cada uno de los partidos que lo componen en la nueva etapa que se abre en el futuro. El Consejo de Ministros necesitó ayer siete horas para perfi lar el decreto que impondrá un clima de excepcionalidad en España tras el aumento exponencial de infectados por el COVID-19. Pero este Estado de alarma comenzó por la misma Moncloa, antes de exportarse al resto del país.

El Gobierno distribuyó a media mañana un borrador, a modo de globo sonda y para ejercer presión, en el que se enunciaban las principales medidas que se iban a implantar en las próximas horas y que dejaban el control de la nueva situación en manos de cuatro ministerios: Sanidad, Interior, Defensa y Movilidad y Transportes. Todo bajo el «mando único» de Sánchez. A la reunión acudía el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, saltándose la cuarentena a la que le obligaba el hecho de que Irene Montero, con quien convive, hubiera dado positivo en el test del coronavirus. Desde su entorno se aseguraba que «no se había garantizado la asistencia telemática» para poder participar desde su domicilio y que la trascendencia del encuentro le obligaba a asistir. La presencia del líder de Podemos no era baladí, en el seno del Ejecutivo existía un «profundo debate interno» en torno a la ambición de las medidas a adoptar y los colectivos a priorizar –Podemos quería un mayor intervencionismo– y cierto malestar de los morados por quedar fuera de las carteras con poder de decisión durante los meses que dure la crisis. La búsqueda de una solución a estas cuestiones llevó a extender el cónclave mucho más allá de las previsiones iniciales, con un receso para clarificar ideas y la rueda de prensa de Pedro Sánchez tuvo que posponerse, por dos veces, desde las 14:00 horas iniciales hasta las 21:00 a las que acabó compareciendo.

El principal escollo se ubicaba en el ámbito económico y laboral. Se dio, según fuentes bien informadas, un fuerte debate interno sobre las compensaciones financieras a los afectados por el coronavirus. En el borrador inicial del decreto no figuraba ninguna ayuda más allá de los aplazamientos y líneas de crédito ya anunciados. Y esto se debe al desacuerdo existente, en este sentido, en el seno del Gobierno que dura ya varios días y continuará en el futuro, ya que el Consejo de Ministros se cerró sin acuerdo en este asunto y se aplaza la decisión sobre estas medidas para su próxima reunión del próximo martes. En concreto, en lo referido al apoyo a autónomos, al ajuste temporal para evitar despidos o apoyo a la actividad económica para garantizar liquidez, entre otras. Las posiciones estaban bien definidas. De un lado, liderado por la ministra de Economía, Nadia Calviño, y por el otro, Pablo Iglesias. Desde el sector socialista se defiende un estilo más conservador para no aumentar el gasto de manera desproporcionada y desde el sector morado se aboga por parar la producción y dotar de ayudas a todos los trabajadores que se queden sin empleo.

La falta de ambición en las medidas del citado borrador inicial y el hecho de que el control de la crisis quedara en manos de cuatro ministerios (Sanidad, Defensa, Interior y Transportes), ninguno de ellos de corte morado, forzaron un nuevo choque dentro de la coalición después de varios intentos de mejorar el clima. Un clima que, no obstante, lleva enrarecido desde hace días, en los que se ha intentado retrasar por parte de algunos sectores más ortodoxos del Ejecutivo la adopción de medidas más drásticas. Por su parte, el presidente del Gobierno, en su intervención pública aseguró que la dilación obedeció a que se trata de un decreto «complejo» que debía tener una «claridad meridiana» para la opinión pública. Un debate «sosegado» y «enriquecedor».