Múgica, testigo de un PSOE que pasó a la historia

Fue Defensor del Pueblo durante 10 años y siempre se recordará su célebre “que se pudran en la cárcel” a los presos de ETA después de que la banda terrorista asesinara a su hermano Fernando en 1996

Enrique MúgicaZarzuela (custom credit)

DE ascendencia judía, Enrique Múgica nació en San Sebastián en 1932 y, tras 10 años de militancia en el PCE, se paso al PSOE durante su última estancia en la cárcel por activiades antifranquistas en los 70. Fue una figura clave en el ascenso al poder de Felipe González en el Congreso de Suresnes en 1974.

Fue diputado por Guipízcoa por el PSOE desde 1977 hasta el año 2000. Durante su etapa de ministro de Justicia entre julio de 1988 y marzo de 1991 se aprobaron normas fundamentales como la de Demarcación y Planta Judicial, la de Sociedades Anónimas y las reformas procesales y penales que dieron lugar a la creación de los juzgados de lo penal. Pocas cosas hablan a las claras de su talante como el hecho de que fuera un decidido defensor de las penas de prisión a los insumisos acusándolos de «utilizar la objeción de conciencia para desestabilizar el Estado democrático y estar apoyados por los radicales y violentos» y les advirtió de que «todo el peso de la ley» caería sobre ellos.

Una de las polémicas que rodeo su trayectoria fue su papel en los días previos al 23-F como presidente de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. Jordi Pujol le acusó durante años de haberse acercado a él para consultarle como se vería desde Barcelona la sustitución de Suárez por un militar con actitud democrática. Múgica siempre desmintió esta acusación y recibió el apoyo en este sentido de Alfonso Guerra. Ambos argumentaron que la razón de la animadversión de Pujol fue el hecho de que Múgica recurriera ante el Tribunal Constitucional. Fue decisiva su aportación al restablecimiento de relaciones democráticas con Israel en 1986.

Desde el asesinato de su hermano Fernando en 1996 su actitud de crítica hacia el nacionalismo vasco se acentuó llegando a mostrarse contrario a cualquier tipo de contacto o negociación con la banda terrorista durante la época de Zapatero. Siempre se recordará su célebre “que se pudran en la cárcel” a los presos de ETA. José María Aznar le nombro Defensor del pueblo en 2000 cargo que ocupó hasta 2010.