Un «pim, pam, pum» ideal

Podemos no ha salido fortalecido de la cohabitación. Sánchez demuestra capacidad para hacer suyo lo ajeno

Cristina L. Schlichting

Podemos no ha salido fortalecido de la cohabitación con Pedro Sánchez. En este tiempo, Pablo Iglesias ha pasado a la historia política y los morados están tan débiles que la vicepresidenta Yolanda Díaz se busca una nueva y amplia coalición para relanzar su carrera y UP afronta sin esperanzas las elecciones de Castilla y León. De las confluencias, apenas quedan las migajas...

Al comienzo de la legislatura, tras el acuerdo con el PSOE, los observadores auguraban el triunfo de Pablo Iglesias. Se decía que la estrechez económica sería el descrédito del Gobierno y que los morados seguirían prometiendo el paraíso sin correr riesgos y creciendo en las encuestas. Luego llegó la pandemia e igualmente se pensó que barrería a Pedro Sánchez. Lo único cierto ahora es que los morados no llevan bien las últimas encuestas y el PSOE, aunque ha bajado en intención de voto, sigue siendo el único partido que la mayoría imagina en el poder.

La cosa es llamativa, porque los de Ione Belarra han conseguido incorporar un número sorprendente de sus propuestas y llevar a cabo buena parte del acuerdo con el PSOE. Una y otra vez sus ministros han batido a los socialistas. Baste recordar la bajada del IVA de la luz, los acuerdos para bajar los precios de las viviendas, el incremento del salario mínimo interprofesional o la reciente reforma laboral. Con apaños, sí, con recortes y concesiones, pero todas, exigencias de Podemos. En cambio, la salida de José Luis Ábalos del Gobierno sigue doliendo entre los socialistas históricos y qué decir de Carmen Calvo. Fue la principal valedora de la batalla del feminismo clásico contra la Ley LGTBI y Trans, y también su víctima política. Perdió contra Irene Montero en su reclamación de que la condición de mujer siguiese siendo biológica. La nueva disposición trans permite en España la autodeterminación del sexo a partir de los 14 años (doce, si los padres lo autorizan), sin hormonación ni informes médicos. Hay que reconocer que, antropológicamente, los cambios más profundos de esta legislatura se deben a Podemos. Pedro Sánchez ha demostrado una inmensa capacidad para hacer suyo lo ajeno y convertir en propaganda esta carrera.

En la calle, es curioso, lo que se percibe es el ministro Garzón y la Irene Montero del chalet de Galapagar. Las torpes intervenciones del podemita ministro de Consumo cosechan apenas ironías y chistes por parte de Sánchez. No es que no le cuesten el puesto, es que el presidente parece deleitarse en el desdoro que experimenta Podemos gracias a su bobo representante. Es una astuta actitud. Mientras detesten a Garzón, ni agricultores ni ganaderos ni industriales se centrarán en Pedro Sánchez. Cuando Garzón no ataca la carne, la emprende con los juguetes, las bebidas azucaradas, el jamón y hasta el aceite de oliva. El caso es hundir la empresa nacional. El ministerio de Consumo quiso armonizar el etiquetado de productos con un sistema llamado Nutriscore y calificó el aceite de oliva con un nivel malo y el jamón ibérico con otro pésimo. Sus declaraciones al diario británico The Guardian todavía escuecen: «Encuentran un pueblo en una parte despoblada de España y ponen cuatro, cinco o diez mil animales. Contaminan el suelo, el agua y luego exportan esa carne de mala calidad de esos animales maltratados». Del sector turístico nacional dijo que es «estacional, precario y de bajo valor añadido». Definitivamente, un Ejecutivo tan débil electoralmente como el de Sánchez, tras una legislatura tan difícil, ha encontrado en el socio un «pim, pam, pum» ideal.