Podemos lucha por sobrevivir: «Belarra no ha despegado»

El partido morado trata de no quedar reducido a una sopa de siglas porque “la sucesora no ha heredado la fuerza mediática de Iglesias”

Pablo Iglesias abraza a Ione Belarra durante el traspaso de la cartera de Derechos Sociales en marzo
Pablo Iglesias abraza a Ione Belarra durante el traspaso de la cartera de Derechos Sociales en marzoMariscalEFE

«No contribuyo a sumar. Dejo todos mis cargos, dejo la política de partido. Seguiré comprometido con mi país. Hasta siempre». Pablo Iglesias, 4 de mayo de 2021. Así abandonaba la política quien previamente había renunciado a una vicepresidencia del Gobierno dos meses antes para tratar de salvar a su partido de la desaparición en Madrid. A pesar de subir tres escaños y salvar su representación en la Asamblea, el resultado, junto batacazo de los socialistas no fue suficiente para arrebatar la Puerta del Sol a Isabel Díaz Ayuso.

Se cumplen tres meses de esa salida que algunos fundadores del partido inciden en que «se estudiará en los libros de historia política». Lo dicen, en conversación con este diario, con la esperanza de que, en el corto-medio plazo, el partido que ayudaron a despegar no quede desdibujado en una sopa de siglas al comprobar que «la fuerza mediática de Iglesias no ha sido heredada por su sucesora», de momento.

Una opinión que se repite en el cuartel general morado, donde ya hacen las primeras cuentas de balance en este tiempo y en la cuenta de ganancias, admiten, no sale –aún– el rédito esperado. La salida de Iglesias fue acogida por la dirección como una oportunidad para alejarse del camino hiperpersonalista que se había creado entorno a Iglesias. Reconocían la necesidad de alejarse de la concepción de un partido masculinizado y que había resultado quemado por las múltiples luchas de poder entre las diferentes sensibilidades del partido. «Un cambio de ciclo», decían.

Pérdida de músculo electoral

Fuentes de la formación repasan los impactos mediáticos que consigue la nueva líder, Ione Belarra. De momento, a pesar de su cargo como ministra de Derechos Sociales, no logra la deseada influencia mediática ni política. Varios cargos orgánicos que hoy no están entre el núcleo creen que «Belarra no ha despegado», en referencia a su falta de proyección en los medios y la sociedad. Sí confían en que consiga dar la vuelta al marcador en un corto espacio de tiempo, pero la sensación que se testa en el partido es de cierto desasosiego. Algo que también ven que se refleja en las encuestas. Si bien tras la salida de Iglesias los primeros sondeos públicos–los del CIS– recogían una remontada con un 12% de los votos, ahora cae al 10,6%, 2,2 puntos menos de los obtenidos en las elecciones del 10-N. Los sondeos privados también muestran este descenso. El último sondeo de NC REPORT para LA RAZÓN le otorgaba una fuerte bajada: de sus 35 escaños perdería entre 13 y 15. Algo que confirma la pérdida de músculo electoral tras la salida de Iglesias.

Es por ello que la confianza se cierne sobre la figura de la líder de Unidas Podemos en el Gobierno, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, a quien Iglesias designó como candidata para las próximas generales. De momento, cinco meses después, la también ministra de Trabajo no ha desvelado la incógnita. Algo que causa el nerviosismo del espacio de Unidas Podemos, a expensas de decidir su estrategia en el caso de que reciban el «no» de la gallega. Cuando es preguntada por esta cuestión, resuelve que ahora está centrada en el Gobierno y que sí cambia de opinión se lo comunicará al espacio de Unidas Podemos.

Así, el partido está decidido a seguir una hoja de ruta que les permita seguir mostrándose como fuerza decisiva ante la sociedad. Los objetivos son dos: marcar un perfil fuerte dentro del Gobierno y reforzar su presencia en los territorios. La negociación en ciernes de los Presupuestos de 2021 será decisiva en este sentido. El principal escollo entre socialistas y morados en Moncloa será la fiscalidad, impuestos a las grandes empresas y la regulación del alquiler que depende de la negociación de la Ley de Vivienda, que aún encalla. Es la batalla que libra precisamente Belarra con el Ministerio de Transportes. Sí logra su cometido, el partido lo aprovechará para que su proyección despegue.

“Enraizado” en el territorio

La otra pata, la de blindar el partido a nivel orgánico, es uno de los trabajos que más ocupa y preocupa a Podemos. El intento por recuperar el músculo en las comunidades ya se intensificó en la última etapa con Iglesias, después de años de desencuentros y salidas de las direcciones contrarias al mando estatal. El reto es conseguir una dirección fuerte en Andalucía, ante un posible adelanto electoral y tras la confirmación de que Teresa Rodríguez haya dado el paso para dar la alternativa a Podemos en el sur. Por otro lado, el deseo de Belarra es conseguir un partido «enraizado» en el territorio que supere las lógicas tradicionales de que los partidos se construyen entorno a Madrid.

Así, la nueva secretaria de Organización, Lilith Vestrynge, es la encargada de diseñar una gira de la líder morada en los territorios para reforzar los mecanismos de coordinación dentro de la organización, ampliar el espacio político y activar los círculos militantes, hasta ahora desaparecidos. Ya ha visitado Sevilla, Pamplona, Albacete o Vitoria, entre otras localidades, donde ha convocado mesas de confluencia territorial para acercar la dirección nacional a los territorios.

Mientras, en este tiempo, el silencio de Iglesias ha sido sepulcral, como era su deseo, para no interceder en el nuevo rumbo del partido. Eso sí, las conversaciones tanto con la vicepresidenta Yolanda Díaz como con la dirección del partido, son una constante.

Podemos quiere «abrirse»

El nuevo Podemos está enfocado en avanzar con su plan de consolidación territorial y de ampliación del espacio de las confluencias en las comunidades autónomas para retomar el liderazgo perdido en los últimos años, a pesar de las reticencias iniciales a explorar pactos. En este sentido, ya ha desplegado varias acciones específicas en varias provincias. El objetivo pasa por ensanchar el espacio de Unidas Podemos, estrechando las relaciones con los partidos que componen la confluencia y abriéndose más a la sociedad civil, con vistas al próximo ciclo electoral.