Casado en tierra ahora ignota

La propuesta de Pablo Casado de crear una alianza para la libertad de los países democráticos hispano lusos es interesante como toque de atención ante la marea populista, demagógica y escasamente democrática que inunda aquel continente

Inocencio Arias

No creo que el líder del Partido Popular haya ido a Iberoamérica a buscar votos para las próximas aunque no inminentes elecciones. De un lado las colectividades españolas de Argentina, Uruguay... se mueven generalmente en aguas cercanas a nuestra derecha. De otro, su voto no tiene mayor incidencia porque ha crecido el pasotismo de nuestros compatriotas en el extranjero a la hora de participar en nuestros comicios.

Hace días hablando con dos conocidos escritores iberoamericanos afincados en España coincidíamos en que el interés de nuestra opinión pública, ensayistas y políticos por las cosas hispanas del otro lado del Atlántico había decaído considerablemente. Es cierto, los españoles en estas fechas no están muy atraídos por los temas internacionales incluidos los iberoamericanos que, en otras épocas, obtenían muchos más titulares e inquietudes. Imagino que Casado habrá querido hacer allí unos bolos no sólo para darse a conocer sino para que en aquellos lares conozcan a otros políticos celtíberos diferentes del adanista maquillador de dictaduras, es decir José Luis Rodríguez Zapatero al que un día oiremos decir que la culpa de los modales y las canalladas de Stalin la tenía Estados Unidos que instigaba la Guerra Fría contra los pacíficos soviéticos que sólo querían liberar al mundo de regímenes capitalistas.

Pablo Casado tendrá que hacer equilibrios sobre la actual conducta oficial de España. Sus interlocutores encontrarán paradójico que de nuestros manuales de bachillerato hayan desaparecido los tres siglos largos de nuestra historia común. Flaco servicio a los hispanistas de aquellos lares y a nuestra diplomacia. Por otra parte, hallará más dificultad en explicar cómo en un país hispano, un estado de derecho, un crío de pocos años no puede cursar parte de sus estudios en su lengua materna que además es la oficial según la Constitución. Esto hasta el propio Fidel Castro, hijo de español, pensaría que es una memez inadmisible y que el gobierno español se comporta como un «huevón». Imaginen que esto ocurriese en una provincia de Cuba candidata a insurrecta. La chulería duraría media hora y ni siquiera Zapatero sacando a relucir la empatía, el diálogo y la alianza de civilizaciones con el «demócrata» Recep Tayyip Erdogan podría frenar la cólera castrista y el envío de la fuerza necesaria para acabar con veleidades ilegales.

La propuesta de Pablo Casado de crear una Alianza para la Libertad de los países democráticos hispano lusos es interesante como toque de atención ante la marea populista, demagógica y escasamente democrática que inunda aquel continente pero no parece que hoy tenga mucho recorrido. Más polémico es su anuncio de que está dispuesto a formar una coalición con el PSOE llegado el momento. Es un gesto de estadista pero las corrientes del Partido Popular se han agitado, especialmente aquellas que tienen tentaciones de votar a Vox. Lo maldicen.

Con todo, no deben inquietarse, la posibilidad de una gran coalición en España es una quimera, el sanchismo que ha raptado al antiguo PSOE siempre se sentirá más cómodo con separatistas, descendientes de etarras y podemitas que con un partido importante constitucionalista.