La coalición PP-Vox en Castilla y León, en manos de Abascal

El PP se somete al principio de que su electorado en esa región prefiere esta opción. La fecha depende de Vox

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ayer en Pontevedra
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ayer en Pontevedra FOTO: Salvador Sas EFE

Habrá pacto de gobierno entre PP y Vox en Castilla y León. Si depende del PP, se cerrará cuanto antes, en menos de un mes, pero el bloqueo dependerá de cuánto quiera forzar Vox la negociación para hacer valer sus escaños. El destino del acuerdo está en manos de Santiago Abascal porque en el principal partido de la oposición hay hoy bastante consenso sobre que ésta es ya la única solución posible en esta comunidad autónoma tras la primera ronda de tanteo a todos los partidos, y después de haber ganado las últimas elecciones de febrero pero sin la mayoría que en un primer momento les anunciaron las encuestas.

Alfonso Fernández Mañueco empieza, de hecho, la segunda ronda de negociación para formar el Gobierno de Castilla y León sólo ya con los partidos que no se han excluido de las conversaciones: Soria Ya, UPL y Vox. El PP, en esta etapa de transición al liderazgo de Alberto Núñez Feijóo, está en la posición de atender a su realidad electoral en esta comunidad autónoma, donde sus votantes, por su perfil, prefieren el entendimiento entre estos dos partidos antes que cualquier otra opción. En ese sentido, en este momento el partido en esta comunidad autónoma está abierto a acelerar la negociación y a escuchar los planteamientos de Vox. El debate programático se coloca por encima de la exigencia de que el pacto se sostenga en una coalición de gobierno, que dé entrada a Vox en el futuro Ejecutivo autonómico.

Si Vox renuncia a una posición de máximos, es decir, a imponer la derogación del programa de igualdad promovido por los Gobiernos del PP a nivel nacional y también en clave autonómica, por ejemplo, el pacto puede estar hecho en cuestión de semanas, de acuerdo con la versión que dan desde el lado popular. La guerra en Ucrania y las devastadoras consecuencias económicas que trae, más inflación y más empobrecimiento, es una de las principales justificaciones que ofrecen en el PP para defender que por responsabilidad urge un acuerdo y formar un nuevo gobierno lo antes posible. También es bueno en clave interna porque al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y futuro presidente nacional del PP, le viene bien que esta espinosa cuestión se resuelva lo antes posible, como un problema más heredado de la etapa de Pablo Casado que quede zanjado antes de que asuma formalmente la jefatura del partido y de la oposición.

En la mesa de negociación, las dos partes, también la popular, se sientan con una posición de máximos, pero entre los dirigentes del PP con «peso» interno hay coincidencia en el planteamiento de que la entrada de Vox en el futuro gobierno no es cómoda, ni deseable, pero es un mal menor porque la repetición electoral sería fuertemente castigada en las urnas.

A diferencia de la postura que fijó el equipo de Pablo Casado, que llegó a defender el veto al pacto con Vox aun a riesgo de perder un gobierno autonómico, ahora, sin embargo, quienes se perfilan en el nuevo equipo que dirigirá los hilos del partido confirman que «la inteligencia política exige escuchar a tus votantes, y actuar sin apriorismos y teniendo en cuenta que los límites de todos los pactos están en las cuestiones programáticas y no los puede colocar la izquierda que gobierna con independentistas y proetarras».

«Está constatado en los análisis desmocópicos que el votante del PP en Castilla y León es sociológicamente diferente al votante en Andalucía, y las decisiones del partido deben adoptarse pensando en el interés general, pero sin injerencias en el marco de autonomía del partido regional, que es quien mejor conoce a su electorado». La coalición del PP con Vox en Andalucía, sin embargo, se considera una línea roja infranqueable por el mismo motivo. En esta comunidad autónoma las siglas populares tienen más margen para ganar apoyos por el centro izquierda que por la derecha que representa Abascal. Y la apuesta de Feijóo y Juan Manuel Moreno, presidente de la Junta, será buscar una mayoría suficiente, y que pueda, además, sostenerse en Ciudadanos (Cs). A diferencia de en Madrid, a Cs le sirve con conseguir el 3 por ciento de voto en cada una de las provincias para conseguir representación y esto da esperanzas al PP para que pueda aguantar al menos para cubrir los escaños que les falten para la mayoría absoluta sin Vox.

En la misma noche electoral Vox pidió la Vicepresidencia de la Junta de Castilla y León y varias consejerías, tomando como referencia el modelo de la coalición con Ciudadanos, y la discusión sobre el reparto de cargos es una de las cuestiones que el PP asume que estará encima de la mesa porque el partido de Abascal ha llegado a la conclusión de sus votantes no entenderían que el crecimiento no fuera acompañado de este movimiento. Vox sostiene que esta decisión tiene también como objetivo utilizar los gobiernos autonómicos como trampolín para su asalto en las generales a La Moncloa.